
Brindo por uno de los grades genios de la música universal el sordo, antisocial y borracho Ludwig van Beethoven. En un mundo egoísta, indiferente y excluyente, su magistral Sinfonía n.º 9 en re menor sigue convocando a la armonía y la conciliación de los humanos 200 años después.
El misántropo y paranoico Beethoven, que desconfiaba de todos, vivió solo y alejado de la gente durante los 56 años de su vida refugiándose en el vino, la búsqueda obsesiva de mujeres y la incontenible pasión por la música; sin saber que traería felicidad a millones de personas en todo el mundo.
La sordera, los padecimientos gastrointestinales y los trastornos emocionales, que torturaron al gran maestro, lo empujaron a crear sus grandes obras musicales. El análisis de sus partituras inmortales, entre las que se encuentran sus grandes sinfonías, lleva a esa conclusión.
Inmensamente bella y profundamente triste, la majestuosidad de la Novena sinfonía ha cautivado y ha sacudido lo más profundo del alma humana, como lo advertía cien años atrás el compositor francés Hector Berlioz. La Novena es una sinfonía revolucionaria que se ha convertido en “el mayor logro de la música clásica occidental”.
Ludwig van Beethoven compuso esta sinfonía coral entre 1822 y 1824 y la estrenó en Viena hace 200 años, el 7 de mayo de 1824. El compositor dirigió su obra de espaldas al público con movimientos frenéticos, retrasando varios compases. El concierto fue interrumpido varias veces por los aplausos de los 2000 asistentes que presenciaban el estreno. Pero Beethoven no pudo escucharlos, estaba completamente sordo.
La inolvidable melodía que compuso el maestro a la “Oda a la alegría”, del escritor alemán Friederich Schiller, que la incorporó en el cuarto movimiento de la sinfonía, marcó el impacto de la obra en la música clásica y su enorme difusión en el espacio y el tiempo.
El compositor enfrentaba una de las situaciones más difíciles de su vida cuando compuso la Novena sinfonía, pero admiraba a Schiller, se identificaba con los ideales de hermandad expresados por el poeta y soñaba que la sociedad humana encuentre la paz. Eso le impulsó a componer esta partitura que se ha convertido en el himno de la fraternidad universal.
Las limitaciones auditivas tuvieron impacto insospechado en su música. Su aislamiento del mundo exterior y su lucha contra la sordera le permitieron crear matices que sólo él podía escuchar y a expresar sus emociones de manera más intensa y sensible.
Enérgica, jubilosa, apasionada y esperanzadora la Novena es una sinfonía a temporal. El Beethoven que estuvo al borde del suicidio, denuncia las limitaciones, contradicciones y dolores de la especie humana y en la parte final de la obra entona un canto de esperanza y fe en un hombre nuevo, unido y solidario.











