Incendios forestales y contaminación no paran

Desde que la amoralidad y el cinismo  empezaron a tomarse el mundo  la leyenda del cielo  ha empezado a esfumarse. Y el infierno se apodera del planeta: el fuego de los incendios forestales  ha invadido Australia, Brasil, California, Rusia, España; y  se apresta asaltar otras regiones mientras la insensatez y la soberbia niegan el calentamiento global y se burlan de quienes lo combaten.  El fuego y el humo son los nuevos habitantes del planeta.

La última película de horror se escenificó en Australia, desde el segundo semestre de 2019,  preludiando lo que seguirá ocurriendo  en otras regiones del planeta. Acorralados por las llamas los australianos han convivido con la catástrofe durante varios meses. El saldo trágico sobrecoge: 28 personas fallecidas  y decenas desaparecidas, más de 100.000  evacuados y miles sin hogar. Se agregan 1.250 millones de animales salvajes muertos y 10 millones de hectáreas  arrasadas por las llamas. Cuando la lluvia llegó hace pocos días los australianos levantaban los brazos al cielo mezclando sus lágrimas con el agua atmosférica mientras canguros sobrevivientes danzaban de felicidad. Australia sabe que esa lluvia solo es una tregua porque la devastación ígnea no ha terminado.

El 2019  también fue año trágico para la Amazonia. En Brasil, durante un mes se registraron  más de 80.000 focos de incendios, se consumieron más de 500.000 hectáreas de bosques y pastizales que afectaron a casi todos los estados amazónicos de ese país. La incineración de la selva generó tanto humo que  el cielo de  la ciudad de Sao Paulo, situada a 3000 km. de  la Amazonia, se oscureció.  El presidente Jair Bolsonaro culpó a las ONGs de provocar los incendios forestales. Pero el pueblo brasileño sabe que  con la bendición del presidente productores agropecuarios y terratenientes han  incendiado los  bosques  para disponer de  grandes espacios de tierra que les permitan impulsar sus negocios. En el gigante sudamericano  los crímenes contra el ambiente se desatan por turbios Intereses políticos y económicos.

El estado de  California de los Estados Unidos empieza el año 2020 en situación de alerta después que el fuego devastador, desencadenado en el 2019, obligó a 200.000 personas a evacuar sus viviendas y un millón se quedaron sin luz, llevando a las autoridades a declarar la emergencia en todo el estado. Los incendios forestales son un fantasma que somete cada año a los californianos.  En el año  2018  las llamas producidas por 8.500 incendios forestales mataron alrededor de 100 personas, afectaron a cerca de 800.000 mil hectáreas y destruyeron más de 20 mil viviendas. El ‘Camp Fire’, registrado en noviembre de ese año, se considera como el peor de la historia de California. 

Las llamas penetran en los lugares más insólitos. En agosto del año anterior se tomaron la región congelada de Siberia emitiendo más de 160 millones de toneladas de dióxido de carbono y generando una masa de humo que se extendía por más de 5 millones de km². En Bolivia se quemaron más de medio millón de hectáreas, produciendo una copiosa cantidad de humo que cubría el sur del país y parte de Paraguay. En la isla de Gran Canaria, España, durante una semana los incendios calcinaron cerca de 11.000 hectáreas, afectando especies únicas de plantas y animales y obligaron evacuar a cerca de 10.000 personas.

La contaminación del ambiente y los incendios forestales siguen imparables. Las llamas no han logrado destruir la contaminación ni iluminar las mentes de los hombres  para que detengan el proceso destructivo.  Incendios, cambio climático, altas temperaturas oceánicas son  una cadena que estrangula al mundo.

Contaminar es fácil y es gratis. Contralor sus efectos es altamente costoso, por eso nadie quiere hacerlo a pesar de que es tarea de todos. Una voz clama: «La humanidad debería convertir la acción climática en su principal prioridad, por encima del crecimiento económico”.  El eco se pierde en el desierto. Quiere subir al cielo, pero el calentamiento del planeta  lo asfixia y lo hunde en el infierno.

En mi casa hay un animal galáctico

Debe haberse descolgado de la constelación de Orión o de la Osa menor.   Cuando llegó era un renacuajo enfermo pero hoy se ha convertido en un perro muy extraño. Con cielo azul o cielo negro él está sonreído. Se alegra cuando estoy contento  y cuando amanezco con cara larga se inventa extraños ademanes para borrar el rictus de mi rostro. Ayer le cambié el viejo arnés,  raído y cascado,  que se ponía para salir de paseo, y se convirtió en un  torbellino de contento.  Él es feliz con casi nada.                                                                                                                                                         

Cuando salgo con el perro al parque a dar un breve paseo convierte el césped en pasarela y se exhibe ante los niños con esos movimientos de danzarina árabe que muestra cuando está contento. Los pequeños dejan sus columpios para acercarse a él. La cara de niño viejo del can rompe el miedo que suele inspirar su porte grande y fornido.                                                                                                            -¡Qué hermoso perrito!  -Tiene la cabeza muy grande pero linda carita. -¿Puedo tocarle?                        

Tres loquillos envueltos en el extraño sol de enero que ha invadido el parque corretean como viejos amigos. Oguh, agachado, con cara de chiquillo sumiso  recibe los arrumacos de sus compañeros de juego. Después se tira en la hierba reciprocando las caricias con esos revolcones festivos que se inventa cuando está  feliz.                                                                                                              

Nada le pone  tan dichoso como salir de paseo. Cuando mira los árboles quiere ser pájaro, quiere ser viento para jugar con las ramas. Y cuando se encuentra con los niños  no es perro, tampoco es humano. Es niño tierno y juguetón. De vuelta a casa yo me tiendo a descansar en la hierba caliente y el perro desaparece. Después rompe mi siesta con un  topetón en mis piernas. Trae en su hocico una pequeña mata de  hierba con flor amarilla  que ha encontrado en el jardín. Sonríe, quiere agradecer. Oguh me desconcierta.                                                                                                                              

El perro es feliz porque no aguarda nada, no sueña nada  y no espera  llegar al cielo. Los animales como él  solo viven para regalar vida a los que aman. Su breve existencia  de perro le ha devorado muchos de sus pocos años y, es posible, que se vaya en cualquier momento.  Pero no se irá cuando se vaya. Cuando el sol se asome en el jardín seguirá revolcándose en la grama  y buscando ramitas de hierba para agradecer la comida, los paseos y regalillos simples  como un nuevo  arnés.

La niña indignada que se convirtió en el personaje del 2019

Greta Thunberg,  una pequeña y frágil adolescente de trenzas rubias y rostro indignado, se atrevió a condenar  a los líderes mundiales  reunidos en la Cumbre sobre la Acción Climática de Naciones Unidas, enrostrándoles  que han robado sus sueños y los de su generación. “La gente está muriendo, ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva, y de lo único que ustedes pueden hablar es de dinero».  

La voz de la joven sueca de 16 años, conmovió a  pocos líderes y enfureció a otros. Pero lideró a los jóvenes dispuestos a rechazar en las calles el calentamiento global y motivó a millones de personas para unirse a “la huelga climática»  La revista Time la eligió como el personaje del año 2019, relievando el coraje de la activista: “Greta Thunberg se ha convertido en la voz más convincente sobre el tema más importante que enfrenta hoy el planeta”.  A través de Greta la publicación estadounidense reconoció la valentía de jóvenes y adolescentes decididos a combatir la desidia de los líderes del mundo que se niegan a enfrentar  el desastre  ambiental.

Hasta que aparecieron los detractores. El  presidente de los Estados Unidos, uno de los candidatos de Time para personaje del año 2019, no tuvo reparo en agredir y provocar a la niña. Tras el nombramiento de Time Donald Trump se burló de la activista en un tweet: «Tan ridículo, ¡Greta debe trabajar en su problema de manejo de la ira y luego ir a una buena película a la antigua con un amigo! ¡Relájate, Greta, relájate!”. Trump, el líder que siempre  ha sostenido que el cambio climático es un engaño, pasó fugazmente por la cumbre climática de la ONU. Después de sólo 15 minutos desapareció de la reunión.

Los cortos años de Greta no le han impedido ver que en la segunda década del siglo XXI el mundo ha sufrido asustado el sobrecalentamiento planetario. Por eso denunció a gritos las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera, que han provocado un aumento alarmante de la temperatura, precipitaciones altas e inundaciones, olas de calor sofocantes que afectaron la vida y la salud de mucha gente,  incendios forestales que arrasaron cientos de miles de hectáreas de vegetación, disminución de la producción de alimentos que amenaza la seguridad alimentaria.

Thunberg empezó su batalla en 2018 después que una ola de calor  generó decenas de incendios forestales que destruyeron miles de hectáreas de vegetación en Suecia. “Estoy acá para decirles que nuestro hogar está ardiendo», clamó en el Foro Económico Mundial.  Y un año más tarde,  en la cumbre de la ONU, enfrentó con coraje  a los líderes allí reunidos: «No son lo suficientemente maduros para decir las cosas como son. Esa carga nos la dejan a nosotros, los niños… Nos están fallando. Pero los jóvenes están empezando a entender su traición”.

Tampoco exculpó a sus progenitores: “Nuestros padres discuten el final de Juego de Tronos mientras el planeta se quema». Y no se quedó enredada en lamentaciones.  «No podemos esperar a que gente como yo crezca y seamos los que estemos a cargo de todo; hay que actuar ahora. Cuando sea lo suficientemente mayor para convertirme en política, ya será demasiado tarde».

Los mass media han convertido a Greta en heroína, pero ella es apenas una niña armada de coraje para denunciar las secuelas del calentamiento global que alarma a los chicos de su generación. Su reclamo no es nuevo. Varios años atrás, la satírica  Lisa Simpson, a través de esa reconocida serie animada, ya hizo un llamado a los líderes mundiales para enfrentar el cambio climático: “Todo este maldito sistema está mal”.  

Ahora la adolescente sueca con Síndrome de Asperger, un trastorno del desarrollo que produce alteraciones neurobiológicas en el procesamiento de la información, persiste en su lucha  hasta concientizar al mundo que «esta es la crisis más importante que ha enfrentado la humanidad jamás». Terca y obsesiva,  Greta ha hecho una fortaleza de su mal: «Tengo Asperger y eso significa que a veces soy un poco diferente de la norma. Y ser diferente es un superpoder»  

EE.UU., China, Rusia, Brasil, la India, Alemania y Reino Unido, países responsables de más del 60% del calentamiento global, ocurrido en los últimos cien años, guardan silencio cómplice. A ellos poco les importa el tema ambiental. Tampoco a las decenas de detractores que sostienen que Greta Thunberg es títere de políticos y empresarios inescrupulosos que buscan enriquecerse “con el cuento de la lucha medioambiental”; y de instituciones que intentan manipular a la niña  para propalar un falso calentamiento global.

Detrás de esos actores una poderosa mafia secreta se mueve en las sombras creando un remolino de especulaciones que desorientan y confunden y empujando a políticos y negociantes corruptos a vender la idea de que el desastre ambiental es una  mentira inventada para abrir paso a una red de control universal diseñada para dominar el planeta en nombre del medio ambiente. 

La niña que tejió en sus trenzas la angustia  de ver un planeta que se destruye cada día mantiene la cara enojada y se agita cada vez que sale a las calles o se aposta en las veredas para empujar a los adultos a defender este planeta que pertenece a todos y que lo están matando criminales que persiguen siniestros propósitos.

Navidad el día más triste del año

El sonido del despertador puso de nuevo a Charlie frente a la soledad. Desayunó solo y se encaminó a la jaula metálica de 4 metros cuadrados en donde pasaría el día de Navidad. Transportando  de piso en piso la indiferencia de la gente el ascensorista sintió como nunca el dolor del abandono. Entonces pensó: “El día de Navidad es el día más triste del año” 

Triste historia ésta, pero solo es la ficción de un escritor gringo llamado John Cheever. Porque Navidad es la  fiesta mágica que  hace danzar a los niños y a la familia alrededor del árbol. La fiesta de los villancicos que cuelgan de los árboles y se balancean en las estrellas. La de las luces multicolores que iluminan las cenas perfumadas de lechón y pavo. La de la generosa competencia de regalos. La fiesta más bella del año que los niños y los niños viejos no  quisieran que termine nunca.

Navidad es la fiesta universal de los niños, porque en Navidad todos son niños buenos. Buenos para cantar, buenos para reír, buenos para bailar, buenos para festejar, buenos para regalar. Buenos para vestirse de buenos y sentirse buenos. Yo también daré y recibiré regalos en esta Navidad. Y, a lo mejor, me sienta bueno también. Pero volveré  a sufrir la tristeza de la Navidad. 

La Navidad será triste mientras haya Charlies que despierten solos, coman solos y se sientan solos en medio del bullicio, como en el cuento de John Cheever. Será triste mientras los hombres y mujeres que deambulan buscando limosnas para poder comer no puedan abrazar a sus hijos en la noche de paz. Mientras  haya niños chupándose los dedos frente a las vitrinas de juguetes y niños que recogen las sobras que dejan en la mesa las cenas de Navidad.  Mientras haya huérfanos que estiran los brazos buscando migajas de amor y de ternura.  Mientras haya hombres y mujeres que beben miseria y mastican hambre. Mientras haya madres con angustia, trabajadores sin trabajo, niños sin esperanza.  Mientras haya impenitentes cazadores de felicidad que no la encontrarán en esta Navidad                                                                   

Pero los villancicos seguirán enterneciendo a la gente. Las gingle bells continuarán anunciando el nacimiento. Los peces en el río seguirán bebiendo y bebiendo y volverán a beber  “por ver a Dios nacer”. Rodolfo el reno seguirá entreteniendo a los niños con su nariz “roja como la grana”. El burrito sabanero continuará trotando por el camino que lleva a Belén. El pastorcito del tambor seguirá golpeando su viejo instrumento hasta llegar “a ver su rey”.

La estrella seguirá brillando pero se perderá en la noche porque la noche de paz está enferma. Y el “niñito bonito, manojo de flores”  seguirá llorando por los pecadores. El pobre bebé estará triste, pasará tiritando, llorará y llorará toda la noche junto a los millones de guaguas que también lloran y se mueren de frío como él.

Los cánticos de Navidad ya no serán alegres campanitas que exaltan el nacimiento. Un Adagio romperá  los arpegios con el dolor de los desterrados del paraíso. La Navidad del niño Jesús  no será  noche de paz ni de amor. Será noche de tristeza  porque el amor se ha esfumado,  la solidaridad  ha  desaparecido, y la ternura se ha muerto.

Adagio de Albinoni

Los mitos del nacimiento de Jesús

El nacimiento de Jesucristo, una de las celebraciones más grandes del mundo occidental, se basa en suposiciones, aproximaciones y leyendas. La historia no menciona que Jesús nació el 25 de diciembre, tampoco que ocurrió en Belén. Y su nombre no era Jesús sino Yeshua.

Los evangelistas que escribieron los evangelios un siglo después de la muerte de Jesús no dan fechas. Mateo y Lucas son imprecisos y contradictorios, mientras que Marcos y Juan no abordan  el tema y empiezan sus narraciones cuando Jesús  ya era adulto.  Sin embargo, estudiosos de la biblia sostienen que, aplicando el calendario hebreo, Yeshua  habría nacido en el mes  Tishrei (septiembre-octubre), en el cual se celebraba la fiesta de Sukkot, conocida como «Fiesta de los Tabernáculos», que se realizaba del 15 al 23 de Tishrei.                                                                                                                                                    

Respecto del lugar de nacimiento, Lucas no señala que nació en Belén. Solo dice que María y José vivían en Nazaret (Galilea) y  viajaron hasta Belén (Judea) para registrarse para el censo de impuestos, puesto que José era originario de aquel lugar. “En esos días, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de la Siria. Todos iban a inscribirse a sus respectivas ciudades. También José…”                                                                                               

El origen de la navidad no es cristiano sino pagano. La celebración nace en las fiestas que los romanos realizaban entre el 17 y 23 de diciembre para conmemorar el nacimiento del Sol  (“Natalis solis invicti”) observando un edicto que expidió el emperador Aureliano en el año 274 d.C.  En esas fechas el pueblo decoraba sus hogares, preparaba  copiosas comidas y ofrecía regalos a los niños y a los necesitados. Coincidiendo con las  fiestas romanas el Papa Liberio instauró el 25 de diciembre la celebración del nacimiento de Jesús.                                                                                                  

Cuando el cristianismo se extendió en el Imperio Romano el rey Justiniano declaró la navidad como fiesta cívica. En la Edad Media las fiestas navideñas se celebraban durante doce días, desde el 25 de diciembre hasta el 6 de enero. A partir del siglo V las celebraciones se extendieron en el mundo a través de un sacerdote cristiano de origen alemán conocido como Nikolaus, quien en el mes de diciembre  viajaba repartiendo regalos a los necesitados.  Después que Nicolás fuera nombrado por la iglesia cristiana como patrono de los niños  y los marineros en Rusia y Grecia, su fama se extendió por occidente y se convirtió en leyenda. En los países hispanoparlantes lo conocían como Papá Noel, los franceses lo llamaban Pere Nöel (Padre de la Navidad), en Estados Unidos y los países angloparlantes lo bautizaron como Santa Claus.

Otro de los grandes propagadores de la navidad en el mundo es Francisco de Asís quien construyó una pequeña casa de paja, colocó en su interior un pesebre y puso junto al pesebre un buey y un asno cedidos por los campesinos de su pueblo.  La idea del fraile se propagó por Italia, España y el resto de la Europa católica. En el siglo XVI  los franciscanos llevaron el pesebre a América  y lograron instalar las alegorías en los pueblos de Latinoamérica.  El pesebre de Francisco de Asís  empezó e resurgir cada año en los templos y hogares de las comunidades  cristianas del nuevo mundo, adornado de villancicos.  

También el árbol de navidad ha contribuido a difundir esta fiesta en el mundo occidental. Pero el  árbol de navidad no se origina entre los cristianos sino entre los habitantes del norte de Europa. Los  pobladores de esta región celebraban cada año el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, con un árbol  de pino que lo llenaban de adornos  en fechas cercanas al mes de diciembre. Para los campesinos del norte de Europa el pino y el abeto eran árboles sagrados porque  simbolizaban el árbol del Universo. Los  alemanes lo consideraban como el árbol del Paraíso y la Luz de la Navidad. Tras observar estas costumbres los cristianos también decidieron adoptar un árbol para celebrar su fiesta de Navidad.

Con pesebres, arbolitos, misas del Niño y Papá Noel la navidad ha viajado en el tiempo y ha llegado al siglo XXI envuelta en tradiciones, mitos  y leyendas. La celebración navideña se ha convertido en  institución importante del mundo cristiano y también del mundo comercial. Desde el siglo XX la navidad dejó de ser fiesta pagana y fiesta cristiana para convertirse en celebración comercial. El consumismo se ha tomado la conmemoración para imponer  una vorágine de compras que  se han constituido en  el signo de la navidad de hoy.

Quito no se fundó el 6 de diciembre

Quito, la bella  capital del Ecuador levantada en el centro del mundo, cumple 485 años de fundación. Pero la ciudad española no se fundó  el 6 de diciembre, por Sebastián de Benalcázar, como suponen algunos, sino el 28 de agosto, por el conquistador Diego de Almagro. Esto no impidió que hace  70 años los quiteños decidieran celebrar  la fundación de Quito el 6 de diciembre de cada año.

La confusión de fechas surgió  desde el entusiasmo de un artista bohemio y un periodista que en 1956 concibieron la realización de una serenata en honor a la ciudad. Al artista y al periodista se sumó un diario de la ciudad que difundió la idea entre los quiteños. Vecinos de muchos barrios crearon las fiestas para celebrar la fundación de Quito el 5 de diciembre de 1959 cuando inundaron  calles y plazas con música y danza y lanzaron la primera serenata quiteña.                                                                                              

La Quito altiva, alegre y soñadora crece desde tiempos remotos rodeada de fantasías y leyendas creadas por el ingenio de su gente y sus artistas. Pero no podemos falsear el acta de fundación ni los hechos que registra la historia: el 15 de agosto de 1534, Diego de Almagro funda  la ciudad de “Santiago de Quito”, en lo que ahora conocemos como Riobamba; el 28 de agosto el mismo Almagro funda  la Villa de San Francisco de Quito, en la llanura de Riobamba, disponiendo a Benalcázar que la  mueva al sitio conocido por los indios como Quito. El 5 de diciembre de 1534 Sebastián de Benalcázar llega a Turubamba, en donde pernocta; el día 6 de diciembre arriba a Quito y, cumpliendo la orden de Almagro, realiza el asentamiento de la ciudad.

Los conquistadores se tardaron 5 meses para llegar a Quito porque en el camino debieron enfrentar a los ejércitos del general Rumiñahui. Y lo que encontraron no fue  la ciudad quitu incásica que suponían, sino las cenizas humeantes que les había dejado Rumiñahui, que ante la subyugación de los conquistadores decidió  cobrarles su invasión.                  

El 6 de diciembre “únicamente se dio, por parte de Sebastián de Benalcázar, el acto de posesión física de la ya fundada villa”,  según el Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica (IECH), que ha establecido que el 28 de agosto de 1534 es la única fecha de fundación de la entonces villa y hoy ciudad. Las fechas son corroboradas por el historiador  Ricardo Descalzi que en su obra La Real Audiencia de Quito claustro en los Andes,  señala que “el 6 de diciembre de 1534 Benalcázar instaló la ciudad de San Francisco de Quito, fundada el 28 de agosto del mismo año por Almagro”.

Los quiteños están celebrando siete décadas de las fiestas que crearon para festejar a la ciudad. En la atmósfera  de Quito se respira jovialidad y hospitalidad. La ciudad se desborda de algarabía que estalla en todos los barrios; artistas locales y de otros países se unen para cantar a la urbe;  desfiles coloridos muestran a los visitantes la diversidad cultural; exposiciones de artesanías y manualidades exhiben la creatividad de los artesanos locales; bailes y canelazos (bebida tradicional elaborada con canela, azúcar, alcohol y zumo de frutas) elevan la exaltación de anfitriones y participantes.

Hace 485 años Sebastián de Benalcázar posesionó a los primeros habitantes de Quito en la villa recién fundada rodeado de una atmósfera opacada por el incendio que les dejó el cacique Rumiñahui. Hoy los quiteños se han preparado para la celebración barriendo de su cielo azul las manchas espesas que dejaron  las hordas de vándalos, presididas por falsos caciques indios y otros subversivos que se atrevieron a destruir las piedras patrimoniales labradas por indígenas y mestizos de la colonia y a atentar contra monumentos sagrados construidos  hace cerca de 500 años. Estas fiestas son una celebración y también un desagravio a la ciudad centenaria. Quito se seguirá engrandeciendo cada año con el optimismo, la fe y el trabajo de sus habitantes. Y los caciques bárbaros no volverán.

La legisladora desnuda

Su rostro destila candidez ensayada y deja asomar un  mohín que se resbala por la mirada apacible y tímida (¿?) hasta tropezarse con la boca entreabierta que no puede disimular un gesto burlón; el seno mínimo no muestra casi nada pero calienta la imaginación; la espalda desnuda no la ve nadie porque apenas es una pizarra de piel para estampar una frase. Y el mensaje tampoco convence.   Cuando la asambleísta guayaquileña cuarentona, mostró en twitter  su espalda descubierta  para escribir un mensaje que condena la violencia contra la mujer, algunos la cayeron a palazos y un torpe amigo la puso al descubierto. “Aplausos compañera. Resistiremos y venceremos”.

“Me apena que te escandalice mi espalda descubierta y no la violencia que vivimos a diario” respondía Marcela, la militante correísta, a quienes la criticaban en las redes sociales. ¿Te apena? ¿Por qué? Si es eso lo que buscabas: escandalizar.

Pero ella insistía: “a nosotras nos ofende la indiferencia de una sociedad que nos violenta, acosa y persigue”. Haciendo coro con organismos internacionales recita poemas líricos sobre la vulneración de los derechos de las mujeres pero no habla de los femicidios y de los acosos que se cometen a diario en muchas ciudades del país.  Y prefiere ignorar a mujeres como las agentes que fueron secuestradas, golpeadas, apedreadas, vejadas y agredidas por los secuestradores indígenas en  los nefastos días de la movilización de octubre.  ¿No te quedó, Marcela,  un pedazo de espalda o de otra parte del cuerpo para reivindicar los derechos de las mujeres policías que ante la barbarie de los abusadores gritaban “prefiero estar muerta que ser violada”?

Más que defensora de los derechos humanos la asambleísta es reivindicadora de lo que llaman Revolución Ciudadana, el inefable grupo que creció al ritmo de las delirantes pesadillas del hoy prófugo de la  justicia que no se cansa de conspirar  a pesar de las derrotas que lo ponen fuera  de la escena política.

No se concibe que mujeres al parecer inteligentes se hayan convertido en sumisas servidoras de un ex gobernante inescrupuloso que les utilizó como objetos para sus fines indignos y que descaradamente declaraba que la equidad de género no sirve para mejorar la democracia pero sí para mejorar la farra. La razón se tuerce al observar que siguen prestando sus mentes y sus cuerpos para defender a sujetos despreciables. ¿Cuál es la razón poderosa que les lleva a luchar a brazo partido para salvar a un movimiento político que se hunde en el escándalo  por el peso de la corrupción?

La legisladora está lejos de las mujeres que se lanzan a la calle a exponer sus cuerpos y sus vidas para reivindicar causas que consideran justas. Sonrisita ingenua, espalda pintada en  computadora, cuerpo de modelo posando ante la cámara, Marcela consiguió lo que buscaba: llamar la atención  de curiosos, amigos, enemigos, especuladores que hablen  bien o mal de ella. Y también de periodistas y blogueros que  hemos caído en la tentación de escribir sobre el tema.    ¿Salvataje angustiado? Más bien golpe de efecto del asesor político que ha logrado momentáneamente distraer al público de los escándalos que se ventilan en la Fiscalía General del Estado y en las cortes de justicia.

Las mujeres policías no tienen derechos

Ecuador no se atreverá a celebrar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer mientras no se haga justicia a Amparo, Jacqueline, María José y  Johanna, las mujeres policías agredidas física y mentalmente, sexualmente ultrajadas y amenazadas de muerte durante los brutales sucesos de la movilización indígena del mes de octubre anterior.

En este país, desde hace un mes y medio,  la justicio es una dama ciega que camina entre sombras tropezándose con la atmósfera tóxica que manchó la vida de la gente en los días aciagos de la primera mitad del  mes de  octubre. Y la paz es una enferma que se mueve en silla de ruedas.

Los hechos que trajeron violencia y vergüenza al país están en camino de esclarecimiento y sanción. Las agentes que fueron víctimas del secuestro y agresión sexual han entregado crudos testimonios a los agentes fiscales. Y también a medios de prensa.

Octubre 10, Pujilí (Cotopaxí). Una policía con grado de Sargento segundo contó que después de ser retenida,  junto a otros agentes,  por un grupo de indios enardecidos, los captores les culpaban de la muerte de algunos de sus hermanos que perecieron en circunstancias aún no esclarecidas por la justicia. A las mujeres les amarraron con cuerdas de cabuya, les taparon los ojos, les apretaron los senos y les partes intimas, mientras gritaban que iban a violarlas y matarlas. La mujer estrangulaba su dolor para rogar a los secuestradores que le dejen libre porque sus dos hijos adolescentes la necesitan 

Otra policía con grado de Sargento, víctima del mismo secuestro, narró que a las dos agentes les amenazaron con violarlas y quemarlas. Les cayeron a golpes y palazos. La agente mostró   las evidencias que dejaron los golpes que han quedado en todo su cuerpo. Ahora arrastra la tortura de curar los daños sicológicos de su hija de 8 años que se enteró de todo lo sucedido.

Octubre 12, Calderón (Norte de Quito). Una joven policía del grupo motorizado señala que fue capturada junto con otros cincuenta agentes. Les llevaron al estadio de la parroquia, les encerraron en un camerino donde les despojaron de las prendas policiales. A las agentes les manosearon el busto y las nalgas. Presa de la desesperación fingió estar embarazada, pero no logró calmar a los vándalos y fue amenazada de quemarla junto con sus compañeros. Policía pero mujer frágil, como muchas mujeres, la agente no pudo controlar las lágrimas.

Una policía con grado de Cabo, oriunda de Esmeraldas, narra que a través de las redes sociales su hijo y su familia quedaron horrorizados al ver imágenes de facebook que mostraban  su cabeza partida, su rostro y su cuerpo ensangrentados. La agente fue capturada en Guayllabamba en medio de amenazas de muerte. A ella y al grupo de policías les echaron gasolina con la intención de quemarles.

Las agentes que aprendieron a enfrentar con reciedumbre las duras exigencias de su profesión han sido doblegadas por la brutalidad de los secuestradores. Cazadas por las hordas desbocadas, lanzadas al piso, pateadas, apedreadas, vejadas y agredidas en sus más elementales derechos no tienen organizaciones que les defiendan. Los organismos de derechos humanos defienden los derechos de los débiles y los delincuentes. Pero los “chapas” no tienen derechos humanos. Y menos las mujeres policías. Por eso los inefables dirigentes del paro continúan exigiendo impunidad para sus compañeros acusados de crímenes que han sido detenidos y esperan los procesos de los órganos de justicia. ¡Viva la justicia! O ¡Viva el chantaje?

 Fuente: Diario la Hora

Los indios gobiernan el Ecuador

No, no lo gobiernan, pero lo pretenden. Hace un mes llegaron a la ciudad de Quito  vandálicos y violentos. Sometieron al Presidente y le obligaron a derogar el decreto 883 que suprimía los subsidios de los combustibles. Se comprometieron  a dialogar en busca de un acuerdo y cuando ya no les convenía  abandonaron las conversaciones y pasaron de la violencia al chantaje: el dirigente Jaime Vargas amenazó a la Asamblea Nacional que si no acepta la propuesta económica,  tal cual  se la presentó, volverán a movilizarse. Quieren imponer sus pretensiones a las patadas.

La población indígena no es un problema para la gobernabilidad. Sí lo son sus dirigentes. Los que pidieron retirar el apoyo al presidente de la República; los que secuestraron a militares, policías y periodistas; los que ordenaron la toma de pozos petroleros; los que anunciaron la creación de un ejército indígena. Los que respondieron con sarcasmos a los asambleístas que les preguntaron sobre  los vejámenes a policías y los abusos sexuales a las  mujeres policías.  Los que pretendieron hacerse los tontos ante las evidencias de los delitos que les enrostraron los legisladores. Los amnésicos. Los que tratan de impedir con amenazas que los mandatarios cumplan sus funciones en las comunidades indígenas. Los que exigen la salida de magistrados y ministros que no actúan de acuerdo a sus intereses. Los que no quieren responder por  sus delitos ante la justicia.

Si hace un mes utilizaron el caos y la violencia para aterrorizar a la población y obligar al gobierno a retirar el polémico decreto 883 no podrán ahora volver a imponerse con las armas del cinismo, la desvergüenza y la sinrazón. Fiscales y jueces seguirán trabajando para encausar a los culpables e impedir que la ley de la selva se asiente en el Ecuador. Y las fuerzas del orden no serán burladas de nuevo ni permitirán que la anarquía y el caos vuelvan a caminar  por las calles y ciudades del país. Las declaraciones del nuevo jefe del Comando Conjunto, Luis Lara Jaramillo, son terminantes:  “No podemos, no debemos pasar por alto esta demostración de fuerza de grupos internos y transnacionales que quieren imponer un modelo que atenta contra los principios democráticos básicos, vulnera la Constitución y pone en alto riesgo la convivencia social”

Los indígenas apenas representan el 7 por ciento de la población del Ecuador. Eso les ha impedido captar el poder que lo vienen buscando desde hace décadas. Por eso ahora quieren hacerlo de facto y con los votos de la subversión y la sedición. Los dirigentes usan a las bases para impulsar sus ambiciones pero no luchan por los hermanos de raza que enfrentan duros problemas para cultivar sus pequeñas parcelas de tierra y deben enviar a sus hijos a la escuela con largas caminatas; tampoco a los que viven en las ciudades minando en los basureros o vendiendo baratijas en las calles.

Los dirigentes de la Conaie desconocen la palabra honestidad y se han olvidado del “ama llulla”, precepto fundamental de los pueblos ancestrales, porque mienten con descaro. No se justifican sus actitudes cínicas y antidemocráticas,  pero es inadmisible que la población indígena siga sometida por la pobreza, la marginación y la desigualdad. Si el Estado democrático que les cobija continúa  ignorando sus derechos y no les permite una vida digna, igual  que a los demás ecuatorianos, dirigentes bravucones, alevosos y violentos seguirán transitando por la escena política del país.

INSOMNIO DE LUNA

La ciudad duerme. Todos duermen. En la noche de Quito llueve, llueve. Yo sonambulo por la casa y me encuentro con el fantasma de César Vallejo. “Esta tarde llueve, como nunca; y no / tengo ganas de vivir, corazón. / Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser? / Viste de gracia y pena; viste de mujer”. No jodas Vallejo. Esta tarde es noche con sabor a nada. No viste nada, está fría, fría y desnuda.  Y no es la noche, ni la ciudad dormida, ni Vallejo, ni la lluvia. Son las depresiones obsesivas y los fantasmas que me habitan.

La ansiedad me atrapa, la depresión me asfixia. Hasta que aparece Beethoven con la Sonata para piano N.º 14 “Quasi una fantasia” (Claro de luna) que compuso hace 220 años para Giulietta Guicciardi, su condesita adolescente.  Si, es Ludwig van, el mismo que le confidenciaba a uno de sus amigos: «Mi débil oído hace que huya de la gente. Tengo que aparentar ser misántropo. Pero soy feliz, gracias a una joven que me quiere y la quiero».

Beethoven resurge en su “Quasi una fantasia” destilando angustia por el amor soñado de Giulietta que se tornó inviable hasta que la niña se casó con otro hombre. Pero enfrenta a la ansiedad: la deja salir con lentitud estremecedora, luego la inmoviliza y busca la serenidad tras la tormenta.  El frenesí huracanado  del tercer movimiento me lanza contra la pared y me muestra el abismo que se abre entre el dolor melancólico del Adagio del primer movimiento y la desesperación que se rompe en los agudos violentos del Presto agitato. Las olas pulverizadas sobre la roca de piedra se desmayan  sobre mi insomnio.  Las convulsiones que atormentaron al amante de la condesa Guicciardi  han danzado una larga angustia en las teclas del piano. Pero han dejado  que los arpegios finales de la sonata rieguen sosiego en la casa oscura. El terapeuta sordo me ha exorcisado de mis males mentales  Y el piano me reembarca en el planeta del sueño.