
Usted empezó su gobierno, presidente Guillermo Lasso, confrontando a un enemigo invisible y durante 4 meses se ha empeñado en lidiar con él; ahora tiene al frente a una coalición de adversarios conocidos que buscan destruir su gobierno y la democracia. Su primavera se está desvaneciendo y llega el invierno con tormentas.
Los oponentes políticos no le perdonan que haya tenido éxito en la campaña de vacunación para combatir la pandemia y no les interesa sus planes para enfrentar la crisis económica y laboral que atenaza al país. Por eso se han empeñado en torpedear el proyecto de “Ley Orgánica de Creación de Oportunidades, Desarrollo Económico y Sostenibilidad Fiscal” y mantienen atascado el documento que usted envió a la Asamblea. Ellos saben que sería una herramienta fundamental para su gobierno durante los próximos 3 años y medio y prevalidos en los votos que tienen en la legislatura utilizan su debilidad política para arrinconarlo. Nada es transparente en el poder legislativo: El caso “Pandora papers” sobre los vínculos del presidente con compañías offshore y fideicomisos de Panamá, que exige una investigación detenida e imparcial, se lo ha entregado a una comisión integrada por opositores.
No aceptan sus afanes de cambiar el país, señor Lasso, porque usted se negó a pagar el precio indecoroso que le exigían para darle gobernabilidad a cambio de convertirlo en rehén. No hay posibilidad de acordar con decencia con el obstruccionismo que busca la inmovilidad y se burla de los intereses de la nación. Quienes apostaron por su fracaso antes de que empiece a gobernar se han unido para bloquearlo. Populistas de izquierdas y derechas están juntos para conspirar contra su gobierno: le piden que renuncie, inducen a la Asamblea a dar un golpe de Estado y anuncian con descaro que la cuenta regresiva ha empezado.
Los enemigos de la democracia le empujan a la guerra porque no conciben el valor de la armonía y de la paz. ¿Es posible gobernar junto a líderes hostiles y salir avante? Pienso que si es posible, cuando hay un mínimo de decencia política. La guerra también tiene normas que las partes deben respetar.
Los esfuerzos para conciliar y demostrar la rectitud de sus actos son inútiles, presidente. A los obcecados y los golpistas solo les interesa su derrota. Ellos le han dejado sin alternativas, pero usted no permitirá que dinamiten la democracia y usará oportunamente recursos constitucionales como disolver la Asamblea Nacional a través de la “muerte cruzada”. Recurso riesgoso, pero hay que cruzar el río si la reputación y la patria están en juego.
No simpatizo con su ideología política y no voté por usted. Como muchos ecuatorianos estoy hastiado del pillaje, la mañosería y la indecencia y me duele mi país. Quizá su gobierno sea la última oportunidad para evitar que el Ecuador regrese a manos de políticos indignos que en nombre de la democracia se han empeñado en destruirlo por muchos años.
Ojalá acierte en su decisión y lo haga oportunamente. Ya no le queda tiempo.

















