
Al examinar los nombres de Dolores Cacuango y Nemonto Nenquimo surge la esperanza de que no todo está perdido en el país del caos y la violencia. Quizá necesitamos aprender las lecciones de estas 2 lideresas que desde el páramo y la selva nos han enseñado a amar a su tierra y a su pueblo con pasión y trabajo constante.
Hija de huasipungueros, la pequeña Dolores trabajó en su niñez y adolescencia sin remuneración alguna y nunca pudo ir a la escuela. Se casó muy joven y vivía en una pequeña choza cultivando la tierra. Parió 9 hijos de los cuales 8 murieron por causa de la desnutrición y las enfermedades intestinales.
Su rebeldía empezó el día que descubrió que los terratenientes querían mantener a los indios en la ignorancia para someterlos y oprimirlos. Ella no bajó la cabeza. Aprendió a leer y escribir por su cuenta y se empeñó en una lucha sin tregua por los derechos de la población indígena.
Cacuango asumió el liderazgo de su pueblo con tenacidad y valor. Con mensajes apasionados y duro trabajo convocaba a su pueblo a la lucha constante y a la movilización por sus reivindicaciones. Lideró la entrada de 10.000 indígenas a Quito para exigir la aprobación de la Ley de Reforma Agraria, en su constante pelea por la educación fundó las primeras escuelas bilingües (quichua-español) y creó después la Federación Ecuatoriana de Indígenas (FEI), primera organización indígena en el Ecuador.
La indígena pobre e ignorante de la serranía, que nació en 1881 y murió en 1971, no quiso resignarse a la servidumbre y tampoco se embarcó en lamentos o se sentó a esperar la ayuda del Estado porque sabía que nunca llegaría. Trabajó y luchó hasta que la enfermedad le postró en una cama y murió a los 89 años.
Hasta los años cincuentas del s. XX los indígenas de la tribu Waorani vivían en la selva amazónica aislados del mundo exterior. En la actualidad ellos se han convertido en los guardianes resueltos a impedir el ingreso de las empresas que llegan a la región oriental en busca de petróleo.
Nemonto Nenquimo creció en una pequeña comunidad de esa etnia, situada a dos días de caminata de la ciudad del Puyo, capital de la provincia de Pastaza. Aún recuerda su casa de forma triangular construida con troncos y palmas en donde aprendió a amar su selva y su lengua hasta convertirse en tenaz defensora de los derechos de las nacionalidades indígenas amazónicas.
Cargando a su pequeña hija de 5 años Nemonto acudía a las marchas, las asambleas y las audiencias. En lucha larga y difícil tuvo que enfrentarse incluso a activistas y líderes indígenas de su comunidad. A todos les respondía con la misma firmeza e igual sonrisa.
Por la victoria legal que alcanzó para evitar la explotación de pozos petroleros de la Amazonía recibió en 2020 el premio Goldman, el mayor reconocimiento ambiental que se entrega a nivel mundial. La revista Time la reconoció como una de las 100 personas más influyentes del mundo y la BBC la incluyó en la lista de las 100 mujeres inspiradoras del mundo.
El liderazgo de Nemonto le ha llevado a visitar diversas ciudades del planeta. Pero ella sigue apegada a su “querida selva” que ha sido oxígeno, terapia, e inspiración. A sus 37 años Nemonto Nenquimo sabe que su lucha apenas ha comenzado.
El Ecuador debe reconocer los aportes de estas 2 valerosas mujeres y de otros de líderes indígenas, que desde sus modestas posiciones contribuyen a construir democracia y consolidar los valores de la patria. Y debe luchar para que se destierre la impunidad y se impongan sanciones ejemplarizadoras a los líderes que durante los últimos levantamientos han humillado al país y han sustituido la paz por la violencia, el amor por el odio, el trabajo honrado por los reclamos vandálicos.














