El amor imposible de Chopin y George Sand                               

“¡Qué persona más falta de atractivo! ¿Es realmente una mujer?” comentaba Fréderic Chopin cuando vio por primera vez a George Sand, mientras la famosa escritora confidenciaba a una amiga: “Ese señor Chopin, ¿es una niña?”.          

Detrás de los desdeñosos comentarios estaba la trampa del amor que uniría al virtuoso pianista y compositor polaco y a la controvertida escritora francesa después que fueron presentados por Franz Liszt en el otoño de 1836.                   

La tormentosa relación que protagonizaron estos personajes se retrata en la película Chopin, un amor imposible, (Chopin Pragnienie Milosci, 2002), dirigida por Jerzy Antczak, que reflexiona sobre la torpeza de los seres humanos para construir un amor estable y duradero.        

Promiscua, extravagante, rebelde Aurore Dupin -que se hacía llamar George Sand- escandalizaba a la sociedad parisina con sus trajes masculinos, su afición a los cigarros y su desparpajo para coleccionar amantes. Su desarreglada figura contrastaba con la conducta antisocial y la apariencia tímida de Chopin que algunos calificaban como amanerada y torpe.

Entre la historia y la leyenda la cinta de amor, celos y engaños que dirige Antczak exhibe las virtudes y debilidades de los amantes que empezaron haciendo mutuos renunciamientos para entregarse con intensidad a su idilio: Chopin se apartó de su novia Maria Wodzińska y George Sand renunció al  celoso escritor Félicien Mallefille, su amante de turno.                     

El prodigioso pianista, que se convertiría en uno de los músicos más admirados de Francia y Europa, era un saco de males: presentaba síntomas respiratorios que generaban cefalea y dolor torácico; sufría de tos recurrente que en ocasiones le traía fiebre; enfermaba con frecuencia de bronquitis, laringitis e influenza; la  comida con grasas le provocaba indigestión y diarrea.           

A las dolencias físicas se añadían los brotes de melancolía, esquizofrenia, alucinaciones y otros trastornos psiquiátricos que mortificaban al compositor. Sus fragilidades demandaban el cuidado de una enfermera, una nana, una madre y una amante. Sand se convirtió en todo eso atenuando esos males y mitigando la sed de ternura de su amado Frederic.   

El pianista y la escritora nunca pensaron que la pasión podría agotarse y el amor acabar. El romance se rompió el día que Solange, la hija adolescente de Sand, dejó el hogar por un artista mayor a ella recibiendo la condena de su madre que no quería perdonarla. Cuando Chopin trató de proteger a la muchacha y de mediar Sand se sintió ofendida y la relación empezó a desmoronarse sin remedio.            

Fréderic y Aurore se separaron tras una aventura romántica intensa y tormentosa que duró 9 años, marcó su historia e influyó de manera vigorosa en la producción artística y literaria de los dos. El compositor murió en París, a los 39 años y la escritora vivió hasta los 72. Chopin había abandonado Varsovia a los 20 años, nunca volvió a su Polonia natal y su cadáver yace en el Cementerio de Pére-Lachaise de la capital francesa, aunque sus compatriotas extrajeron el  corazón del músico y lo conservan en un frasco de alcohol en la iglesia de la Santa Cruz de Varsovia.                                                                                                                                   

Considerada como una de las escritoras más notables del romanticismo francés, George Sand ha pasado a la historia como una adelantada de su tiempo que se atrevió a subvertir las normas convirtiéndose en precursora del feminismo, logrando trascender en lo artístico, lo político y lo social.                             

Pianista virtuoso dueño de lirismo profundo y técnica perfecta, Chopin ha legado un repertorio pianístico de excepcional dimensión. Más allá del romanticismo, con que se lo ha etiquetado, el artista  polaco se ha convertido en una de las grandes figuras de la música universal. Sus baladas, nocturnos, scherzos y otros géneros que abordó con talento y pasión han logrado trascender el tiempo 200 años después.

F. Chopin, Balada No. 3 en Fa mayor: piano, Cristian Zimerman

Femicidio en una sociedad podrida                                          

El autor del crimen brutal de María Belén Bernal no es un monstruo engendrado en las tinieblas. Es un ser que ha crecido y vivido en medio de la corrupción y la violencia de una sociedad podrida. Y que quizá aprendió a pensar como Michael Corleone, el hijo mafioso del capo de la película El Padrino: “Si algo nos ha enseñado la historia es que se puede matar a cualquiera.”   

El Ecuador vive una cultura de la violencia donde se puede insultar, agredir, matar y seguir transitando como si nada hubiese ocurrido porque todo se puede comprar, también la justicia y la impunidad.

Esa cultura que se ha germinado desde la familia, la escuela, el trabajo tomó cuerpo 15 años atrás cuando desde el poder se agredía al que piensa distinto, se mofaba de las mujeres, se enseñaba a odiar y se acomodaban las leyes para aparentar un Estado de derecho, donde se delinque legalmente y se gobierna de manera autoritaria.      

La sociedad con aptitudes corruptas se ha ido consolidando con el magisterio  de las estructuras políticas que en vez de trabajar por el bien común y la paz social han enturbiado todo institucionalizando la degradación y la desvergüenza, violando la ley y mancillando la justicia.

Parecería que en el Ecuador del s XXI hay gente que está convencida de que tiene licencia para matar: matar la justicia, matar la democracia, matar la honestidad, matar la decencia. Y si es necesario liquidar a las personas incómodas que se atraviesan en el camino.    

El país no estará tranquilo mientras no aparezca el autor del femicidio y vaya a pagar su crimen en la cárcel junto a sus cómplices y encubridores; mientras no se despejen las sospechas que pesan sobre la policía que ha caído en graves errores, omisiones y contradicciones que impiden ver la luz; mientras no desaparezcan los intentos de confundir crimen pasional o intra familiar con crimen de estado con fines utilitarios; mientras el oportunismo político deje de trepar sobre el cadáver de la víctima para buscar réditos partidistas y electorales.       

El país espera que el atroz asesinato de la joven abogada no quede abandonado en el archivo de casos sin resolver y sin sancionar. Y aspira que esta muerte brutal, que se suma a las decenas de mujeres asesinadas y ultrajadas por sus parejas sirva para frenar la violencia doméstica, la violencia familiar, el crimen organizado, el terrorismo vandálico y la delincuencia política.

Si los ecuatorianos seguimos inmersos en el letargo y la inmovilidad de una colectividad sin valores; cohabitando con el crimen, el vicio y las corruptelas del poder; tolerando los ataques de  los criminales de la política y de aquellos que no dan tregua a la desestabilización del país, solo veremos que la sociedad fracturada terminará de caer en pedazos y de consumar el último capítulo de la historia de la nación.

Saint-Saëns y la muerte del cisne                                                         

Yo Yo Ma desliza suavemente el arco del violonchelo sobre las cuerdas del instrumento. El chelista franco-estadounidense está hechizado: sus  ojos cerrados esconden lamentos que caen sobre las cuerdas y las hacen vibrar con triste dulzura. El artista se estremece y el chelo agoniza.

Mientras la música rasga el aire un cisne lánguido se desplaza por el lago inmóvil. Algo se ha quebrado dentro de su pecho. Levanta su cuello adolorido y con el último aliento emite sonidos lastimeros y silbidos extraños. Mira al cielo, sonríe y se queda inmóvil. El cisne está muerto. 

El cisne es el penúltimo movimiento de la suite El carnaval de los animales que el compositor romántico francés Camille Saint-Saëns escribió mientras veraneaba en un pueblo de Viena. El autor se sentía insatisfecho de la suite y no quiso publicarla, con excepción del décimo tercer movimiento, El cisne, que tenía factura diferente.      

136 años después El carnaval de los animales se ha convertido en la obra perfecta para iniciar a los niños y a los viejos en el mundo de la música clásica. El Carnaval de Saint-Saëns es una caricatura sonora que da vida al burro, el elefante, las tortugas y otros animales a través de las notas que se ejecutan con los instrumentos de la orquesta.         

Para construir este zoológico instrumental el compositor francés tomó en préstamo piezas de otros compositores: con la «Danse des sylphes» de Hector Berlioz recrea al elefante, utiliza el can-can de una opereta de Jacques Offennbach para dar forma a las tortugas, toma su propia composición “Danza macabra” para representar a los animales fósiles, usa dos pianos locos para escenificar una carrera desenfrenada de asnos salvajes.    

En El cisne Saint-Saëns se olvida del humor sonoro que ha derrochado con generosidad en los otros cuadros de la suite. Con dos pianos y un chelo melancólico describe la belleza de esta ave misteriosa y recrea la leyenda de que el cisne canta melodiosamente antes de morir.

Tanto en la música como en la literatura el cisne ha sido sinónimo de belleza, elegancia y delicadeza. Para el poeta nicaragüense Rubén Darío el cisne es un símbolo de la belleza y la sensualidad, y también “criatura de exquisita pureza que nos impulsa a lo espiritual”.  

En la música universal El Cisne de Saint-Saëns y el ballet El lago de los cisnes de Tchaikovsky, que narra la historia de una princesa que se transforma en un cisne blanco durante el día y por la noche toma forma humana son, quizá, las piezas clásicas que mejor han encarnado a esta ave excepcional.             

Grandes maestros del violonchelo han puesto a prueba sus talentos al recrear la bella composición de Camille Saint-Saëns. Al pie de este texto, en un video de Youtube, el chelista Yo Yo Ma despliega su técnica y su gran virtuosismo para dejarnos sentir la dulce tristeza de un cisne que canta su propio réquiem antes de morir.

 

 

 

El día que Isabel II se lanzó en paracaídas                  

Foto: https://es.dreamstime.com/

En el palacio de Bukingham el agente 007, Daniel Craig, espera que la reina Isabel II deje su oficina para trasladarse con ella al estadio Olímpico de Londres. Los 2 abordan con prisa el helicóptero que los llevará a la inauguración de los Juegos Olímpicos de 2012. Ante el atónito James Bond la monarca salta del helicóptero, en un paracaídas, y desciende justo a tiempo para dar inicio a la ceremonia de apertura de los juegos.  

El video del helicóptero, que muestra a la reina sobrevolando el estadio y simulando que se lanzaba en paracaídas, arrancó aplausos de los asistentes que festejaron el humor de Isabel II que había autorizado esa presentación antes de ingresar personalmente al acto inaugural.

Lo de los juegos olímpicos y la condecoración a los Beatles con la Medalla del Imperio Británico, en diciembre de 1964, cuando los roqueros estaban en la cúspide de su fama, demuestran la sagacidad de la monarca para penetrar en el corazón y la mente de su pueblo y el pragmatismo para poner los mass media a su servicio.         

¿Dónde radica el mítico poder de la reina más longeva de Europa que ha muerto a los 96 años luego de acumular inmensas riquezas materiales y potestades ilimitadas?      

Con una vida austera y ordenada Isabel II ha podido ejercer el liderazgo más largo de la historia de Reino Unido, gracias a la extraña estructura constitucional del imperio  y  la exagerada veneración de sus súbditos que le han permitido desbordar el poder político.   

La monarquía constitucional británica ha funcionado con una Constitución no escrita que establece que el poder político es ejercido a través del Parlamento, el primer ministro y el Gabinete, aunque la ley de la Iglesia de Inglaterra se ha atravesado: «la Reina es el principal poder de Dios en este Reino y tiene suprema autoridad sobre todas las personas tanto eclesiásticos como civiles».        

La dogmática y absolutista estructura legal construida por el imperio británico durante largos años, además de establecer que la sucesión al trono es hereditaria, concede a la soberana, entre otras facultades, convocar y disolver el Parlamento, nombrar y destituir al primer ministro y otros ministros y hasta nombrar obispos en su condición de Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra. En La práctica Isabel II ha ejercido también otras facultades que le han llevado, por ejemplo, a convertir al primer ministro en una suerte de empleado de la monarca, porque para los británicos la reina es “una pieza clave de todas las funciones del Estado”.      

Mientras la reina muerta sigue recibiendo los interminables homenajes que se prolongarán por 14 largos días, los privilegiados que han podido conocerla de cerca difunden anécdotas que muestran la faceta humana y el desconocido sentido del humor de Isabel ll, como aquella del sketch preparado para la fiesta palaciega de los 70 años en el trono, que muestra a la monarca tomando el té con el oso “Paddington”, repartiendo pasteles a los asistentes, cortando la torta con una espada ceremonial y riéndose como una niña.    

Cientos de millones de espectadores siguen embelesados las fastuosas historias de la dama que ha manejado durante 7 décadas y en pleno s. XXI a una institución decadente dueña del vasto poder acumulado durante 4 siglos. Los mensajes alienantes de los medios y las redes sociales, no permiten que la gente vaya más allá de los personajes que se mueven en el mundo oropelesco de la monarquía.

Tras la desaparición física de “la reina más poderosa de la tierra” queda la imagen adusta, inexpresiva, fría, cautelosa y sagaz de la representante de una dinastía designada por dios para gobernar a un pueblo que ha creído ciegamente en sus providenciales decisiones y que la ha mantenido -a ella y a toda la familia real- gozando de inconcebibles privilegios.  

Isabel II entra en la historia como la última figura de una tradición política que está fuera de lugar y vive un proceso de extinción en un mundo complejo y volátil que maneja lenguajes y formas diferentes y exige equidad económica y social.  

 

El amor enigmático de Brahms y Clara Schumann                              

La destreza con que el joven pianista de 20 años tocó una sonata para piano de Robert Schumann, cuando visitó al compositor alemán y su esposa Clara en su casa de Düsseldorf, dejó asombrados a la célebre pareja. “Es un mimado de las musas”, comentó el gran maestro.  

Ese día, Johannes Brahms pasó a ser el discípulo privilegiado de Schumann. Sin saberlo, entró en la vida artística y en la intimidad de Robert y Clara. Y tampoco supo que los ojos profundos de la esposa de Schumann lo estaban atrapando en las redes de un amor imposible.  

Un año después, acosado por una grave crisis nerviosa, el compositor se lanzó al Rin y luego de ser rescatado fue internado en un manicomio donde murió 2 años después. La locura y la sífilis habían terminado con la vida de Schumann. Mientras permaneció en el sanatorio Brahms lo visitaba con frecuencia y se reunía después con Clara para relatarle los avances de la enfermedad ya que ella no podía visitar a su marido por consejo de los médicos.

Una larga amistad, nutrida de estrecha correspondencia, surgió entre la viuda y el joven pianista. Al referirse al muchacho que permanecería a su lado por 40 años, Clara comentaba en carta a sus hijos: “Vino, como un verdadero amigo, a compartir todo mi dolor; fortaleció el corazón que amenazaba con romperse, elevó mi mente, animó mi espíritu cuando y donde pudo”. 

Después de enviudar Clara se dedicó a difundir la obra de su esposo, componer, dar conciertos en Alemania y otros países de Europa y cuidar a sus 7 hijos. Para Johannes ella era la mujer perfecta. Hasta que brotó el amor y le escribió: “No puedo hacer otra cosa que pensar en ti… ¿Qué me has hecho? ¿No puedes deshacer el hechizo que me has lanzado?”.  

La viuda de Schumann contestaba las cartas apasionadas de Brahms con discretos comentarios, no exentos de ternura: «Estoy esperando otra carta, mi Johannes. Si tan solo pudiera encontrar un anhelo tan dulce como tú. Solo me da dolor y llena mi corazón con una aflicción indescriptible. ¡Adiós! Piensa amablemente en Tu Clara».

El amor de Johannes Brahms  y Clara Schumann era un amor respetuoso, secreto e imposible ¿Porqué no se casaron si los dos eran libres y estaban unidos por una entrañable amistad y una profunda relación artística? Nadie lo sabe, ni se conoce si su pasión llegó a consumarse o se perdió en las fantásticas idealizaciones propias de la creación artística.   

Brahms se convirtió en el eterno enamorado de Clara a pesar de los 14 años de diferencia que los separaban. Ella también lo amaba pero se cuidaba de manifestarlo abiertamente porque la sociedad de su tiempo no podía admitir aventuras amorosas de una mujer como ella.  

Brahms volcó su pasión imposible en las composiciones con las que expresó su amor a la musa inspiradora. El sobrio e intimista Intermezzo N° 2, que forma parte de las Seis Piezas para piano Opus 118, compuesto por Brahms pocos años antes de su muerte, es una obra maestra que muestra la genialidad del compositor y compendia el amor apasionado que trasmitía a Clara en sus cartas . «Deja que mi profundo amor te reconforte, porque te quiero más que a mí mismo, más que a nadie o nada en el mundo».       

La fama del compositor hamburgués le permitió colectar numerosas admiradoras y amantes pero nunca se casó ni tuvo descendencia. Clara fue el más grande y último amor de su vida. Ella murió a los 77 años tras una larga vida entregada al arte musical donde brilló como pianista, compositora y concertista. Su amigo se fue tras ella a los pocos meses.      

200 años después, por encima de la vulgarización y las banalizaciones de críticos y especuladores, la relación de Robert Shumann, Clara Wieck-Schumann y Johannes Brahms  sigue conformando uno de los capítulos más fascinantes de la historia de la música.

Ogu se hunde sin remedio 

Perro semihundido de Goya, fragmento

La réplica del Perro semihundido de Goya que compré en el Museo del Prado de Madrid cuelga, por fin, en una de las paredes de la sala de mi casa. Conseguir ese cuadro se había convertido casi en una obsesión: al visitar el museo madrileño me acerqué al original para tocarlo y oler los pigmentos que recogieron la inspiración del pintor. Ahora lo tengo frente de mí.  

La austera pintura de Goya solo muestra la cabeza de un perro que se hunde en una pendiente. El animal parece que reflota. O que se enfrenta con alevosía al paisaje tétrico que lo rodea. O que, en medio de su fatal inconsciencia, se deja atrapar por la muerte que pende sobre su cabeza y el infierno que cubre su cuerpo.            

El perro del pintor zaragozano es más que un dibujo inerte. Rompe la tela, se escapa del marco de madera, camina por la estancia y por encima de los otros cuadros desafiando al cielo amarillo que quiere aplastarlo y al fantasma de arena densa que levanta los brazos sobre su cabeza.  

El can se disfraza de Ogu para invadir el dormitorio y meterse en mi cama. Este Ogu no es el animal bonito y sonreído que fue parte de la familia durante 14 años. Hoy está embobado, entontecido. La angustia y el dolor le arañan la cara pero no ladra, no llora, no aúlla, no escucha, mira la nada. Y no siente las partículas que penetran, envenenándolo, por los orificios secos de la nariz.                              

Ogu se está hundiendo. No es la duna del cuadro, es un mar de lodo el que quiere tragarse a mi perro. Preso de angustia me lanzo al cieno, muevo las piernas con fuerza y agito los brazos hacia delante y a los costados para alcanzado pero una fuerza maligna me jala hacia abajo. Lo llamo  por su nombre y no me escucha. El animal busca desesperadamente una tabla de salvación. Grito su nombre de nuevo y él arroja sus patas sobre mis brazos. Pero yo no puedo nadar. Mis braceadas de nadador impotente se hunden en el fango, se las traga el aire. aire.  -Tengo que rescatarte, Ogú. Tú no puedes morir. -Yo ya no existo. Eres tú el que se está ahogando.                                

La mirada atormentada del animal me destroza y el pánico me invade. Respiro con dificultad y el ritmo de mi corazón se acelera. El que se está hundiendo soy yo: el fango de aguas negras que amenazaba al perro empieza a devorarme. Un grito congelado queda suspendido en la garganta, mientras un sudor frío se resbala por mi piel y penetra en las entrañas.   

Empiezo a tragar aire y lodo, siento que la respiración está cesando y los pulmones se quedan sin aire. Una tos creciente me impide articular voz alguna y chillidos extraños salen de mi garganta. Un haz de luz invade mi cerebro, me aplasta la conciencia y me absorbe de manera inexorable.    

La noche de pesadillas se ha ido sin dejar huellas. En la pared de la sala la cabeza del perro de Goya sigue pegada al cuadro con la misma expresión de piedra congelada y se niega a reflotar o a hundirse. En el jardín Ogu descansa debajo de las hortensias con su cara bonita y su imperturbable  sonrisa.

Foto de Ogu, Archivo de Voltaire

 

Lady Rosa

La voz nostálgica del cantautor borda tu nombre en la almohada de mi tristeza, Lady Rosa. En esta noche de agosto tengo ganas de ser nuevamente un chiquillo. “Que me cuentes un cuento bonito y me hagas dormir”.

Cuéntame de las mañanas blancas cuando rompías mi pereza para dejar la cama y apurarme a la escuela.

Cuéntame de los pantalones de tirantes que me cosías en máquina prestada, de mis zapatos rotos que remendabas con tus lágrimas.

Cuéntame de los desayunos con chapo y agüita de panela, del tostado de tiesto para el refrigerio, del mote con chochos del domingo.  

Tócame con tus manos blancas, esas que secaban mi cuerpo mojado en los días de lluvia y me calentaban en las crudas noches de invierno.

Déjame oír las palabras mansas que planchaban mis angustias cuando el dolor me quebraba, como aquel día que envenenaron a mi perrito compañero.

Mírame con tu cara bonita y ayúdame a rescatar la sonrisa que se extravió en la niebla de la infancia feliz.

Arropa mi cuerpo arrugado, mis ojos apagados, mi barba y mis cabellos blancos con tus caricias blandas.   

Vuelve con tu dulce ternura, Lady Rosa. Esa ternura que busco en las noches largas cuando no llega el sueño y la ansiedad me asalta. 

Cúbreme con las palomas blancas de tus brazos para que mis llantos contenidos se rieguen en tu falda como en la niñez perdida.

Abrázame fuerte Lady Rosa y cuéntame un cuento Lady Rosa.

Texto Inspirado en la canción «Lady Laura» del cantante brasilero Roberto Carlos

ROBERTO CARLOS: LADY LAURA

 

Los héroes del s. XXI ensombrecen a los héroes del 10 de agosto                                     

Un día como éste la Revolución quiteña lanzó el primer grito de independencia de la región y se gestó un nuevo país. 213 años después los nombres de los patriotas que nos hicieron soñar con la libertad, la justicia y la igualdad han sido arrinconados en los estantes de la historia por los nuevos héroes, aquellos que han prostituido a la libertad y han envilecido a la justicia. No podemos enarbolar la bandera de la libertad en este nuevo aniversario de independencia.

Los ecuatorianos hemos perdido la capacidad de ruborizarnos y nos hemos acostumbrado a vivir rodeados de la desvergüenza que producen 2 de los más altos poderes del Estado.

La Asamblea ya no es el templo de la libertad y la democracia. Es el reciento del cinismo y  la corrupción.       

¿No es vergonzoso permitir que el líder terrorista que comandó el levantamiento indígena que aterrorizó al país por 3 semanas reciba felicitaciones de los legisladores, y sentar en el banquillo de los acusados al ministro que actuó para impedir las agresiones de los vándalos en contra de la población?                                                 

¿No es vergonzoso dar tribuna libre en el recinto legislativo al líder de la pandilla que envenenó el agua de una ciudad, impidió el paso de ambulancias con enfermos, disparó a la fuerza pública con bazucas artesanales, emboscó a convoyes militares, atacó a pozos petroleros, asaltó a los ciudadanos libres. Y permitirle que se victimice y acuse sin pruebas al Estado de los delitos que cometieron los violentos en contra de Quito y otras ciudades del país?      

¿No es vergonzoso utilizar el poder legislativo para apoderarse de la justicia y los órganos de control del Estado y buscar la anulación de los delitos vergonzosos de líderes innombrables para conseguirles impunidad?                            

¿No es vergonzoso acosar a quien accedió democráticamente al poder  y someterlo para sacarle del cargo en vez de trabajar en la elaboración de leyes mínimas que contribuyan a enfrentar los graves problemas de la nación?   

Y la justicia? En el Ecuador de hoy la justicia es permanentemente cuestionada. Algunos  jueces y operadores de justicia han llegado a prostituirla hasta el escándalo. Es Fácil hallar jueces dispuestos a torcer la ley para favoreces intereses perversos y abogados dispuestos a comprar justicia. Los órganos de control han encontrado casos de jueces que formaban parte de redes de corrupción que solicitaban dinero para otorgar beneficios penitenciarios o para ratificar fallos de primera instancia, y otros en donde los movimientos inusuales de sus cuentas no pudieron justificar.                    

Muchos jueces y fiscales han sido destituidos de sus funciones y otros han sido también enjuiciados penalmente. Las denuncias más recurrentes son por peculado, perjurio, cohecho, enriquecimiento ilícito, prevaricato y asociación ilícita.

Una veintena de jueces han sido investigados por diversos delitos en el país. En las provincias de Pichincha, Guayas y Santa Elena varios jueces han sido destituidos por corruptos y por favorecer a los encausados, y otros procesados penalmente.  

El escándalo más reciente involucra a un juez de la provincia de Manabí que ha actuado sin jurisdicción y enfrenta procesos penales por asociación ilícita y prevaricato. Este magistrado concedió la libertad al ex presidente Glas condenado por 2 delitos de corrupción y a otro presidiario condenado por 1 delito y procesado por otros 4, sin que ninguno de los dos las haya solicitado formalmente.

Los legisladores y jueces honestos son minoría. Sin justicia no habrá libertad e igualdad porque las 2 últimas se sustentan en la más importante de las virtudes republicanas.   

Este 10 de agosto debe despertarnos del sueño de la independencia que se ha podrido con la corrupción. No podemos admitir que los anti héroes nos sigan llenando de vergüenza. Ojalá respetemos los nombres de nuestros patriotas y busquemos la independencia de la corrupción, la ambición y el vicio.

Foto: Museo de cera Alberto Mena Caamaño, El Universo.

 

No era más que un perro callejero

Uno de esos conductores que se toman las vías como si fueran de su propiedad descendía por una calle de Quito con exceso de velocidad, al tomar la curva no pudo frenar mientras un perro cruzaba la calle y embistió contra el animal con el costado derecho del auto impactándole con el tronco de un árbol situado en la vereda que bordea el parque.         

El hombre se bajó turbado por el golpe, vio que debajo del árbol yacía el cuerpo del animal ensangrentado y al observar que había quedado un leve hundimiento en una lata de su carro, por efecto del impacto, bramó : -¡Mierda!- Y siguió su camino.               

En la vereda quedó un amasijo de pelos pegado a una cabeza hundida en el charco que se había formado con la sangre que brotaba del hocico y las orejas del perro. Era un espectáculo grotesco que manchaba el paisaje y molestaba a la gente que transitaba por el lugar.                 

Pasó un hombre con cara de pocos amigos que caminaba apresurado, pateó el cadáver del perro para apartarlo de la vereda y mirando a las personas que observaban la escena expresó: -Esta cosa está obstruyendo el paso de la gente. 

Pasó un niño que caminaba a la parada para tomar el bus de la escuela; entre asustado y sorprendido exclamó: -¡Pobre perrito!-. Y regresó a su casa para contarle a su mamá lo que acababa de ver en la vereda del parque.       

Pasó una señora que se encaminaba a la tienda del barrio y al ver al perro muerto tomó su celular para llamar a alguna oficina del Municipio pidiendo que vengan a retirar el cadáver.

Pasó un mendigo que reconoció al difunto, le cubrió la cabeza, que aún estaba tibia, con un pedazo de tela mugrienta que cargaba en su mochila y comentó: -Era un perro callejero que venía a buscar comida en la basura que bota la gente junto al contenedor. 

Cuando llegaron los municipales para remover al perro muerto solo encontraron una mancha de sangre que ensuciaba la vereda. Pensaron que alguien se había adelantado a hacer su trabajo pero descubrieron a pocos metros, junto a una pared, un pequeño montículo de tierra sobre el que alguien colocó un palo. El madero sujetaba un pedazo de cartón con unos garabatos que habrían sido dibujados por un niño: “Era un perro de la calle”.

Relato inspirado en un cuento de León Tolstoi

Foto: vanguardia.com

 

La pobreza y el hambre acosan al Ecuador                                          

En el Ecuador de hoy el hambre y la pobreza avanzan con paso seguro mientras una clase política voraz e insensata conspira contra la institucionalidad de la república y trabaja sin tregua para aniquilar al contrario y capturar el poder.                        

Las últimas estadísticas oficiales señalan que 4,5 millones de ecuatorianos viven en pobreza económica y más de 180 mil están en la extrema pobreza. Los pobres del Ecuador comen y subsisten con menos de 3 dólares al día y los más pobres con poco más de un 1 dólar. La peor parte es de los habitantes de las áreas rurales, casi el 43% de ellos subsiste en la pobreza.

La mala alimentación y la subalimentación generan la desnutrición crónica infantil que se ha convertido en uno de los principales problemas de salud pública del país. Ecuador es el segundo país de la región con niveles de desnutrición crónica más altos después de Guatemala.     

Los niños con esa debilidad soportarán dificultades de aprendizaje en la etapa escolar, además de obesidad, y propenden a la hipertensión o la diabetes que en la vida adulta les dificultará su inserción en el mercado laboral.                                                   

El hambre, la desnutrición, la falta de micronutrientes, la obesidad someten también a las mujeres, a los indígenas y a los negros que viven en los entornos rurales y en los cinturones de miseria de las grandes ciudades como Quito y Guayaquil.         

La pobreza se ha agravado en el Ecuador por causa del desempleo, el subempleo y la ausencia de políticas gubernamentales. Imágenes surrealistas muestran en la ciudad de Quito a hombres y mujeres que madrugan para escarbar en los contenedores de basura en busca de desechos para reciclar. En otros lugares se observa a hombres sin trabajo que esperan ser contratados como peones; y en algunas calles se ven a vendedores de dulces y baratijas o a limpiadores de parabrisas de los autos mendigando algún dinero para poder comer y subsistir en las barriadas pobres donde habitan, generalmente con carencia de agua y servicios básicos.           

Los programas de salud y nutrición que ha realizado el Ecuador desde hace 3 décadas han sido inefectivos. Por eso, organismos internacionales como la FAO han instado a modificar el sistema agroalimentario impulsando la producción, distribución, comercialización  y consumo de alimentos; controlando la intermediación y facilitando a los agricultores el acceso a los mercados.

A través del  proyecto “Ecuador Libre de Desnutrición Infantil”, a ejecutarse entre 2022 y 2025, el presidente de la república, Guillermo Lasso, se ha empeñado en prevenir y erradicar la desnutrición crónica infantil. Habrá que esperar que pase de la programación a la realización.

En un país donde la tercera parte de los niños sufre desnutrición crónica y los vulnerables soportan la cargan más pesada de la pobreza, el combate al  hambre, la desnutrición y el desempleo debería ser tarea de todos, en especial del Estado, la clase política y los sectores económicos más pudientes.      

Eso seguirá siendo una quimera mientras la oposición política se afane en conspirar contra la democracia utilizando recursos como la violencia y el chantaje; mientras el poder legislativo use sus facultades para poner zancadillas al gobierno buscando que fracase; y el ejecutivo concentre sus esfuerzos políticos para sobrevivir a los ataques de sus adversarios.           

En el Ecuador de hoy no hay mucho lugar para el optimismo.

Fuentes: INEN, UNICEF, FAO, OMS, OPS.