El Ecuador en tiempos de coronavirus

Comienzo a escribir esta crónica el domingo 27 de marzo cuando la mayoría de ecuatorianos, están pegados a la pantalla del televisor, al internet  o al móvil para escuchar al papa Francisco. Rodeado del silencio que ha estallado en la plaza de San Pedro el anciano de la sotana blanca se dirige con paso torpe y lento al altar en donde realizará un ritual para dar la bendición “A la ciudad y al mundo”. El papa habla frente a la plaza vacía: “Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades… Nos encontramos asustados y perdidos”.  Invita a reflexionar sobre la  fraternidad, a abandonar la codicia y a escuchar a los pobres y los enfermos. Y mientras el pontífice busca reconfortar al mundo con sus reflexiones en Ecuador el virus se desborda y estalla la angustia.  

La gente está desconcertada. Esta crisis sanitaria es inédita en el Ecuador. Nadie sabe si los muertos se llegarán a contar por decenas de miles o centenas de miles. La economía enferma que heredó al país el gobierno anterior, agravada por los bajos precios del petróleo, principal fuente de ingresos del Estado, está en terapia. Si añadimos a esto la paralización de las actividades públicas y privadas, la insuficiente infraestructura hospitalaria del país y los requerimientos, cada día más exigentes de la crisis sanitaria, tenemos al frente un cuadro dramático. Los muertos se cuentan por decenas y los infectados superan el millar. El virus tiene acorralada a la provincia del Guayas que no sabe cómo enterrar a sus muertos hasta que las autoridades locales han tomado la decisión insólita de abrir una fosa común. El gobierno bucea sin escafandra buscando soluciones,  se debate solo y no se decide a pedir la ayuda  de quienes están obligados a hacerlo y esperan un liderazgo firme para concertar acciones. Y detrás de todo esto maestros del cinismo y la mentira que conspiran en las sombras, parapetados en las redes sociales, contra el orden y la paz del país desacreditando autoridades, agitando el regionalismo, asustando a la población y alentando el caos en mitad del agobio que genera la pandemia.

Diario de un jubilado arrinconado por el virus

Obligados por las normas dictadas por el gobierno hombres y mujeres de la tercera edad estamos encarcelados en nuestras casas. Es como la prisión que encierra en su vivienda a los ancianos que han violado las leyes, solo que nosotros no tenemos delitos que pagar. Como todos, yo añoro la libertad para salir a encontrarme  con la vida que se derrama en los parques, en las casas de familiares y amigos, en las calles donde la gente camina con libertad, en las tiendas y restaurants. Mi cárcel  no tiene el aire sombrío de los lugares que hacinan a los transgresores de la ley. Es una vivienda amplia,  bordeada de madreselvas, hortensias y otras plantas de jardín que respiran  junto a mi mujer y a mi perro con quienes comparto el regalo de la vida y  las limitaciones de la pandemia.  Nuestra rutina de coronavirus es muy simple: despertarse a cualquier hora, no más tarde de las 8; preparar el desayuno con mi esposa; compartirle al perro la primera comida del día y darle sus medicinas, pues, también él tiene bastantes años, puesto que los suyos se deben multiplicar por siete; caminar y realizar ejercicios, junto al animal de compañía que tampoco puede salir a la calle y ahora se ejercita con nosotros; hacer esas cosas que se practican en medio del sol matinal. Cuando la tarde ha entrado almorzamos sin prisa, revisamos por internet las noticias de los diarios que rebosan de coronavirus. Y cuando abrimos el  teléfono móvil recibimos el disparo incesante de las mentiras y mensajes diversos  que dan la vuelta por todos los lados a través de las redes sociales. Una cena frugal y una película de Netflix completan la rutina diaria de la pareja de adultos mayores confinados en su cárcel privada que han aceptado las restricciones que impone la crisis y han cerrado el paso a las ansiedades.

La casa, que está ubicada en un barrio pequeño del centro norte da la ciudad, se asienta debajo del Pichincha. El macizo volcánico está rodeado generalmente de pocas nubes blancas y pocas veces de nubarrones grises que presagian lluvia en horas de la tarde. Desde la terraza de la vivienda se puede observar al oeste y a los costados norte y sur los perfiles de los otros volcanes que custodian a la ciudad. Y también el cielo azul añil de Quito que durante estos días de encierro se muestra más limpio, con menos smog del que le manchaba antes de  que aparezca la pandemia. Hay más pájaros en el parque que está al frente de la vivienda. Y el jardín recibe diariamente la visita de gorriones traviesos que vienen a robarse el gua del plato del can. Él los mira y se abstiene de perseguirlos hasta matarlos, como lo hacía en su juventud. El parque que se encuentra frente de la casa luce abandonado, los vecinos que solían llegar con sus hijos para divertirse en las canchas y en los juegos infantiles han desaparecido. En las redes sociales algunos adjuntan fotos de un ave parecida a un cóndor que se  habría posado en algún edificio de la ciudad para visitar a los quiteños, pero el ave de la foto no presenta el garboso plantaje de la emblemática ave andina sino la figura de un gavilán u otra ave de rapiña. También incluyen fotos de osos que supuestamente habrían descendido de la montaña para pasearse en la ciudad que ahora se muestra sin autos y con pocos transeúntes. Y otros –ingenuos o audaces- muestran fotos trucadas de nubes blancas con la figura de un hombre barbado que tiene cierta apariencia con Jesucristo. El encierro forzado calienta la imaginación  e inventa novelerías  inverosímiles.

Breve cronología de la crisis

El domingo, 29 de marzo, como todos los días, la gente busca en los medios  la infaltable noticia del día: Hasta la mañana de hoy el Ecuador registra 1.890  casos de contagiados confirmados y 57 personas fallecidas. Hoy, el Ecuador está de celebración: el 29 de febrero pasado la autoridad sanitaria informaba el primer caso del brote de coronavirus y presentaba al personaje que encabeza la historia que nos mantiene arrinconados: una mujer de 71 años que había llegado de la ciudad de Madrid, “sin síntomas”,  el 14 de febrero, y  habría tenido contacto con unas 80 personas en las ciudades de Guayaquil y Babahoyo.  Un epidemiólogo ha precisado que la mujer “estuvo varios días en la casa de sus familiares, asistiendo a reuniones sociales, donde infectó a otras personas, incluida su hermana…” Las dos fallecieron pocas semanas después a causa del coronavirus.

Desde hace un mes esta crónica la viene escribiendo el gobierno. El epidemiólogo asevera que las autoridades no han controlado a la viajera que llegó de Madrid después de su arribo. Autoridades sanitarias lo contradicen asegurado que se estableció un cerco epidemiológico de casi 180 personas con las que la mujer contagiada habría tenido contacto. Y precisan también que “personas  que tenían la infección no han cumplido con las normas impuestas y han ayudado a propagar el mal”. La crisis continúa. Y aparecen los primeros contagiados  sin que se hayan dictado medidas de control efectivas. El Gobierno de Lenín Moreno resuelve entonces declarar la emergencia sanitaria por 60 días, suspender las clases de forma indefinida, cancelar eventos públicos masivos con más de 250 personas, reforzar los controles a viajeros.

La peste empieza a desbordar, aumenta el número de infectados y los contagiados comienzan a morir. Lenín Moreno decreta  el estado de excepción en todo el territorio ecuatoriano estableciendo un toque de queda;  restricción de la circulación de personas y de vehículos; cierre de los servicios públicos, con excepción de los de salud, seguridad, riesgos, además de las industrias de alimentación y de servicios básicos; suspensión del transporte interprovincial, de los vuelos domésticos y la circulación de vehículos particulares. Pero el virus avanza incontenible en especial en la provincia del Guayas que aglutina el 75% de casos de contagios. La provincia costeña sigue desacatando las medidas, la Fiscalía reporta que 1.015 personas han infringido el toque de queda impuesto ante la pandemia. El presidente reacciona iracundo: «He dispuesto que se apliquen multas, sanciones y prisión a los infractores. Es un delito. Es terrorismo. Una o muchas vidas se van a perder por ese acto suyo de irresponsabilidad».

El gobierno no ha podido contener la desobediencia de los ciudadanos, y el Comité de Operaciones de Emergencias Nacional (COE) autoriza a las Fuerzas Armadas el manejo de la provincia del Guayas como una «zona de seguridad nacional».  La zona especial de seguridad estará conformada por todos los cantones de la provincia del Guayas. Tampoco la participación de los militares ha podido controlar el desborde desacatos. El gobierno decide endurecer las medidas y extiende el toque de queda en todo el país de 14:00 a 05:00, estableciendo sanciones de  multa y prisión.

Martes 31 de marzo, 17:00. El mes termina En Ecuador con 2 302 personas infectadas y 79 y muertos. Las cifras anunciadas por el COE confirman lo que señala una noticia publicada por BBC News Mundo en donde se manifiesta  que  “Ecuador tiene el mayor número de contagios y muertos per cápita de covid-19 en América Latina”. Brasil y Chile encabezan la lista pero sus territorios y número de habitantes son mayores que los de Ecuador. El imparable aumento de contagiados y fallecidos, giran alrededor de la  conexión que el país mantiene con España y del factor sociocultural. A esto se añade que en el país no se han seguido con rigurosidad  las medidas que se deben tomar para afrontar una emergencia de esta magnitud.

¿Cuánto tiempo más nos mantendrá encerrados la pandemia? El número de detenidos por desacatar las medidas dispuestas por las autoridades es incontrolable. El presidente insiste: “Quédate en casa”, pero su clamor se esfuma en el cielo de Guayaquil. El meme creado por el humor quiteño continúa rezando: “Bienaventurados los que andan paseando en la calle, ellos pronto verán al señor”.

Mi perro y el coronavirus

Mi perro no tiene coronavirus. Pero dilata sus orejas y descompone la placidez de su cara de niño viejo cuando nos mira entrar y salir de casa con  semblante alterado.                                 

No es depresión, ni ansiedad, Oguh. Aún no. Es el coronavirus, un diminuto y misterioso monstruo, convertido en una suerte de “vengador justiciero”, que ha llegado para cobrar viejas deudas y nos tiene arrinconados a los humanos. Tu candidez no te permite entender estas cosas, pequeño animal. Pero, de verdad, desde que nos invadió este microbio, hace como tres meses,  la gente está agobiada, llora, reza. Algunos se mueren. Otros se cubren de pánico e imploran que sus nombres no consten en la lista de condenados.                                                                                                                     

Ahora no podemos prodigarnos en comilonas, ni fiestas, ni viajes. Tampoco podemos acudir a la oficina o a la fábrica. Ni  reunirnos con amigos o familiares. Esto es real, Ogu, nos ha invadido una peste, no es una cinta de terror. Tampoco es el fin del mundo.  Solo se ha detenido nuestra loca carrera por  abarcarlo todo. La ambición se ha paralizado. Y estamos encerrados en casa agotados de tanto derrochar la vida.                                                                                                                                     

Ponte tranquilo psiquiatra Oguh. No voy a maldecir al microbio, que acaba de llegar a nuestro país Ecuador,  por recluirnos en casa. Al contrario, pienso que todos debemos decir: gracias perturbador enemigo por ponernos frente al terrible espejo del cielo que nos refleja la cara de cerca y de frente. Por enfrentarnos con nuestro egoísmo que nos distancia  de los que amamos y nos mantiene enredados en ambiciones, novelerías…redes sociales. Por advertirnos que hemos desterrado a la  fraternidad. Por permitirnos entender que todos somos iguales en nuestra vulnerabilidad.                                                                                                                                                           

El covid 119 es un agente de tránsito que nos ha detenido en la mitad del camino para refrescarnos con unos sorbos de agua y de luz.  Y nos ayuda a comprender que los abrazos y los besos se han agotado por la estúpida costumbre de repartirlos sin emoción ni sentimientos. Que no hemos aprendido a agradecer por el aire, el alimento y el milagro de la vida que recibimos como autómatas cada día. Que es tiempo de frenar la voracidad por acumular bienes y poder arranchando y pisoteando a los otros. Que es tiempo de admitir que este cuerpo que hoy es nuestro solo es un traje prestado que  tendremos que devolverlo en cualquier momento. De pronto  en esta misma pandemia.                                                                                                                              

No estoy filosofando ni poetizando, Oguh. El filósofo eres tú cuando te  abro mi loca fantasía y me encuentro con tu cara misteriosa de pensador oriental.  Entonces miro a mis hermanos hombres, mezcla de debilidad y arrogancia, inermes ante el dolor, la enfermedad y la muerte. Y a ustedes mis hermanos perros sufriendo junto a nosotros.  Cómo reconforta tu cara de angustia ante mi pesadumbre. ¡Tu solidaridad me desconcierta! “El mundo sería un lugar mejor si todos tuvieran la capacidad de amar incondicionalmente como un perro” (MK Clinton).

Ernesto Cardenal vuela en los cielos de América

El cura rebelde, el poeta, el guerrero de la libertad y la justicia se ha ido. Había nacido hace más de 90 años en la pequeña Nicaragua, país de poetas como Rubén Darío, el mismo Ernesto Cardenal y muchos otros; y  de dictadores feroces como los de la dinastía Somoza y el tirano Daniel Ortega.

La mañana que el féretro que contenía el cuerpo de Cardenal entraba a la iglesia una horda salvaje invadió el templo trizando el silencio y el recogimiento de los dolientes. Las huestes de Ortega, hombres y mujeres disfrazados con pañuelos rojos y negros gritaban “traidor” al muerto, acosaban a los familiares y amigos ahí reunidos, golpeaban  a periodistas que cubrían el funeral. Y pregonaban “Queremos paz”. Se habían escapado de algún manicomio. 

Y en otros escenarios más cinismo y desvergüenza. Medios del gobierno difundían mensajes como éste: «Nicaragüenses rinden homenaje al poeta y sacerdote Ernesto Cardenal» e insertaban imágenes de las turbas irrespetuosas que habían acudido a la misa “por admiración al ejemplo del sacerdote fallecido”, mientras otros lanzaban “Que viva Daniel Ortega”.     

La historia los unió a Cardenal y Ortega y luego los separó. Hace 40 años lucharon juntos para derribar al  régimen de Somoza. Ortega  era miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y Cardenal ministro de Cultura. El uno terminó pudriéndose en la corrupción y el otro se quedó enredado en las banderas de la libertad, la justicia y la paz. 

Ortega se ha convertido en un enfermo enloquecido por el poder.  Gobierna despóticamente a Nicaragua desde hace 15 años en medio de un baño de sangre generado por la represión brutal que  ha matado a más 650 ciudadanos, ha dejado heridos a cerca de 5 mil, ha  secuestrado a más de 500 provocando, también, la desaparición de 850 personas y la migración de  56 mil que buscan protección humanitaria. Para muchos nicaragüenses la tiranía somocista  continúa en el poder.  

Cardenal ha sido “poeta, sacerdote y revolucionario». Y un  necio que se ha mantenido siempre fiel a sus principios. Fiel a sus convicciones revolucionarias defendió la filosofía sandinista, se convirtió en crítico de Daniel Ortega, después que éste traicionara a la revolución, y se ganó la enemistad y la persecución del gobernante.  

Militante de la Teología de la liberación, defendió los principios evangélicos oponiéndose al tradicionalismo de la iglesia.  “El cristianismo es revolución, es liberación de la humanidad de toda opresión, y un servidor de Cristo tiene que ser revolucionario con el mismo radicalismo con que lo fue él”. Pero la Iglesia Católica no supo perdonar al poeta que formara parte del gobierno sandinista. Cuando el papa Juan Pablo II visitó a Nicaragua en 1983,  reprendió públicamente al sacerdote por difundir doctrinas apóstatas y le suspendió el ejercicio sacerdotal, hasta que un pontífice progresista como Francisco levantó hace un año la suspensión impuesta por  el papa conservador.   

Considerado como uno de los grandes poetas nicaragüenses, enriqueció  la literatura de Iberoamérica con versos libres como su Oración por Marilyn Monroe, Salmos, Epigramas, Somos polvo de estrellas, Canto a un país que nace, y otros que han quedado grabados   en las mentes de muchos. “La poesía ha sido la vocación de mi vida, el usar la palabra para expresarme, el lenguaje, que sigue siendo lo más refinado, elaborado, genuino y verdadero que tenemos para comunicarnos”.                                                                                                                                                                                     El anciano cura de blanca y luenga barba era un ser humano sorprendente. “No sé por qué me felicitan porque cumplí 90 años, es horrible”, decía. Con fama de cascarrabias y talante jovial con los amigos, era un misántropo que se escapaba del mundanal ruido para refugiarse en su poesía. Perseguido por el tirano Ortega, censurado por la iglesia Católica, Cardenal ha pagado precio muy alto  por el pecado de decir lo que piensa y ser fiel a sus principios. Ahora vuela con alas propias en el cielo de América.                                                

El respeto al derecho ajeno es la paz” / dijo el indio Juárez / como lo del Salmo “La justicia y la paz se besan” / Dios ha querido un planeta alegre / un planeta alegre con arte y poesía / y también Paz.

Las indignantes mentiras del coronavirus. ¡Ya basta!

Los virus del COVID-19 no son una legión de asesinos colgados en el aire en busca de víctimas. Los fantasmas  amenazantes son las redes sociales y  algunos mass media jugando a estremecer al mundo con mensajes alarmantes y mentirosos. Y detrás de ellos, oscuros intereses políticos, económicos  y empresariales tratando de someter a la gente con el terror y el miedo.                    

Solo en España un portal llegó a descubrir en los últimos días cerca de 80 mentiras y desinformaciones del coronavirus:   Pseudocientíficos  especulando con soluciones para combatir el micro organismo. Anuncios de que las gotas de saliva que suelta un individuo al estornudar recorren grandes distancias y pueden infectar a cualquier persona. Medicamentos y alimentos para prevenir la infección. Órdenes y contra órdenes de autoridades sanitarias para internar a supuestos infectados y  evitar el avance del mal. Hasta llegaron a involucrar a los “Simpson”, quienes habrían pronosticado la llegada del mal hace 20 años.                                                                                                             ¿Porqué se manipulan datos y se encienden falsas alarmas? Según la OMS el coronavirus tiene baja tasa de letalidad, entre el 2 y el 4% en Wuhan, y de alrededor del 0,7% fuera de esa ciudad. Más del 80% de los casos son leves, el  97% de los infectados se curan y la mayoría de los fallecidos son ancianos de más de 80 años o con otras patologías. El  número de casos disminuye, bajan los casos sospechosos y aumentan las altas hospitalarias. La mortalidad es del 15% en mayores de 80 años y menos del 1% en menores de 50.                                                         

La alarma terrorista no logró posesionarse en enfermedades infecto contagiosas más graves que el COVID-19 porque no existían redes sociales. El ébola, la gripe, la rabia, o la viruela han terminado con la vida de cientos de millones de personas en el mundo. La gripe es una de las enfermedades menos valoradas, pero la gripe mata cada año entre 250.000 y medio millón de personas, según la OMS. La  zoonosis viral de la rabia, que   se manifiesta primero como una gripe y molestias en la zona del mordisco, termina destruyendo el cerebro y ocasiona más de 60.000 muertes al año en 150 países. Con el VIH, aparecido  a comienzos de los años 80 del siglo XX y que  ataca al sistema inmunitario de la persona infectada, han muerto 36 millones de personas. A la viruela hoy se la considera erradicada, pero en el siglo XVIII mató a 60 millones de personas y en el siglo XX acabó con 300 millones de seres humanos.                                                                                                                                             Según los especialistas el nuevo coronavirus ha causado alarma porque es nuevo y no porque sea grave. “Este virus es muy leve y no hay riesgo para toda la población”. Los síntomas  son similares a los de la gripe común o de un resfriado y la tasa de letalidad  es muy baja. Pero hasta hoy no existe tratamiento específico ni vacuna, por eso es indispensable mantener la alerta y poner atención a la evolución de la enfermedad que brotó hace poco más de dos meses.  

Muchos están asustados y otros acorralados por el miedo, a pesar del descrédito  que rodea a los irresponsables que propalan falsos rumores que siguen alarmando  al planeta. Y todos se preguntan si el terrorífico virus es otra epidemia de esas  que han devastado históricamente a la humanidad o si los efectos de la enfermedad pulmonar son manipulados por agentes perversos que lo están sobredimensionando para su beneficio.                                                                                                 

¿No será que EE. UU, ante el incontenible avance económico, político y cultural de China, ejerce maniobras para desgastar la imagen del gigante asiático usando cualquier medio, incluido el actual drama sanitario? ¿No estará ocurriendo que los grandes laboratorios multinacionales tratan de utilizar al coronavirus para lanzar productos que calmen temporalmente las dolencias sometiendo a los enfermos a extenuantes y largos tratamientos como ha ocurrido con el cáncer, las enfermedades crónicas y las dolencias virales?

No se puede ignorar que poderosas sociedades secretas, a quienes inquieta el incontrolable aumento de la población mundial, lleguen a tomar  medidas inescrupulosas, como reducir  el número de habitantes del planeta,  para liquidar un obstáculo que estorba a sus egoístas pretensiones. Y tampoco se puede descartar que el COVID-19  se haya escapado de algún laboratorio como el singular y único laboratorio de microbiología que ha instalado  China en la ciudad de Wuhan, el epicentro de la epidemia.

No existen pruebas o fundamentos ciertos  para hacer inculpaciones pero hay evidencias que no permiten despejar dudas y sospechas.  

Ecuador: la cantinflada del milenio

Los últimos exabruptos que ha protagonizado fuera del país un dirigente indígena de la Amazonía mantienen  embelesados a los ecuatorianos creando caricaturas, inventando cachos (modismo ecuatoriano que significa chiste) y dibujando memes. Burlas y mordaces ironías son los inevitables castigos del pueblo para los actos censurables de los políticos. Los quiteños dicen “es preferible reir que llorar”.

Un desconocido líder indio, de nombre Jaime Vargas, irrumpió en la escena política del Ecuador,  hace cuatro meses, violentando y caotizando a la ciudad de Quito. Llegó enfundado en su sombrero de plumas de guacamayo, portando lanzas de chonta afiladas. Secuestró policías y periodistas, agredió y sometió al presidente de la república intentando imponer un liderazgo que el tiempo se ha encargado de diluir. Pero la ambición es torpe y necia, ahora ha viajado a Guatemala para lanzar su última cantinflada. “Somos autoridad. Yo soy presidente del movimiento indígena del Ecuador; allá decimos el segundo mandatario del país…”. Hasta que salió expulsado de esa nación por orden del presidente Alejandro Giammattei. Sanción para el atrevimiento y la mentira.

¿Porqué fueron expulsados de Guatemala Vargas y sus acompañantes? «No estaban legales en el país y procedimos el día de ayer (sábado 15 de febrero de 2020) a su captura», señaló el presidente Giammattei. “No vamos a permitir que ninguna persona venga aquí, extranjera, a soliviantar los ánimos en nuestra gente”. “Hace una hora y media, abordaron voluntariamente el avión que los lleva de regreso a Ecuador, producto de la expulsión que fue ordenada ayer por este servidor», precisó.

El rechoncho dirigente indio sueña despierto con la presidencia de la república. Y es portador, no sé si del coronavirus o de alguno de esos extraños gérmenes infecciosos, que le han convertido en un  obsesionado del poder.

Meses antes de la invasión a Quito, que protagonizó el líder indígena, otro aventurero de la política mentiroso, cínico y audaz, vestido de fraile,  ensayó un combate anticipado por el poder y terminó con sus santos  huesos en la cárcel. El dirigente Vargas no sabe mirarse en los espejos, por eso no escarmienta. Ayer lunes, no bien había retornado al Ecuador, viajó a la ciudad de Cuenca, al parecer,  para festejar su expulsión de Guatemala. En la capital azuaya volvió a insistir: “El primer presidente es Lenín Moreno. El segundo presidente aquí en el Ecuador es Jaime Vargas, presidente de los pueblos y nacionalidades». Da vuelta mañosamente palabras y conceptos, insiste con terquedad y no le importa hacer el ridículo. La sentencia de Albert Camus brilla de nuevo: “La estupidez insiste siempre”.  

El pueblo indio es un pueblo luchador, aguerrido, noble y por eso respetable. Los dirigentes de la Conaie (Confederación de nacionalidades indígenas del Ecuador), que actualmente preside Vargas, nunca se han amilanado ante las imposiciones del poder. Años atrás, un ex líder de esa organización enfrentó con dignidad y altura al gobernante que persiguió y sometió a los indígenas que se negaban a aceptar su prepotencia y su tiranía. Actuó con valentía, pero con sensatez. Soportó una lluvia de procesos judiciales que le lanzó el ex dictador, pero se ganó el respeto del pueblo indígena y del pueblo ecuatoriano. Las actuaciones de Vargas desafinan de forma indecorosa con esa tradición indígena. ”Quosque tandem abutere, Jaime Vargas, patientia nostra»

Mi perro y yo cumplimos años

Siéntate junto a mi Oguh, viejo amigo. Compartamos nuestros cumpleaños. Los dos nacimos en febrero, el mes que nos juntó desde que tú llegaste a esta casa. Hemos vivido juntos muchos años, aunque los tuyos han sido más cortos y más intensos porque la vida ha sido más mezquina con los perros  que con los humanos.

Querrán saber cuántos años cumples tú y cuántos yo. Eso no importa, amigo. Disfrutemos los años que nos quedan, que son pocos, porque ya hemos vivido muchos. Sentados en el parque olfateemos el cielo, la hierba, los árboles, las hojas verdes y las hojas secas. Ya no son los mismos pero quedan  los troncos,  ramas y raíces que miraban tus juegos que también eran míos.  

No está la misma gente en el parque, algunas casas han desaparecido para dejar espacio a construcciones más grandes, hay muchos autos  en las vías absorbiendo los espacios que antes nos pertenecían a los humanos y a los perros. Pero jóvenes  y viejos podemos respirar el mismo aire, calentarnos con el mismo sol y bañarnos con la misma lluvia.                                                     

Tú no entiendes estas cosas, inocente Oguh, pero el mundo ha cambiado de manera insólita en los últimos años. La tecnología y el internet han revolucionado todo, han agilitado la comunicación entre los individuos y las naciones y también han generado confusión y caos. Las redes sociales nos cuentan los acontecimientos antes de que sucedan y difunden con infalibilidad pasmosa verdades y mentiras soslayando el valor del conocimiento. Todos alardean de saberlo todo, su verdad vale más que la de los otros y está por encima de la verdad  verdadera. Los pensamientos de los hombres que escudriñaron antes que nosotros  el universo, la belleza, el amor se malinterpretan y se descontextualizan. La gente se entiende y se desentiende. ¡Esta Babel me enloquece!

Aprovechemos  la afabilidad de los últimos años. Ya no podremos trepar montañas para buscar nubes y riscos, o perdernos en la misteriosa espesura de los bosques. Pero nos queda una generosa porción de cielo y pedazos de hierba verde en el parque y en el jardín. Somos afortunados de vivir estos años del último tramo que son más pausados, no tienen sobresaltos y nos invitan al ocio. Claro que tus ojos se han opacado y tu pelaje, ayer brillante y lustroso, se ha descolorido; mis cabellos se han caído, mi cara y mi barba blanca llevan las marcas del tiempo. 

Si los soles y los vientos nos han resecado la piel y el pelaje, nos han quebrado la voz y el ladrido, no  nos inquietemos demasiado. Todavía mantenemos fresca el alma, o la energía  que nos mantiene vivos.

Espero, Oguh,  que cuando nos vayamos de estos parques y de estos cielos lo hagamos felices por haber compartido la vida con otras gentes, otros perros, otros espacios. Que podamos sonreir a la muerte tal como lo hicimos en los momentos felices de la vida. Que cuando nos alejemos de este suelo los que nos aman puedan despedirnos con alegría, tal como nos recibieron los que nos amaron cuando nacimos.

Se nos han escapado los años  perro amigo. Y nos iremos en cualquier momento. Si tú te vas primero déjame tus lamidas y tus terapias para sanar mis depresiones. Si me voy antes que tú te heredaré los arrumacos que tanto te gustan para celebrar tus locuras. ¡Es una promesa!

Cuarenta años de amor y un canto a la vida

(A mi hija en el día de su cumpleaños)

¡Cómo se han ido los febreros, hija! Hace veinte años tenías veinte. Hoy tienes dos veintes en tu vida.  Hace veinte años  querías caminar a zancadas, inventabas el amor en cada esquina  y querías dar tu vida para traer otra vida.  No ha brotado esa vida pero llevas  muchas vidas enlazadas a tu vida.                                                                                                                                                                               

No ha llegado al hogar que has construido con tu marido un loquillo que pilotee submarinos  y aviones,  una Karlita que arrastre muñecos por los pasillos de la casa. Ellos no están. Están los hijos del amor y la ternura. Los hijos sin edad ni tiempo que  solo crecen en el corazón: hermanos, amigos, discípulos…libros.  El perrito que llegó desvalido una fría mañana,  las plantas que mimas en tu  terraza.                                                                                                                               

Hace veinte querías cambiar el mundo. ¡Y cuánto ha cambiado el mundo!  Inviernos  tórridos,  primaveras floreciendo de asma  en las gargantas,  otoños inundando de mentiras la tierra y el cielo. No ha podido cambiarte el mundo que todo lo cambia. Sigues refrescando la mañana con tu risa de cascabel, tu corazón danza igual con lluvia o con verano, tu obsesión por el amor sigue latiendo.  Tu corazón no tiene años. Tiene vida para amar sin tiempo y amor para sembrar la vida.                 

Hace veinte, hace dos veintes… Qué importan los años, si solo vivimos el tiempo del  destello. Importa lo que has trazado en el libro que te entregó la vida la noche que te inventamos para que alumbres nuestro mundo.                                                                                                            

No más un instante detengamos el tiempo mientras un hijo emerge del fondo de tus sueños y se anuda a tu garganta como tierna enredadera, entona “Las mañanitas”, que se cantan a las muchachas bonitas, y  cumple el ritual de los regalos: “Cuarenta años de amor y un canto a la vida”, el libro que has vivido en 14.600 días y has escrito en todas esas noches.

El pánico se propaga más rápido que el coronavirus

Después de que se decretara una cuarentena en la ciudad de Wuhan, epicentro del nuevo brote de coronavirus,  el pánico empezó a caminar a gran velocidad por ésta y otras ciudades de China.

La amenaza mortal del virus no debe ser soslayada. Hasta hoy el coronavirus ha matado a más de 250 personas  y ha infectado alrededor de 10.000 en China. A principios de esta semana 46 millones de personas en 16 ciudades chinas se hallaban en cuarentena. El mal se ha instalado en todas las provincias de  esa nación y se lo ha confirmado en al menos 18 países.

Pero el pánico es peor que el virus. En algunas ciudades chinas está generando ataques de ansiedad alarmantes que producen reacciones incontrolables. El miedo de residentes contagia a los visitantes que se abstienen de salir a las calles y prefieren aislarse en sus viviendas para evitar la propagación del atemorizante micro organismo.

No más instalada la cuarentena la gente empezó a almacenar alimentos mientras miles de pacientes hacían filas interminables esperando ayuda médica. Las compras desmedidas de alimentos vaciaron supermercados y la demanda de máscaras y otros suministros médicos han agotado esos insumos.

Para las autoridades de salud el pánico es injustificado. Las máscaras pueden ayudar a evitar la enfermedad pero no serán tan útiles para prevenir la propagación de la enfermedad. Sencillas precauciones como el lavado frecuente de manos y no tocarse la cara son medidas muy efectivas para evitar el contagio.

El coronavirus no es tan terrorífico como se lo pinta. Muchos pacientes con el mal pulmonar ya se han recuperado por completo. Funcionarios chinos han informado que la mayoría de los pacientes que murieron tenían otras dolencias que afectaban su sistema inmunológico.

Médicos y psicólogos han recordado que el miedo a lo desconocido es una reacción humana que evita que las personas actúen  de forma impulsiva. Pero como todo temor “El pánico debe ser controlado para no ser presa de la ansiedad”.  Si el miedo se transforma en ansiedad puede producir efectos paralizantes  que pueden ocasionar diversos problemas. Si determinada  situación genera emociones negativas será difícil superarla. ¿Qué hacer?: ”Aprender a adaptarse a aquello que nos aterra o estresa”.

En medio de esta atmósfera agitada, las redes sociales hacen preocupante trabajo: regar con velocidad sorprendente informaciones y especulaciones sobre la enfermedad que podría resultar mortal si no se la controla de manera oportuna. La epidemia de comunicación tecnológica es difícil de controlar para chinos, europeos, gringos, latinoamericanos y ecuatorianos. Pero en lugar de caer en pánico podríamos prestar más atención a lo que señalan las autoridades de salud, tomar precauciones y no lanzarnos en brazos del miedo que podría sobredimensionar  el problema y terminar matando más gente que el temible virus.













La ridícula Sinfonía No 10 de Beethoven

Pocas veces he tropezado con una ridiculez como ésta: alguien ha empezado a componer la décima sinfonía de Beethoven utilizando un algoritmo de inteligencia artificial. Y esa “partitura” será interpretada después de tres meses en Alemania como parte de las celebraciones por los 250 años del nacimiento del genio de Bonn.                                                                      

Los algoritmos podrán usarse para realizar cálculos, resolver ecuaciones, optimizar procesos, solucionar cierto tipo de problemas. Pero en este caso no están resolviendo problema alguno. Beethoven solo escribió nueve sinfonías, no nueve  terminadas y una inconclusa.                                    

¿Podrá alguien invadir el cerebro de un genio de la música muerto hace  doscientos años para adivinar lo que quiso componer y poner en partitura sus pensamientos y emociones?  Eso es lo que pretende  hacer “Deutsche Telekom”, con un equipo de expertos en inteligencia artificial y musicólogos: completar una sinfonía de Beethoven, a la que consideran inconclusa, partiendo de un breve bosquejo que escribiera el compositor alemán pocos días antes de morir, convertirla en “sinfonía inteligente” y ponerla  el número 10.                                                                                                  

La historia empieza en marzo de 1827. Por pedido de la Sociedad Filarmónica de Londres Beethoven empieza a esbozar una sinfonía y muere ocho días después. En 1980 el músico inglés Barry Cooper se lanza a la aventura de componer una sinfonía completa a partir del esbozo de tres minutos de duración que dejó el compositor y hace extrañas mezclas de algunos pasajes de la Quinta y la Novena para componer un primer movimiento. Si Beethoven podría escucharlo se revolvería en su tumba.  El intento no pasó de eso porque Cooper no tenía el alma del gran maestro.  A esto se suma el trabajo de la empresa Deutsche Telekom  que ha puesto un interrogante sobre lo que podría hacer un impredecible algoritmo.  Si la tecnología hace lo que algunos llaman milagros, supongo que esta vez solo está buscando otro fallido ensayo.                                        

La sinfonía inteligente No. 10 podría resultar algorítmicamente perfecta  con la fría perfección de la tecnología, pero no emocionalmente completa o lejanamente similar  a lo que habría compuesto Beethoven. Compositores y musicólogos saben que las emociones en forma de sonidos que sintió el maestro alemán solo surgieron en su cerebro y se las llevó a la tumba.                                        

Si el propio Beethoven habría compuesto otra sinfonía completa, además de las nueve que nos legó nada habría agregado a su imagen. La Novena habría bastado para levantarle el monumento que ha trascendido en el tiempo. Muchas naciones utilizan el Himno a la Alegría (cuarto movimiento) como símbolo de paz en el mundo. La obra encierra pasajes que han congelado el pasado y han penetrado en el futuro. Ha deslumbrado a ideologías contrapuestas y ha sido interpretada en críticos momentos de la historia. En el caso de Alemania, para informar el suicidio de Hitler, o para anunciar al mundo el triunfo de la libertad tras la caída del muro de Berlín.                        

A muchos melómanos nos invaden desconocidas emociones cuando escuchamos las sinfonías de Beethoven. La Quinta nos impulsa a gritar y con la Novena nos cuesta reprimir las lágrimas.          

El cúmulo de eventos que ha preparado Alemania para celebrar los dos siglos y medio del nacimiento de uno de sus hijos más ilustres tampoco cambiará la inmensa estatura estética del célebre maestro. Los genios solo aparecen cada cierto tiempo. Y algunos  como Ludwig van Beethoven o el universal Leonardo da Vinci han agotado cualquier posibilidad de réplica.


“Los dos papas”. ¿Quién es quién?

No es fácil comentar Los dos papas, película de la plataforma Netflix, que ha generado miles de críticas de diversos tonos en las últimas semanas. La cinta  hecha para el divertimento, es entretenida para las mayorías y liviana para quienes esperan una producción que ahonde en uno de los problemas más críticos de la iglesia de hoy. Buen esfuerzo de producción, dirección, guión y actuación, aunque no llega a ser la gran producción de Netflix.

Exhibida a fines de noviembre del  2019,  con nominaciones a premios de la academia, la película del director brasileño Fernando Meirelles invade los muros del Vaticano para explorar la vida del papa Ratzinger y el papa Bergoglio, dos controvertidos personajes de los últimos años. Pero no  logra profundizar ni en la vida ni el pensamiento de los pontífices, como se esperaría.   

A través de diálogos amenos y largos,  los actores británicos  Anthony Hopkins (Benedicto XVI) y Jonathan Pryce (Francisco), se roban el favor del público con un discurso que se mueve entre el drama y la comedia. Ficción basada en hechos reales, el film presenta a un papa Francisco simpático y carismático y a Benedicto como antagonista  severo, vanidoso, aferrado a la tradición. Director y guionista  construyen una historia fantasiosa, hecha para agradar al público, que entrega a la  gente lo que quiere ver.

Jorge Bergoglio  atrapa el interés del observador desde que la pantalla lo muestra comprando un billete de avión. El actor Jonathan Pryce, admirador de Bergoglio a partir de su elección como papa,  no tuvo mucho trabajo en asimilar el perfil psicológico del hombre que iba a representar. Partiendo de su increíble parecido físico con el papa argentino, logra encarnar al prelado humilde, sencillo y sonriente concebido por el guionista. Anthony McCarten, el guionista,  no presenta a Francisco como súper héroe pero se juega por él.  Con destacada actuación el galardonado Anthony Hopkins caracteriza a un Benedicto severo y adusto, remarcando esas facetas de la personalidad de este papa, pero sin mencionar al académico de alto nivel de la iglesia contemporánea.  

La película muestra algunas diferencias de los dos papas pero no plantea el contexto de crisis de la Iglesia Católica que les ha tocado vivir: Vergonzosos casos de pederastía; poder incontrolable del  Banco del Vaticano que esconde secretos inconfesables que  ennegrecen la historia de la iglesia; materialismo que descarta  valores y privilegia la importancia del dinero, el placer y el poder; pérdida de credibilidad de la iglesia que lleva a sus enemigos a señalar que “El catolicismo es lo más corrupto del mundo”. Y detrás de ese brumoso escenario una curia romana que pretende controlar a los papas sometiéndoles a su secular poder fáctico.       

Ficción o no,  hay cierta manipulación en el film.  McCarten  narra la historia de ”un conservador y un liberal que se involucran en una especie de combate de boxeo intelectual”. Pero sobredimensiona la figura del uno y disminuye la del otro. Ni Bergoglio es tan reformista y renovador, como se quiere pintarlo, ni Ratzinger tan dogmático y reaccionario. Para el New York Times “Los cineastas quieren que veamos a Bergoglio como una figura redentora, un hombre que ha enfrentado sus propios fracasos con humildad y cuya ascensión al Papado presagia una era de reformas y renovación”. Para los realizadores Benedicto es el pasado y Francisco el renovador de la iglesia. Quizá por eso el Vaticano se ha abstenido de comentar en público la cinta de Netflix.

El de los dos últimos papas es un tema actual y apasionante con personajes contrapuestos que inquietan al espectador.  El rígido y moralista Benedicto y el progresista Francisco que busca cambiar la vieja iglesia dogmática y autoritaria.

Hay críticas duras y otras elogiosas para la película  que está lejos de ser una obra de arte. Pero en el campo de la ficción los realizadores tienen libertad para  construir  una obra seria o una liviana  Escenas como aquella donde el cardenal Bergoglio intenta bailar con el papa o la que muestra a los dos religiosos disfrutando  a plenitud de un partido de fútbol entre Alemania y Argentina  le dan gran frescura y amenidad a la cinta de Netflix.