
Mortificada por la guerra financiera declarada, la decisión de las potencias occidentales de prestar ayuda bélica a Ucrania y las altas bajas de sus tropas Rusia amenaza con transformar el conflicto ucraniano en una tercera guerra mundial que incluiría el uso de armas nucleares. El zar del s. XXI juega con el miedo y quiere atemorizar al mundo pero no se descarta el peligro de que este impredecible gobernante, que ha generado el conflicto, pueda lanzarse a una aventura temeraria de impredecibles consecuencias.
El enfrentamiento armado que empezó con la invasión de Ucrania ha producido repercusiones impensadas en los 2 bandos durante la primera semana. Un hombre siniestro obsesionado con el poder imperial ordena bombardear edificios públicos, viviendas, hospitales, guarderías, infraestructura vial que han causado la muerte a más de 2.000 civiles y numerosos soldados ucranianos. Busca liquidar al enemigo y aterrorizar a la población. Mientras la gente asustada se refugia en los túneles del metro de la ciudad de Kiev desde el antiguo palacio de los zares o desde su búnker de Siberia el dictador arenga a los soldados para que sigan adelante por encima de los muertos, los heridos, las viudas, los huérfanos y las víctimas inocentes castigadas por el dolor y la angustia que está generando el conflicto.
El invasor ha empezado la confrontación armada asesinando la verdad con eufemismos y mentiras que tratan de justificar sus decisiones: “No es una guerra, es una acción militar especial”. “No tenemos nada contra la gente de Ucrania, sino contra la junta que está en el poder”. La invasión a Ucrania es una acción cobarde empujada por un líder inescrupuloso que no tiene motivos legítimos para haberla realizado, sólo su ambición y su fascinación por la guerra.
El miedo de que pueda conducir a la aniquilación de la especie humana ha impedido hasta hoy el desate de la tercera guerra mundial. Pero el conflicto bélico que ha empezado con armas convencionales podría devenir en una conflagración exterminadora si el ex espía de la antigua KGB decide utilizar el poder nuclear de Rusia, el país que lidera la producción de este armamento. Rusia y Estados Unidos acaparan el 90% del total. Las 12.700 ojivas o cabezas nucleares registradas se reparten entre pocas naciones: Rusia 6375 ojivas nucleares activas, Estados Unidos 5800, China 350, Francia 290.
Seguros de la capacidad destructiva que contiene la fuerza atómica las potencias nucleares, que incluyen también a Reino Unido, Corea del Norte e Israel, han ido acumulando más armamento para consolidar su poder. De las 15 mil armas nucleares que tiene el mundo en el año 2022, bastarían sólo 3 para destruir 4 mil 500 ciudades. Eso implica que su poder devastador podría aniquilar a la especie humana y a los demás seres vivos del planeta por los efectos del invierno nuclear. Los supervivientes tendrían un difícil y muy largo trabajo para reconstruir la infraestructura de la tierra y los efectos de la devastación regresaría a los humanos a la era de las cavernas. “No sé con qué armas se luchará en la III Guerra Mundial, pero la IV Guerra Mundial será luchada con palos y piedras” (Albert Einstein).
El conflicto bélico entre Rusia y Ucrania ha desatado el repudio al invasor y la solidaridad del mundo occidental con el invadido. Pero rusos y europeos concientizan que una guerra nuclear masiva desataría una hecatombe que pondría fin a la civilización y claman que no pase de la amenaza.
El futuro de la raza humana está en manos de muy pocos. La posibilidad, aún lejana, de que la guerra nuclear venga a cambiar la cara del mundo, no deje vencedores y todos los seres humanos seamos derrotados conduce a todos a invocar la sensatez de los gobernantes de las súper potencias y a luchar sin tregua por la paz de las naciones.
Fuentes: BBC News Mundo, El País de España, El Tiempo de Colombia, Listin Diario, Vanguardia.













