Morales, cadáver insepulto

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Cuando murió en Libia el coronel Muamar Gadafi, a manos de los rebeldes, los insurrectos danzaban alrededor de su cadáver mientas los pobladores  disparaban al aire  celebrando el fin del dictador. En la ciudad de Guayaquil se replica la danza con otras dimensiones: tras la muerte del prefecto del Guayas sujetos inescrupulosos bailan sobre su cadáver tratando de utilizarlo con fines inconfesables.

Arrinconado por las investigaciones de la Fiscalía para determinar su participación en el presunto delito de tráfico de influencias y peculado en la compra de insumos médicos y por el proceso de destitución iniciado por el Consejo provincial del Guayas el  prefecto Carlos Luis Morales murió de un infarto el lunes 22 de junio.  La Fiscalía había dispuesto la detención de Morales en base a los indicios “respecto de la materialidad y de la participación de los investigados” encabezados por él.

La muerte de Morales permitirá que sea declarado inocente dentro del proceso al extinguirse la acción penal. El Prefecto, ya no será parte procesal, pero la causa continuará  hasta establecer responsabilidades en contra de dos de su hijos, Sandra Arcos viuda de Morales,  que hoy están prófugos, y de otros procesados  que son investigados por la Fiscalía en la adjudicación de contratos de la Prefectura durante la emergencia sanitaria.

Jurídicamente el prefecto será declarado inocente puesto que ningún grado de responsabilidad penal se ha podido establecer hasta el día de su muerte.  ¿Conseguirán borrar las manchas que ensucian a un hombre que se ha ido de pronto sin aclarar las sospechas e irregularidades que pesaban sobre él?

¿Quién mató a Morales, los periodistas, la Fiscalía, o los dos? Activistas del correísmo se han atrevido a insinuar que los medios de comunicación tienen  responsabilidad en la muerte del prefecto, mientras el abogado del fallecido, Carlos Sánchez, y algunos familiares han asumido actitudes parecidas al manifestar que el grillete que llevaba Morales (por pedido de la Fiscalía)  no permitió aplicarle el electroshock que habría podido salvarle la vida.  Las insinuaciones de los correístas no son simples liviandades, esconden propósitos malévolos que pretenden utilizar con cinismo el cadáver del prefecto para continuar desprestigiando a la Fiscalía y la prensa. No es todo, ciertos políticos de derecha replican esas actitudes.

¿Para evitar que los cínicos le disparen nuevos ataques la prensa debió guardar las evidencias de irregularidades encontradas en la Prefectura del Guayas dentro de un silencio cómplice?  ¿Y la Fiscalía debió abstenerse de acusar a Morales y a los otros involucrados?

Hace un año el ex presidente del Perú, Alan García Pérez, prefirió pegarse un tiro en la cabeza a ser detenido por la justicia que lo investigaba por sus vínculos con el caso de corrupción de la constructora brasileña Odebrecht. El político carismático que por su brillante oratoria fue electo  diputado a los 31 años, a los 36 se convirtió en el presidente más joven de la historia de Perú y volvió al solio presidencial 16 años después, se horrorizó al pensar que terminaría pagando sus corruptelas en la cárcel y prefirió quitarse la vida con su propia mano.

Carlos Luis Morales, el futbolista estrella que hacía delirar al público cuando atajaba penales en uno de los equipos más grandes del país y en la selección del Ecuador, el comunicador exitoso que saltó después a la política y se convirtió en la primera autoridad de la provincia del Guayas también se dejó atrapar por la marea negra que desboca las ambiciones y termina hundiendo a los individuos  en aguas fangosas. Y sucumbió. Su corazón no resistió el impacto de la vindicta pública que le apuntaba y el miedo de la prisión.

Morales está muerto y enterrado. Pero los muertos no mueren con su desaparición física. Sus acciones buenas y malas quedan flotando en los espacios donde desarrollaron su vida. Eso no lo borra ley alguna. La justicia inmanente no permite que los actos inmorales se escondan y se entierren.

No hay crimen sin castigo.  Los culpables terminan arrancándose la vida,  haciendo estallar la existencia, o cargando virus que les corroen la conciencia. La repentina muerte del prefecto Carlos Luis Morales no es una tragedia. Es un aviso para los inmorales  que continúan asaltando  los bienes públicos, se burlan de la justicia y buscan el escondite de la impunidad.

¿Qué prefieren, señores corruptos, pagar sus culpas en una cárcel física o permanecer atrapados por el resto de su vida en la prisión miserable de su conciencia?

 

 

 

 

Ser niño…otra vez

Encerrados, casi aturdidos. Son los días de la pandemia. Con rutinas que secan el alma: comer, leer, barrer, vivir sin morir.                                                               

Busco el último capítulo de este cuento surrealista.Y de repente, Oguh aparece con su cola de fiesta. Me mira, ladra. Corre por el jardín. Está loco. Pero siempre está loco cuando se siente feliz. Hoy sonríe anunciándome la llegada de junio. Y la rutina se esfuma.  DÍa del niño. No puede ser. En esta casa no brincan niños desde hace tanto tiempo. Pero mi  perro es  un niño. Y me invita a serlo de nuevo, también.                                                                                                

Día del niño para celebrar la ternura, la fraternidad, el amor. Celebrar el día del niño. ¡Cómo? En quince semanas de encierro muchos pequeños han perdido padres, hermanos, amigos, juegos, comida, sonrisas. La tristeza me asalta. Y Oguh lo de siempre: se tira a mis pies, se recuesta sobre mis zapatos. Me lame con ese lamido tibio que me recuerda a otro perro, tan niño como él. Cuando perros y niños éramos casi lo mismo                                             

Ser niño. Saludar a la primavera con risas de pájaros. Ordeñar los sueños para preparar el desayuno. Soltar al vuelo caballitos de cartón. Mojarse de sol y calentarse de lluvia. Beber el agua en cuencos de nardo. Dejar que las estrellas se acuesten en tu almohada. Corretearle a la luna con los amigos del barrio.  Ser niño. Buscar a dios en arroyos  de hierba y perderse en el agua.

Después del suicidio de los años el niño se ha extraviado y dios está muerto. Pero este 1 de junio el infante resurge, vuelve.

Ven Oguh, cándido niño. ¡Viva junio. Y el día del niño también!

Quito reflota entre el virus, el hambre y la corrupción

Cercado por las llamas de la pandemia, la angustia económica,  la corrupción  y el acoso de los agentes del caos Jorge Yunda  ha transitado entre el insomnio y las pesadillas.  Tras duro forcejeo el alcalde ha conseguido que Quito cambie el color del semáforo del rojo al amarillo, desde el 3 de junio, con ciertas diferencias respectos de otros cantones del país.

La ciudad más poblada del Ecuador se asfixia arrinconada por tres males. Las autoridades deben impedir que la peste siga circulando sin control y convierta a Quito en otra Nueva York  o en la nueva Sao Paulo, que ostentan  los contagios más altos del continente. Pero deben comprender a los  hambrientos que desafían a la peste porque prefieren arriesgar a morirse de hambre; a los desempleados que buscan en la calle medios para subsistir; a los pequeños comerciantes y funcionarios que acaban de perder sus fuentes de trabajo y se desesperan; a los que han vaciado sus alcancías y rumian la angustia. Y no deben seguir inermes ante el otro virus que circunda a los quiteños: la corrupción y su insoportable estampa de fluido contaminado.   

Yunda ha enfrentado un fuego cruzado: médicos y agrupaciones del sector salud que pedían continuar en semáforo rojo porque la ciudad no está del todo preparada para enfrentar la emergencia sanitaria (“Privilegie la vida de los quiteños, ya tendremos tiempo para reactivar la economía”); y, la cámara de Comercio que presionaba por el cambio de color para reactivar la economía que enfrenta “pérdidas insostenibles”.

Las 2 aristas del problema fueron conocidas por el Concejo Metropolitano  en una vehemente  sesión convocada para analizar el cambio de color del semáforo. El ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos,  que participó en esa reunión, sostuvo que  uno de cada tres quiteños, mayores de 30 años, es inmune al virus; la capital ya alcanzó el ‘pico’ más alto de contagios entre el 26 y el 30 de abril; y, el 54% de las personas contagiadas por Covid-19 han salido de sus domicilios para trabajar. Concejales correístas calificaron al ministro de incompetente y mentiroso afirmando que sus datos son inconfiables y nulos,  argumentando también que los partidarios de cambiar el semáforo están “vendidos a los intereses de los empresarios  en desmedro de la vida y la salud del pueblo”. Los ediles contradictores dejaron en evidencia  la posición de su sector político: mantener el aislamiento hasta conseguir un estallido social que perjudique al gobierno y al país.

El miércoles próximo el amarillo del nuevo semáforo se prenderá con manchas grises después que el 27 de mayo se desparramara sobre la administración que preside Jorge Yunda el escándalo de un supuesto sobreprecio en la compra de 100.000 pruebas PCR para detectar Covid-19 realizado por la Secretaría de Salud. El contrato habría sido adjudicado a la oferta más costosa. El titular de Salud Lenin B. Mantilla  fue separado de sus funciones luego de que la Fiscalía allanara  su vivienda, las oficinas  de la Secretaría de Salud y de la empresa proveedora. A esto se añaden nuevas denuncias de negociados en compras realizadas por la Empresa Pública Metropolitana de Gestión Integral de Residuos Sólidos, Emgirs, y el irresponsable manejo del botadero de basura de El Inga.

A partir del 3 de junio individuos, empresarios, comerciantes  e informales tendrán más libertad para desarrollar sus actividades, pero la población deberá conducirse con racionalidad, aceptar nuevas modalidades y horarios diferentes de movilidad y trabajo. Y entender que el confinamiento no ha terminado. El semáforo amarillo ayudará a enfrentar la pandemia pero el virus continuará suelto por tiempo impredecible.                                                                                                            

¿Y el alcalde Jorge Yunda? A enfrentar la tormenta con veracidad y verticalidad. Cuando los huracanes tienen raíces hondas no sirven los efectos de imagen. ¡Sólo cuenta la transparencia!

Sentimos vergüenza de ser ecuatorianos

El asqueo que genera la corrupción extendida en nuestra sociedad nos ha llevado a los ecuatorianos a sentir vergüenza  de pertenecer a este país. Sabemos  que los paladines de la corrupción son los gobiernos y los políticos. Pero no reparamos que ellos provienen de una sociedad corrupta. Y nos quedamos sentados en el conformismo en actitud cómplice.  “La gente que elige políticos corruptos, impostores, ladrones y traidores no son sus víctimas, sino sus cómplices”. (George Orwell).

Encuestas de la Corporación Latinobarómetro establecen que un alto porcentaje de ecuatorianos piensa que el Presidente, los funcionarios, los asambleístas, los concejales, los jueces; también los  empresarios, la policía y los líderes religiosos, están involucrados en actos de corrupción. Pero la población se contradice,  mientras observa el saqueo de los dineros del Estado permite que los asaltos continúen. “Roban pero al menos hacen obras”. Parecería que no tiene conciencia de que a la función pública no llegan los mejores sino los más audaces y los pícaros; de que nadie piensa en servir sino en enriquecerse; de que en este país la política es el arte de robar sin dejar rastro para evitar ser atrapados. Durante los últimos tres años el país se ha lamentado de que el gobierno de Correa es el más corrupto de la historia, pero ha venido mirando impasible a ex aliados del correismo, enquistados en la actual administración, que no paran de atracar al Estado con la bendición del presidente y la complicidad  de la derecha. “Once de cada 100 ciudadanos piensa  que es mejor ser cómplice de los políticos corruptos a denunciarlos”.

La corrupción en nuestra nación es una antigua compañera. La traemos en el ADN. El Ecuador tuvo la mala fortuna de nacer a la vida republicana con el general  venezolano Juan José Flores, que nos gobernó durante 3 administraciones. Enemigo de las libertades y de la prensa libre, entronizó la corrupción y el despilfarro en el Estado. En su afán de eternizarse en el poder, con la complicidad de sus amigos, consiguió que se expida  la tercera Constitución, conocida como “Carta de la Esclavitud”, en donde se establecía  que el Congreso se reunirá cada cuatro años, el Presidente y el Vicepresidente de la República durarán en sus funciones ocho años, pudiendo ser reelegidos.

Anclada en el conformismo la colectividad se consuela contemplando los cuadros vergonzosos que le muestra la historia: egipcios y griegos ya practicaban la corrupción. En la antigua Roma para llegar al poder el candidato necesitaba tener patrimonio ya que debía presentar una fianza a principio del mandato. Y si después de haberlo ejercido se había enriquecido, tenía que devolverlo todo. La corrupción estaba penada  con el exilio y el suicidio. Pero en la Roma de los césares había una doble moral: desviar los recursos públicos era una práctica reprobable, aunque en los negocios particulares se lo pasaba por alto. El papado de los Borgia se adornó de vicios, crímenes y se convirtió  en el más amoral de su tiempo. Deslumbrado por el oro que descubrió en América Cristóbal Colón exclamaba   “Con él, hasta las ánimas pueden subir al cielo”. Y Maquiavelo recomendaba “que el príncipe no se preocupe de incurrir en la infamia de estos vicios, sin los cuales difícilmente podrá salvar al Estado”.

¿Nacemos con el germen de la corrupción o nos contagiamos en el camino? Cuando llegamos  a esta tierra traemos ropaje blanco pero nos vamos manchando en el recorrido. Asimilamos la corrupción en casa mientras crecemos rodeados de la mentira y la perfeccionamos  en el colegio cuando aprendemos a copiar los exámenes sin que el profesor nos descubra. En la vida adulta adquirimos destrezas para  mover palancas y hacer los trámites más rápido y sobornamos al policía para librarnos de la multa de tránsito. Y si caemos en delitos más graves compramos jueces para burlarnos de la ley.

Si seguimos contemplando los crímenes de la corrupción, parqueados en la indiferencia, el mal se arraigará con mayor profundidad en el país, los  corruptos se harán más fuertes y será más difícil enfrentarlos. Si nos sentimos honestos deberíamos liquidar el quemeimportismo. ¡Basta de  tolerar que los inmorales se agrupen y se armen para defender su depravación!

El barco fantasma de Lenin Moreno

 

BUQUE FANTASMA 4

La tempestad cae de manera sorpresiva sobre el barco que  busca refugio en la bahía. El timonel permanece en la cubierta pero se queda dormido. El huracán arremete de nuevo con furia, zarandea a la nave y la estrella contra las rocas. Como el barco holandés de la ópera de Richard Wagner la nave que pilotea el presidente ecuatoriano se está yendo a pique  porque el capitán se ha dormido y no reacciona ante la tormenta.

La pandemia que sorprendió hace 4 meses al planeta halló desprevenidos a todos. Y el pequeño Ecuador ha quedado marcado por escenas surrealistas de muerte, desesperación y terror que han sobrecogido al mundo. Eso no es lo peor: en este frágil barco, desde que empezó la tempestad, el capitán y su tripulación están coadyuvando para que se hunda.

La terrorífica historia de “Guayaquil Wuhan de América Latina” ha dado vueltas por el planeta: cadáveres amontonados hasta en los baños de los hospitales, decenas de cuerpos que no han sido entregados a sus familiares y tampoco constan en los registros oficiales, funerarias desbordadas que se niegan a seguir los procesos por temor a los contagios, cementerios colapsados que empujan a abrir una fosa común, más de 10 mil muertos en dos meses, letalidad que se dispara al 13 %. El virus ha asediado a Guayaquil con furia inusitada.

La perversión y la muerte que muestra este cuadro es el  producto de un largo asalto que se perpetra desde hace 13 años. Cuando Moreno llegó al poder, hace 3, ya sabía que el país está enfermo de corrupción y nunca se ha decidido a extirparla. Más bien la ha solapado con indolencia. Y la maquinaria corrupta no se ha detenido  siquiera ante los muertos. Al empezar la pandemia se realizó un millonario contrato para comprar mascarillas y otros insumos médicos a precios escandalosamente aumentados,  se contrataron miles de fundas para embalar cadáveres pagando costos cinco veces superiores  al marcado, se  pactó la compra de kits de alimentos para personas vulnerables por el doble de su costo.

Para consumar sus atracos las mafias se lanzaron desaforadas a los centros médicos del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social –IESS- y hoy el sector público de la salud emana fluidos contaminados por todos los costados.  La Contraloría General del Estado ejecuta auditorías en decenas de hospitales y centros médicos de Quito, Guayaquil y otras ciudades del país, que dependen del gobierno central y de los gobiernos seccionales. El ente de control tiene una larga lista para investigar como adquisición de dispositivos, medicamentos e insumos médicos: contratación de equipos de desinfección; adquisición de ventiladores mecánicos y otros.

La población está agotada de escuchar al moralizador hablando de transparencia y haciendo lo contrario de lo que predica. Desoyendo  críticas sensatas y manteniendo en altas funciones del Estado a correístas que proceden como maestros de la indecencia, reemplazando a funcionarios inmorales por otros más corrompidos. Blindando el contradictorio discurso de transparencia a través de una Secretaría Anticorrupción que duplica las funciones de otros organismos de control. Hasta que la Fiscal General ha pedido al mandatario que suprima esa institución por cuanto “lejos de coadyuvar con la investigación penal, alerta a los sospechosos o investigados y eleva el riesgo de fuga con la evidente destrucción de evidencia…”

La imagen de comisario bueno del presidente contrasta con la de su antecesor. No es prepotente, ni patán, ni perro de caza con los enemigos. Es coloquial, narra historias de abuelo bonachón, hace chistes. Maneja su propio estilo con labia que confunde: a su antecesor lo llamó el “mejor presidente de la historia”, pero éste le devolvió el elogio llamándolo el «traidor más grande de la historia”. Y el mandatario contra replicó  comparando al régimen anterior con ciertos roedores. En esta  función de box van y vienen los golpes, pero en muchos rounds sólo se exhiben  tongos. El descontento es demasiado alto porque el presidente no tiene valentía para reconocer sus errores y  mostrar la dimensión real de la crisis.

La descomposición ha empezado a alertar a los buitres que arañan  el aire: la derecha glotona, a través de sus leales voceros, exige la renuncia del jefe de Estado; y el prófugo sigue agitando tambores golpistas.  Pero el gobernante está obligado a  quedarse hasta el término de su mandato. A no ser que haya anulado la capacidad y la  voluntad.

En el drama musical de Wagner el barco se salva porque llega en su rescate el amor de una mujer. ¿Y el buque fantasma de Lenin Moreno? Sigue a la deriva en espera de un rescate que no llegará o de que el sueño le aniquile al presidente y la embarcación se rompa en pedazos con el capitán inepto, los incapaces tripulantes y los desprotegidos pasajeros adentro.

BUQUE FANTASMA 0

BUQUE FANTASMA 3

 

¿El covid 19 es el peor virus de la historia?

No,  no es el peor ni el más letal. Todos los virus tienen capacidad de matar y aterrorizar, pero terminan desapareciendo. El único virus que ha sobrevivido a través de las diferentes civilizaciones, ha eliminado a otros microbios y sigue campante en el planeta es el virus de la imbecilidad humana.

Es posible que el coronavirus se quede por varios años pero en algún momento se evaporará  como la viruela, el cólera… La peste negra del s. XIV, que en este caso provino de una bacteria, devoró a la tercera parte de Europa y desapareció. La viruela, considerada como la mayor pandemia de la historia, mató a más de 300  millones de gentes, pero ha sido erradicada. El sarampión ocasionó 200 millones de muertes y se ha ido después de haber vivido durante  3000 años entre los humanos. La gripe española causó 100 millones de muertes, disminuyó en 6 % la población mundial y se extinguió.   

Las pandemias han tenido efectos devastadores pero no han poseído el poder de extinguir a la población humana, ni de depurar la equivocada  conducta de la gente. Cuando la normalidad se reinstaló los sobrevivientes  volvieron a los vicios de siempre.  El virus seguía vivo en la atmósfera, en las calles, en el corazón y en la mente de todos.  

El virus de la estupidez ya estaba caminando por las calles de mi país antes de que llegue el covid 19. Y cuando se instaló algunos seguían jugando o libando en las calles, violando  el toque de queda. Otros organizaban fiestas  para repartir el microbio entre familiares, amigos e invitados, en medio de la pandemia. Algunos inconscientes salieron a atropellar a inocentes  en la vía pública y  agredir a los policías que les exigían acatar las normas. Otros se aprovecharon de la crisis para transportar drogas y asaltar vehículos  que llevaban  alimentos. Y los más insensatos se lanzaron a asaltar al deprimido sector de la salud pública y saquear dineros del presupuesto destinado a hospitales e insumos médicos. Pero también hay quienes, a través de  los medios, disparan argumentos insólitos: “Si el gobierno de los Estados Unidos les da un bono de $ 2.500 a nosotros deberían darnos $ 500 o $ 1.000”. (El Estado ecuatoriano está al borde del colapso por las deudas, la crisis y la falta de ingresos).

Los medios que compiten por acumular audiencias, las redes sociales que rivalizan en agitar y engañar, los profetas del desastre que luchan por vender sensacionalismo y morbo han desfigurado al covid 19 presentándolo como un monstruo de mil cabezas. Sí, es un virus mortal y peligroso pero su letalidad está entre el 1 y 3 %. No es necesario  encerrase en una cárcel ni salir con traje de astronauta a la calle, pero es indispensable observar  normas básicas de salubridad como lavarse con frecuencia las manos, llevar tapabocas y mantener distancia física con las personas. Eso la población lo sabe pero prefiere ignorarlo y auto convencerse de que “dios no ha de querer que me pase nada”. Ignorancia + desobediencia = coronavirus.

¡Qué poder tienen los virus sobre la población humana! Conmocionada por la pandemia la gente reza, se pone en manos de la esperanza y la fe. Los no creyentes vuelven a dios. Muchos se reconfortan con las lágrimas. Por un momento parecería que todos nos volvemos compasivos y solidarios. Pero otros permanecen impasibles ante el dolor y la muerte y esperan sentados a que todo pase. La crisis está extrayendo algo de lo mejor y mucho de lo más bajo del ser humano. 

El peor virus de la historia somos los humanos. Profetas, sabios,  ascetas, teólogos no han podido cambiarnos. Sus prédicas han quedado en los libros y se recitan en los templos pero no han hallado sitio  en la mente de la especie  humana.  Cuando el covid 19 sea solo una fea pesadilla la mezquindad, la mentira y la corrupción  seguirán  formando parte de nuestra vida. ¡Quisiera estar equivocado!

Lenin Moreno en su laberinto

Atrapado por la crisis sanitaria del Covid 19 el presidente da vueltas a ciegas por el cuarto,  evitando mirar al espejo, porque no quiere encontrarse con sus propios ojos. Igual que el general Bolívar de la ficción de Gabriel García Márquez solo atina a preguntarse ¡Cómo voy a salir del laberinto! No se decide a dar el primer paso. Parecería que espera que llegue  el mes de mayo de 2021 para entregar  el agobiante peso a un nuevo mandatario.

Mañana lunes 4 de mayo el Ecuador debería saltar de la etapa de aislamiento a la de distanciamiento social. Aplicando la delegación dada por el presidente los cantones del país debían decidir el cambio de color escogiendo entre el rojo, el amarillo y el verde de un semáforo.  Casi la totalidad de esas jurisdicciones,  ha decidido continuar en rojo. Por tiempo incierto, el Ecuador seguirá observando las mismas restricciones, con variaciones mínimas, dentro de  la emergencia sanitaria.  Mientras, la otra pandemia avanza de manera silenciosa generando  desempleo, borrando negocios frágiles, aumentando el número de informales y vulnerables  angustiados hasta que las quiebras y el hambre vengan a instalarse por encima de los muertos.

Las explicaciones del ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, de que el cambio de etapa tiene un sustento científico no han logrado  convencer. La Federación Médica Ecuatoriana   ha señalado que el país “no está en condiciones para pasar del aislamiento al distanciamiento social porque no tenemos los datos suficientes para tomar decisiones basadas en evidencia médica, científica y técnica”

Es que el sistema de salud del Ecuador  no dispone de la infraestructura hospitalaria requerida y de test  suficientes para detectar, testar, aislar, tratar todos los casos y buscar cada contacto. No está preparado para controlar la transmisión ni para implementar medidas de prevención en centros de trabajo y lugares donde las personas deben acudir. Y no ha podido educar  y capacitar  a las comunidades para que se ajusten a las normas, como recomienda la Organización Mundial de la Salud.

Según estadísticas oficiales difundidas el 24 de abril el número de personas infectadas por la peste en Guayas era de 15.365; en Pichincha, 1.634; en Manabí, 1.886. Tres días más tarde, el lunes 27,  7.000 casos de infectados  de las tres provincias desaparecieron y las cifras bajaron súbitamente a 10.172 en Guayas, 1.119 en Pichincha, y 514 en Manabí. Las variaciones se deben a que los números del día 24 se obtuvieron con pruebas rápidas y los del día 27 sin esas pruebas, que fueron invalidadas sin más por el gobierno.

El presidente ha explicado que “tanto en el número de contagios, como de fallecimientos, los registros oficiales se quedan cortos” porque la realidad supera el número de pruebas. Pero eso ni convence ni satisface. Las cifras oficiales se contradicen de forma muy marcada con las que publica el registro civil y otras instituciones. Son confusas, dudosas e inconsistentes. La población no confía  en la “capacidad sanitaria y de seguimiento” que las autoridades dicen tener para enfrentar la pandemia. Ni en la transparencia del gobierno.

Las medidas del régimen no alcanzan para manejar la crisis. En Quito y Guayaquil cunde la desobediencia. Opositores irresponsables siguen sembrando el caos desde las redes sociales. Políticos y empresarios ciegos se niegan a colaborar. Los sindicatos no paran de reclamar. Los medios continúan en siesta. Y la población sigue anclada en su proverbial abulia.

El gobierno está solo porque no quiere rectificar errores y se niega a aceptar ayuda. Sin capacidad de convocatoria el presidente está solo en su laberinto  porque  no tiene interés en desplegar iniciativas para concertar acuerdos y  buscar la unidad de la nación ante la crisis.

El avance exponencial de los muertos e infectados ha desbordado la competencia del Comité de Operaciones de Emergencia -COE-. El país no debe seguir esperando la llegada de un salvador mágico porque la emergencia sanitaria está a punto de convertirse en una grave amenaza para la Seguridad Integral del Estado.

 

Ya llega el otro coronavirus

La noche se rompe con el tropel del caballo negro del Apocalipsis. El caballo negro le está alcanzando al caballo de la muerte que sigue destrozando y repartiendo llanto y angustia. El corcel del hambre llega impetuoso a barrer la producción, aniquilar el empleo y decuplicar la pobreza. La pareja siniestra  viene a cambiar la cara del planeta

El coronavirus hasta hoy ha matado en el mundo a 180.000 personas,  ha infectado a más de 2,5 millones y parece decidido a quedarse por largo tiempo.  La Organización Internacional del Trabajo advierte que por efecto de la pandemia,  solo entre abril y junio de este año, desaparecerán  globalmente 195 millones de puestos de trabajo. (6,7% de las horas de empleos).

Mientras el caballo de la muerte sigue destrozando vidas, el corcel del hambre irá dejando solo en América Latina cerca de 38 millones de desempleados, 30 millones más de pobres y profundizará los niveles de pobreza extrema, según un informe de la  CEPAL.

Las cifras del organismo de Naciones Unidas son asustantes: la pandemia traerá la caída del 5.3% de la economía de la región y lo llevará en 2020 a su peor crisis social; la tasa de desempleo se ubicará en torno al 11.5%; caerán 19 de las 20 economías latinoamericanas y 31 de las 33 de la región; los ingresos públicos se verán aún más afectados por la fuerte contracción de la actividad económica y los deprimidos precios de las materias primas. A esto se agrega la advertencia del Fondo Monetario Internacional: “El espectro de otra década perdida” entre 2015 y 2025.

El mayor impacto recaerá sobre América del Sur, por su alta dependencia de las exportaciones hacia China.  En el caso de Ecuador la pandemia llegó oficialmente el 29 de febrero y hasta hoy se registran 1 489 fallecidos y 10 850 infectados. Pero las cifras son imprecisas por escasez de pruebas y registros oportunos. El país  ya estaba enfermo cuando apareció el Covid 19. La catástrofe que le dejó el gobierno corrupto que manejó el país entre 2007 y 2017 significó arcas fiscales vacías y escandalosas deudas.

A esto se agrega el ineficiente manejo de la economía durante los últimos tres años, la caída de los precios del petróleo y otros desastres como la ruptura de un oleoducto y daños en una refinería. En medio del negro agujero económico empresarios, trabajadores e informales piden ayuda al gobierno para enfrentar el embate económico. El país está frente al abismo. El gobierno acosado por las exigencias de la pandemia y la glotonería fiscal no se decide a tomar medidas inaplazables como la supresión de subsidios y acude a medidas impositivas.

Si no actúa con oportunidad y acierto puede peligrar la dolarización que ha sido el mayor sostén económico de la nación durante los últimos veinte años. ¿Quién puede ayudar al Ecuador, una de las naciones más pequeñas y más frágiles de la región?. Nosotros los ecuatorianos, claro. Pero estamos en espera de la acuciosidad  y la firmeza de nuestro timonel.

¿Lidera la crisis Lenin Moreno?

(Carta al presidente)

Debe ser extenuante  hacer frente a la feroz pandemia del coronavirus. La cifra de infectados se dispara, el número total de muertos se desconoce, el desacato se torna inmanejable, las urgencias se vuelven agobiantes, las arcas fiscales están casi vacías. El barco puede zozobrar y el tiempo apremia. ¿Qué espera, presidente, para agarrar el timón, dialogar y liderar?

En 1933 un presidente discapacitado de los Estados Unidos tuvo que dar la cara a la Gran Depresión, “el mayor apocalipsis financiero” del s. XX que trajo a los Estados Unidos y al mundo largos años de recesión, millones de desempleados y la caída estrepitosa de la producción. Desde su silla de ruedas  Franklin D. Roosevelt devolvió la esperanza a su pueblo, rescató la economía devastada, creó las bases para el bienestar de la nación. Cuando tomó posesión de su cargo  la situación era  insostenible. Pero Roosevelt actuó con rapidez y decisión.  Lideró el Gran acuerdo económico-social  conocido como «New Deal», con el que consiguió salvar a la empresa privada  y reformar el sistema bancario.  La inmovilidad de la mitad de su cuerpo, encadenado a la silla de ruedas, fue el gran motor que lo impulsó a salvar a la nación. 

Hace 20 años, presidente,  usted también sobrevivió a un atentado criminal, enfrentó las  secuelas con tenacidad y valentía y quedó postrado en una silla de ruedas, igual que el presidente norteamericano. Y como a Roosevelt, a usted le ha llegado el momento de demostrar su valor ante la adversidad.  La catástrofe económica y financiera  que amenaza al mundo y  al Ecuador, que es el país más frágil y desprotegido de la región, después de Venezuela, será peor que la Gran Depresión de los años treinta. Pero se puede enfrentarla con transparencia, equilibrio y  mesura.  Transparencia para exponer con rectitud cifras claras y auténticas. Equilibrio para convocar a la solidaridad de todos, ayudando a los desprotegidos con la participación de los que  tienen más. Mesura para conseguir contribuciones sin empujar al sector productivo y empresarial a la quiebra o al cierre que dejaría sin fuentes de empleo a muchos trabajadores. 

Veinticinco años atrás un presidente resolvió “no dar un paso atrás” y nos dio la victoria  en la Guerra del Cenepa con el Perú.  Hace veinte años otro presidente se atrevió a decretar la dolarización para encarar la debacle  económica que se cernía sobre el país. En el año 2017 usted se comprometió a enfrentar el desastre económico heredado de su antecesor que dejó esquilmado al Ecuador. Y ahora le ha tocado confrontar a un enemigo de dos caras: el  que infecta y mata, y el que nos regala la peor crisis socioeconómica de la historia. 

A usted, presidente, le ha llegado el reto de su vida. El país le está dando la oportunidad de hacer lo que no ha podido realizar en sus tres años de gobierno y de demostrar su capacidad,  firmeza y patriotismo. Adelántese a la “gran depresión” que viene con la pandemia. Enfrente su reto sin miedo, con audacia y creatividad. No deje que se vaya el último tren. Si usted no lo aborda todos nos quedaremos a la deriva. La suerte suya es la suerte del Ecuador.

No está solo, presidente. Un ex presidente, un ex vicepresidente, un ex candidato presidencial le han expresado sus opiniones sobre la crisis. Economistas de diversas tendencias quieren aportar con ideas y  conocimientos. ¿Por qué  no se sienta a dialogar con ellos y con los que quieren aportar? Claro que dialogar no es solo oír, es sobre todo escuchar, intercambiar criterios. Escúchelos. Ayúdese para que le ayuden. El arte de gobernar  es el arte de escuchar. Gobierne presidente, y lidere. Nadie le pide que exponga su vida saliendo a la calle y visitando enfermos. Solo le pedimos  que dialogue y lidere.

Lidere, no solo a su gabinete, también a los gobiernos seccionales, a los empresarios, a los gremios, a los trabajadores, a los  desempleados, a los angustiados. Y a los quemeimportistas. Los ecuatorianos esperamos  escuchar la voz de un líder que nos dirija con firmeza para reconfortarnos, para inyectarnos optimismo, para repartirnos esperanza y fe. Queremos  saber que el país no camina con piloto automático. Queremos verle sujetando con firmeza el timón. Esperamos que usted convoque a la solidaridad, a la cooperación. Y a la unidad de toda la nación

“Todo tiene su tiempo y todo lo que se hace bajo el cielo tiene su hora: un tiempo para nacer, y un tiempo para morir…un tiempo para llorar,   y un tiempo para reír…un tiempo para intentar, y un tiempo para desistir…” (Eclesiastes 3)

No hay tiempo para vacilar, dilatar, desistir. No hay tiempo para quedarse contemplando los cadáveres, las lágrimas, el hambre. Es tiempo de  enfrentar la muerte y reconstruir la vida. Es tiempo de prepararse para los ciclones que cabalgan en el cielo. Es tiempo de decidir seguir viviendo. ¡Es tiempo de liderar, presidente! Le ha llegado su hora. Y su tiempo.