
Desde que la amoralidad y el cinismo empezaron a tomarse el mundo la leyenda del cielo ha empezado a esfumarse. Y el infierno se apodera del planeta: el fuego de los incendios forestales ha invadido Australia, Brasil, California, Rusia, España; y se apresta asaltar otras regiones mientras la insensatez y la soberbia niegan el calentamiento global y se burlan de quienes lo combaten. El fuego y el humo son los nuevos habitantes del planeta.
La última película de horror se escenificó en Australia, desde el segundo semestre de 2019, preludiando lo que seguirá ocurriendo en otras regiones del planeta. Acorralados por las llamas los australianos han convivido con la catástrofe durante varios meses. El saldo trágico sobrecoge: 28 personas fallecidas y decenas desaparecidas, más de 100.000 evacuados y miles sin hogar. Se agregan 1.250 millones de animales salvajes muertos y 10 millones de hectáreas arrasadas por las llamas. Cuando la lluvia llegó hace pocos días los australianos levantaban los brazos al cielo mezclando sus lágrimas con el agua atmosférica mientras canguros sobrevivientes danzaban de felicidad. Australia sabe que esa lluvia solo es una tregua porque la devastación ígnea no ha terminado.
El 2019 también fue año trágico para la Amazonia. En Brasil, durante un mes se registraron más de 80.000 focos de incendios, se consumieron más de 500.000 hectáreas de bosques y pastizales que afectaron a casi todos los estados amazónicos de ese país. La incineración de la selva generó tanto humo que el cielo de la ciudad de Sao Paulo, situada a 3000 km. de la Amazonia, se oscureció. El presidente Jair Bolsonaro culpó a las ONGs de provocar los incendios forestales. Pero el pueblo brasileño sabe que con la bendición del presidente productores agropecuarios y terratenientes han incendiado los bosques para disponer de grandes espacios de tierra que les permitan impulsar sus negocios. En el gigante sudamericano los crímenes contra el ambiente se desatan por turbios Intereses políticos y económicos.
El estado de California de los Estados Unidos empieza el año 2020 en situación de alerta después que el fuego devastador, desencadenado en el 2019, obligó a 200.000 personas a evacuar sus viviendas y un millón se quedaron sin luz, llevando a las autoridades a declarar la emergencia en todo el estado. Los incendios forestales son un fantasma que somete cada año a los californianos. En el año 2018 las llamas producidas por 8.500 incendios forestales mataron alrededor de 100 personas, afectaron a cerca de 800.000 mil hectáreas y destruyeron más de 20 mil viviendas. El ‘Camp Fire’, registrado en noviembre de ese año, se considera como el peor de la historia de California.
Las llamas penetran en los lugares más insólitos. En agosto del año anterior se tomaron la región congelada de Siberia emitiendo más de 160 millones de toneladas de dióxido de carbono y generando una masa de humo que se extendía por más de 5 millones de km². En Bolivia se quemaron más de medio millón de hectáreas, produciendo una copiosa cantidad de humo que cubría el sur del país y parte de Paraguay. En la isla de Gran Canaria, España, durante una semana los incendios calcinaron cerca de 11.000 hectáreas, afectando especies únicas de plantas y animales y obligaron evacuar a cerca de 10.000 personas.
La contaminación del ambiente y los incendios forestales siguen imparables. Las llamas no han logrado destruir la contaminación ni iluminar las mentes de los hombres para que detengan el proceso destructivo. Incendios, cambio climático, altas temperaturas oceánicas son una cadena que estrangula al mundo.
Contaminar es fácil y es gratis. Contralor sus efectos es altamente costoso, por eso nadie quiere hacerlo a pesar de que es tarea de todos. Una voz clama: «La humanidad debería convertir la acción climática en su principal prioridad, por encima del crecimiento económico”. El eco se pierde en el desierto. Quiere subir al cielo, pero el calentamiento del planeta lo asfixia y lo hunde en el infierno.



















