Carapaz, el héroe, y los villanos

Un ser de otro mundo me despertó hoy con el alba y me devolvió la fe y el orgullo de ser ecuatoriano. El extraño joven de pequeña estatura y mirada campesina ahogó las pesadillas que me sobresaltaron durante la noche cuando  me sumía en la vergüenza de pertenecer a un país que  se hunde en la corrupción.

Al conseguir la medalla de oro en ciclismo de ruta de  las olimpiadas de Tokio, luego de haber logrado podios en las tres grandes competencias ciclistas del mundo, el humilde ciclista se ha convertido en uno de los más grande deportistas ecuatorianos de todos los tiempos. Carapaz peleó su triunfo junto a figuras de  la élite mundial, a quienes dejó atrás en los últimos tramos de la competencia, llegó solo a la meta y compartió el podio con 2 notables compañeros de ruta que vieron con respeto y admiración el logró del ecuatoriano.

Seres pequeños y decididos como él han logrado transformar el mundo y Carapaz lo ha hecho con destreza y liderazgo en un clima de tormenta: empezó a pedalear en una chatarra, un accidente le llevó al hospital, otro percance le impidió ganar la Vuelta al Ecuador. Y él se ha convertido en el ciclista número 5 del ranking internacional sin ninguna ayuda del Estado y de las autoridades del ciclismo ecuatoriano.   

El entusiasmo que despertó el oro olímpico ha  congregado a todos los ecuatorianos junto a la figura del gran campeón.  El ciclista se ha convertido en repartidor de alegría y optimismo entre sus compatriotas, aunque su fuerza y su luz solo hayan sido fuegos artificiales que luego de alumbrar el cielo desaparecen. Hace muy pocos días el país vibró con el podio que alcanzó Richard en el Tour de Francia y al día siguiente muchos se habían olvidado de la tenacidad, la fortaleza y la integridad que desplegó el deportista para conseguir el triunfo.

La semana que termina ha sido vergonzosa para el Ecuador: reflotaron nuevas evidencias que  hunden a un ex contralor preso por corrupción; un ex ministro del ex presidente Correa evidenció ante la Asamblea Nacional la existencia de una organización criminal que habría liderado el ex mandatario en otro caso de corrupción que es investigado por la justicia; un ex alcalde defenestrado se ha ido del Municipio de Quito con vergüenza y sin admitir sus culpas; una asambleísta indígena de la Amazonía  sorprendió al país con expresiones que inducen al robo exhortando a los políticos a que atraquen con cautela y sin dejar evidencias; las mafias volvieron a asesinar y aterrorizar en 2 cárceles del país.  El Ecuador no quiere cambiar, la corrupción toma raíces más profundas, los inmorales tratan de  defender su depravación y el poder sigue aferrado al  tenebroso pasado.

Richard Carapaz se ha alzado como un faro que puede ayudar a romper la oscuridad alumbrando la tempestad que agita a la nación. Más allá de quedarse  como figura legendaria del deporte ecuatoriano quisiera convertirse en guía para los jóvenes de su país que deseen seguir su ejemplo y esforzarse para superar los males endémicos de una sociedad conformista y corrupta.  

Brilla en el cielo de Tokio la figura del laureado ciclista olímpico, su sonrisa vuela por el archipiélago japonés y el mar Pacífico, conmueven sus lágrimas de felicidad y las de sus familiares que no alcanzan a entender la nueva hazaña del “mijín”. Y laten sobre la geografía tricolor las pulsaciones del corazón gigante del pequeño deportista  que por amor a su gente y a su país ha vencido la adversidad con su voluntad de acero.

Se fue el escurridizo Yunda

Quito ha sido  abandonada, paralizada, defraudada, humillada y  desprotegida durante más de 2 años. Sin alcalde, con la mayoría de ediles  mediocres e inoperantes; con operadores de justicia que han conspirado en su contra; sin líderes que den la cara en defensa de la ciudad y con vecinos que  se han limitado a expresar su indignación vilipendiando al alcalde.

La  irritación acumulada llevó a los quiteños y a algunos medios a calificar al ex alcalde Yunda de “impreparado, mentiroso, ineficiente, marrullero, cínico, manipulador, timador, corrupto”; mientras en los corrillos y en las redes se vertían adjetivos racistas miserables en contra de él.

Yunda, el pobrecito, se ha victimizado, ha cacareado sin fin que lo persiguen por su origen humilde y por ser “hombre de pueblo”; se ha negado a admitir su ineptitud, su indolencia, sus corruptelas y ha enfrentado a sus detractores con la agilidad de un gato: saltando, trepando, corriendo, escabullándose. Y siempre ha caído de pie.Se ha burlado de todo y de todos.

Los principales objetos de sus mofas han sido el vice alcalde Guarderas  y  los concejales que han caído reiteradamente en sus trampas. Yunda dejó legalmente de ser alcalde de Quito el 8 de julio cuando se ejecutorió la sentencia del Tribunal Contencioso Electoral que señalaba que el proceso de remoción del alcalde, que se concretó el 3 de junio pasado con el voto de 14 concejales, estuvo apegado a la Ley y al debido proceso. Pero ha dilatado ilegalmente su permanencia al frente de la Alcaldía, por casi 2 semanas, gracias al equipo de abogados que conformó  para defender sus trafasías armando un caos jurídico que enredó a la justicia mañosamente y dilató el proceso.

El despelote y las burlas empezaron cuando un grupo de inconscientes, amparados en limitaciones de la ley, escogieron en las urnas a un inepto y audaz contador de cachos para administrar a la primera ciudad del país.

Populista desvergonzado, mentiroso contumaz, lideró procesos enmarcados en sospechas y corruptelas y vegetó  por 28 meses, hasta quedar cercado  por sus burlas, su descaro, sus trampas, su cinismo y su indecencia. Yunda no podía continuar escapándose. Su tiempo estaba agotado y explotó  cuando la jueza Grimanesa Erazo revocó las medidas cautelares que impedían su remoción del cargo.  

Para el concejo metropolitano y los quiteños se va el peor alcalde de la historia de Quito. Se va el maestro de la trampa, el malabarista astuto, el artífice del engaño, el que no escuchaba a nadie ni asumía sus culpas, el más escurridizo de los políticos que han administrado la capital del Ecuador. Se va repitiendo hasta la saciedad la falacia de que han  vulnerado sus derechos y advirtiendo a su sucesor, Santiago Guarderas, que el incumplimiento de orden legítima de autoridad competente es un delito.

Jorge Yunda Machado se va de la Alcaldía por la puerta trasera, por donde salen los que no dan la cara, los que esconden sus vergüenzas, los que eluden el pago de las deudas vencidas. Se va de la Alcaldía pero no debe y no puede irse alegremente a su casa sin rendir cuentas a la justicia que le está procesando penalmente por peculado en la compra de pruebas de covid-19

El ex alcalde tiene deudas a la ciudad de Quito que no podrá pagarlas. Lo que no lo hizo y lo que lo hizo mal, con inmoralidades por el medio, son cuentas incobrables con quien no tiene pudor ni decencia. A no ser que la justicia nos diga lo contrario.

Caparaz el inclaudicable

El que jamás se rinde, el que respira voluntad y coraje,  el de la mente positiva y fuerte ha vuelto a ganar.  Su tercer podio en el Tour de Francia  es la suma de éxitos y fracasos. Y de creer siempre en él.

Richard Carapaz paseó su sonrisa en el pedestal de los Campos Elíseos de París en donde dejó la promesa de hacer ajustes y redoblar esfuerzos hasta conseguir la cima más alta en la mítica prueba del ciclismo mundial.

El Ciclista del año del equipo británico INEOS granadiers 2020 escribe de nuevo su nombre en la historia del ciclismo ecuatoriano y latinoamericano junto a un pequeño grupo de pedalistas privilegiados.

El ecuatoriano ha brillado en la más severa de las 3 mayores competencias ciclistas del mundo. Con 21 etapas, que incluyen 3460 kilómetros de recorrido,  el Tour de Francia es considerado la competencia de ciclismo en ruta más importante del mundo y también la más complicada. Recorrer un promedio de 210 kilómetros a velocidad máxima, trepar por terrenos de alta montaña que incluyen un total de 26 montañas y colinas, deslizarse en medio de la nieve o con temperaturas que superan los 40 grados centígrados, enfrentar vientos de hasta 30 kilómetros por hora es, sin duda, una prueba para elegidos. Y Richard lo es.

En las últimas etapas la Locomotora del Carchi  se aferró al grupo de competidores que se habían instalado en los 2 primeros lugares. El sabía que pelear contra el extraterreste Tadej Pogarcar era una hazaña muy complicada pero repetía constantemente  “No dejaremos de intentarlo”. Nunca se rindió y el sitial que ha conseguido en el Tour es el gran premio a su inclaudicable temple de triunfador.

Fiel a su promesa de sumar cada año nuevos laureles en los certámenes de pedal más exigentes del mundo el campeón del Giro de Italia 2019, el vice campeón de la Vuelta a España 2020 añade a esos trofeos  el tercer podio del Tour de Francia 2021. Y no ha olvidado sus orígenes de humilde rutero que en las frías montañas de El Carchi  aprendió a templar su voluntad para enfrentar los duros retos del deporte y de la vida.

Richard no sólo es ejemplo para los ciclistas, los deportistas, los emprendedores. Es un espejo en el que deben mirarse los ecuatorianos  decididos a trabajar por un país  en donde la irresponsabilidad, la desidia, la mediocridad  y la corrupción se entierren, ojalá para siempre.

Amor de perro

Hoy amanecí con música negra en el alma, la ansiedad apaga la luz, mancha el jardín y los cristales de las ventanas  Entonces aparece él, Ogu, con su magia blanca y su cara de terapeuta impenitente. Yo le aparto de mi lado, su cara bonita de Golden retriver no basta para exorcizar mi pena. El can es necio, insiste. Y su extraño amor de perro me derrota. 

Cargaba las tribulaciones del día anterior.  Me sentía fracasado por haber despilfarrado  sin remedio un día de mi vida. Mientras yo perdí un día el psicoterapeuta peludo ha perdido una semana de su corta vida y no ha parado de sonreír. Sin preguntas, sin rituales, sin pócimas ha logrado arrancar un trastorno  que me enturbiaba los sentidos.

Yo no sé que tanto hizo Ogu. Solo se paró encima de mi rechazo, se quedó inmóvil, agachó la cabeza, se acercó muy despacio, me lamió los zapatos, me clavó sus ojos profundos y arrancó la amargura de mi cara. Y el movimiento hipnotizador de su cola me avisaba que ha terminado de aniquilar mi angustia.

Los humanos no amamos como los perros. Ellos aman sin condición, sin esperar retribución, mientras nosotros desatendemos al amor y dejamos  que el odio lo arrincone. Y no sé si sabemos qué es el amor. Unos confunden amor con sensualidad y placer, otros creen que el amor es una mercancía que  se compra y se vende en el mercado, algún loco piensa todavía que se lo puede buscar en las estrellas. Y las madres nunca se cansan de repartir ternuras a sus hijos como lo hacían cuando guiaban sus primeros pasos.

Nunca entenderé el amor de esta dulce bestia que me ama sin pasión ni razón  y con una extraña terneza. Si le grito me perdona, el odio no ha encontrado lugar en su corazón. Él es feliz amando.

Ogú es dichoso como los niños que construyen la vida jugando. Nada pide para ser feliz, se siente afortunado  con nada y está contento haciendo felices a los demás. El día que aprenda a amar como él encontraré, quizá, a  la felicidad que tanto me esquiva.

Si creyera en dios pensaría que él creó a los humanos cuando estuvo desvalido y se inventó a los perros el día que el amor le estallaba en la cara. 

Iza y La Posta: la víctima y los victimarios

La víctima: el flamante presidente de la Confederación de nacionalidades indígenas del Ecuador, CONAIE; los victimarios: 2 periodistas de la plataforma La Posta que perdieron la mesura, se lanzaron contra el dirigente indígena utilizando uno de los insultos mas denigrantes de nuestro idioma  y armaron un escándalo que ha logrado agitar el avispero mediático y político del país.

El vocablo insultante alude al “macho cabrío» o macho de la cabra; y al marido de la mujer adúltera, o “cornudo”, que consiente la infidelidad de su esposa. Pero es también sinónimo de miserable rufián, bastardo e idiota.

Los victimarios han sido acusados de racistas y de incitar al odio por escribir un acróstico con la palabra cabrón llenándolo de conceptos hirientes y de graficarlo con la imagen del dirigente colocada en el centro de una suerte de ruleta que recibe los dardos de sus agresores. Ellos  han admitido su equivocación y han pedido disculpas públicas;  el canal de televisión (un medio incautado, no público) donde se difundió el programa ha presentado excusas; el presidente de la república ha rechazado los comentarios hirientes de los periodistas y ha manifestado su desacuerdo con esa actitud.

¡Qué equivocación y qué bochorno! Al desacreditar al dirigente indígena –conocido por sus ideas extremistas y anarquizantes- para disminuir su capacidad de opositor del gobierno los agresores le han entregado un regalo invaluable. El co protagonista del asalto que sufrió Quito hace un año y medio, cuando se intentó incendiarla y aterrorizarla, y que no ha pagado aún por los actos vandálicos que lanzó contra los habitantes de la ciudad, se ha convertido en esta vez de agresor en víctima y ha anunciado que acudirá ante la justicia, utilizando su legítimo derecho.

En las redes sociales un coro de vocingleros se frotan las manos: activistas políticos disfrazados de comunicadores acusan a La Posta de ser parte del “periodismo hampón” que persiguió al ex gobernante prófugo y de haberse vendido a su sucesor;  youtubers sensacionalistas les motejan de mequetrefes y serviles, califican a su actuación como periodismo asqueroso y piden a los patrocinadores retirar su apoyo a los pecadores imperdonables.

Irreverentes, frontales y audaces los penitentes de La Posta se han ganado un nombre por su estilo innovador aunque burdo y chabacano. Ahora les caen a patadas por esta imperdonable patinada y pretenden liquidarles. ¿Debut y despedida de la televisión abierta a donde acababan de llegar con la desafortunada presentación? Quizá, pero habrá que esperar a que amanezca. Hay que escarmentar, rectificar, mejorar. Cayéndose se aprende y “se hace camino al andar”. Quedar golpeados en el piso no es la ruina, tampoco la decadencia o el final.  

La libertad de expresión no es libertinaje ni carta blanca para agredir y ofender; pero es, tal vez, el único medio que disponen las democracias para denunciar a los corruptos, prepotentes e inmorales.

Julio mes del perro

foto: mymodernmet.com

Para el perro Ogu el día que sale a caminar conmigo es un día de fiesta.  Hoy nos escapamos de casa muy temprano. El can sale apresurado, se detiene en mitad de la calle, levanta  su cabezota al cielo, sonríe gozoso y me muestra el Pichincha y el Cotopaxi que escoltan a la ciudad de Quito con su esplendor de roca y hielo, se toma el parque y me comparte el paisaje de pájaros que ensayan su primer concierto de verano.

Julio se estrena en la segunda mitad del año repleto de celebraciones como el Día de los abuelos, Día del amigo, Día mundial de la población, y hasta el Día internacional del chiste y conmemoraciones ridículas como el  “Día internacional del mal de amores”. También incluye el Día del perro que algunos perreros lo celebrarán disfrazando a sus mascotas de payasitos, apapachándolos con galletas y golosinas.   

Ogu y unos pocos perros aventajados no necesitan un día de especial de celebración y agasajo. Pero es necesario una fecha del año, quizá,  para detenerse a mirar a los perros enfermos y desnutridos que se arrastran esperando la muerte; los que conviven con mendigos  y comparten con ellos sus miserias; los miles de perros atropellados en las calles y autopistas; los perros asustados que perecen en las tormentas; los que escarban en las inmundicias de los basureros para no perecer de hambre; los cachorros desvalidos que mendigan caricias y lloran de soledad y abandono;  los perros sarnosos, los cojos, los feos  y los viejos que nadie quiere porque estorban; los perros maltratados, abusados y asesinados por la ruindad de los hombres. 

Mi perro Ogu no espera celebraciones porque las tiene todos los días del año. Tampoco las quieren los perros que no tienen horario para anochecer y amanecer; los que no tienen dueño porque no aceptan renunciar a  su libertad; los propietarios de todas las calles, puentes y portales; los que  “se beben  de golpe todas las estrellas antes de dormirse para no despertar”,  como canta la balada de Alberto Cortez.

Lasso cumple “30 días” en un hospital

Desde la cama de un hospital de Cleveland, en EE.UU., Guillermo Lasso reflexiona en el privilegio que recibió hace 30 días para manejar el futuro de 17 millones de acuatorianos.  Temporalmente alejado de los vaivenes de la política observa con preocupación a 2 de las más altas autoridades del Estado despachando desde sus celdas de una cárcel de Quito, a un alcalde destituido aferrándose al cargo con uñas y dientes, a una prefecta acudiendo a su despacho adornada de grillete electrónico.

Atado a su inevitable reposo, el presidente del Ecuador piensa que ha empezado con paso firme el ejercicio del poder cimentándolo sobre la moralidad y la austeridad y que el código de ética será eje irremplazable de su gestión y de las actuaciones de sus ministros y funcionarios; se felicita de haber colgado en el closet la antigua figura acartonada, sustituyéndola por la  imagen sencilla y abierta que llega a los ecuatorianos; advierte que la decisión de salir a buscar a la gente en las comunidades y en los mercados es más gratificante que mantenerse sentado en la silla solitaria del despacho Carondelet.

El gobernante considera que haber emprendido la vacunación contra el covid 19 desde el primer día de su administración y abrir el diálogo con  transportistas, agricultores y autoridades locales  apuntalará con firmeza su gestión durante los primeros cien días. Pero empezar no es todo. La inoculación de vacunas demanda persistencia y continuidad para vencer la desorganización e implantar agilidad en los funcionarios a fin de que el servicio sea eficiente; y, dialogar con los transportistas exige imaginación y habilidad  para focalizar los subsidios a los combustibles y lograr acuerdos adecuados y justos.

Pachacutik, el tema más espinoso, le espera al presidente el primer día que  asuma su despacho después de la intervención quirúrgica. Lasso se ha comprometido a reunirse con las organizaciones indígenas para tratar problemas ambientales, mineros, de salud y otros que requiere ese sector. Los dirigentes de Pachacutik insisten, empero, que se congele la variación del precio de los combustibles, bajo el sistema de bandas, y no parecen dispuestos a ceder.

Lasso se ha impuesto establecer un gobierno de democracia plena con paciencia y tolerancia aunque sabe que el camino está lleno de obstáculos. La truhanería política no va a descansar para que fracase su gobierno y no cejará en el empeño de desbancar la justicia y tomarse los órganos de control. El jefe de la pandilla mafiosa, hoy sentenciado y prófugo, sigue manipulando a sus marionetas e insistirá hasta el agotamiento en la conformación de la “Comisión de la verdad”, a pesar de que fue derrotado en el primer intento.

Activistas políticos disfrazados de comunicadores persisten en defender los logros incomparables del caudillo y culpar al “anticorreismo” de los males que afectan a la nación. En 30 días es difícil encontrar errores de fondo pero ellos desfiguran los hechos  o los dramatizan y sueltan torpezas como aquellas de que el presidente se está convirtiendo en rehén político, o de que  está listo para reprimir las reivindicaciones legítimas de los grupos sociales utilizando a la fuerza pública.

Según las encuestas casi 8 de cada diez ecuatorianos tiene buena imagen de Guillermo Lasso. Esas apreciaciones son volátiles, presidente. El gobernante que esquilmó y sometió al país en la década perdida también empezó su gobierno con firmeza  y obtuvo gran aceptación en los primeros días, antes de que el autoritarismo y la corrupción lo devoren, y todos sabemos cómo  ha terminado.

No se olvide, presidente, el infierno está empedrado de buenas intenciones; pero tampoco se desaliente. “El arte de vencer se aprende en las derrotas”.

El padre de mi padre

Cuando te escapaste entre las buganvillas de la ventana abierta, abuelo, tu memoria se estaba resecando, tenías los ojos marchitos y la piel agrietada, tus cien años te estaban aniquilando. Hoy reapareces entre las páginas amarillas de la biblia vieja que me dejaste debajo de tu almohada y me traes  historias que viví hace tantos lustros.  

Resurge tu figura de astrólogo enseñando las constelaciones en las noches estrelladas, tu voz de locutor antiguo relatando cuentos de fantasmas y aparecidos; el sabor de la cebolla y el aroma del culantro que cultivabas en tu huerto. Contigo, abuelo, aprendí a disfrutar las montañas, las mañanas multicolores  y a saborear la turbación que me causaba el cielo cuando se desparramaba furioso sobre la tierra.   

Esta mañana de junio tiene la  tibieza de los veranos que compartíamos juntos pero es la mañana de un mundo que no supiste predecir, abuelo. El mundo que conocimos hace tantas décadas está maltratado y enfermo: han asesinado bosques y pájaros, han asfixiado los ríos, han quemado los peces, han infectado el aire, han profanado el cielo y la tierra. Nuestro mundo ya no existe, viejo.

Cuando salgo a caminar con mi perro Ogu, nos topamos en las calles semi vacías con gentes y perros  hurgando en los basureros y con humanos enmascarados que esquivan el contacto con los otros. Desde hace más de un año un monstruo extraño nos ha invadido, nos ha arrinconado en las casas y ha instalado una tragedia universal que ha dejado muertos, heridos, desempleados, hambrientos, seres llenos de dolor y de miedo.  

El monstruo ha sacado lo mejor y los peor de los humanos y nos ha  enfrentado con la soledad y la conciencia. Algunos han terminado ahogándose en sus miserias después de robar, agredir, corromper, matar. Otros, no sé si muchos o pocos, han aprendido a aceptar la realidad de la muerte y el valor de la vida.

Padre de mi padre, por un instante, tu libro viejo me ha devuelto tu imagen de maestro, confidente, compañero de juegos, cómplice de las picardías de un niño alocado.

¿Te fugaste a una las galaxias que me mostrabas en tu cielo, abuelo?  Quizá, quién lo sabe, pero hoy has vuelto a latir en mis emociones que también se escaparán a algún lugar desconocido.

Carapaz, el señor coraje

El hombre que llegó a amar su bicicleta con obsesión, el que aprendió a sonreír al sufrimiento, el que asimiló el dolor y las caídas, el que se formó en la escuela de las derrotas, el que convirtió los miedos en victorias  es más que un deportista exitoso, es el ciclista ecuatoriano Richard “Coraje” Carapaz.

Richard Carapaz  se lanzó a las competencias internacionales de ciclismo sabiendo que era parte de un país  que  se enredaba en las dudas y que instituyó la cultura de la derrota.  Cuando empezó sus andanzas por el riguroso mundo del pedal solo unos cuantos locos creían en él. Pero todos se envolvieron en el frenesí del triunfo el día que se convirtió en el gran campeón del  Giro de Italia, después de haberlo intentado sin éxito un año atrás; en el ganador de la Vuelta de Asturias; en el subcampeón de la clasificación de montaña del Tour de Francia.  Algunos torcieron el ceño cuando dejó escapar la Vuelta a España, pero Richard salió fortalecido de esa competencia que le enseñó  a inventariar errores y  fortificar la voluntad para seguir buscando otras competencias y persiguiendo nuevas victorias.

Ahora acaba de levantar otro gran trofeo en el Tour de Suiza, venciendo a connotados rivales  como  el colombiano Egan Bernal que ha resignado ante Richard la corona que había alcanzado en la competencia anterior. Más que exhibir el laurel que le entregaron en el podio de los ganadores el ciclista carchense muestra a sus compatriotas y seguidores la experiencia de la  competencia suiza como entrenamiento que le servirá de soporte para volver a participar en el Tour de Francia después de pocos días.

Gracias Richard por la energía,  el vigor  y la fe que has puesto en esta competencia internacional. Y sobre todo por el pertinaz coraje que muestras cada vez que las fuerzas menguan en el fragor de la competencia. Ahora que el Ecuador intenta levantarse de la muerte, el dolor, el pesimismo y el desaliento  que nos ha traído la crisis sanitaria y dejar atrás  la corrupción y la inmoralidad que han sembrado en la nación los últimos gobernantes, tu triunfo inocula nueva dosis de esperanza en todos los ecuatorianos para seguir buscando un país que enfrente sus realidades con decisión y valor, sin miedos y vacilaciones.

¡Gracias Richard Coraje Carapaz!

El quemeimportismo exhibe un inquietante “Día del niño”

Foto: entrelineas.info

La sociedad humana ha perdido la vergüenza. Millones de chiquillas y  chiquillos violentados, abandonados, hambrientos, enfermos se muestran hoy al Ecuador y al mundo. En este gris Día del niño la pandemia castiga a los niños con el encierro: no tendrán dulces,   juegos  ni  regalos; y los otros, los chicos de la calle,  seguirán pidiendo limosna y rumiando su angustia en los portales.

No ha cambiado mucho la suerte de los niños desde que la Asamblea de las  Naciones Unidas, hace 65 años, instituyó el Día Universal del Niño para buscar  la fraternidad,  la comprensión y el bienestar de los niños del mundo. Chicos abandonados vagan por pueblos y ciudades esperando sin respuesta que los grandes  comprendan eso de que “Los niños son el recurso más importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro”.

La violencia familiar, la pobreza, el abuso  han lanzado a muchos niños a la calle y al abandono. En el mundo hay alrededor de 120 millones de niños abandonados, de los cuales la mitad pertenece a América Latina. Los chicos ahogan su hambre y ansiedad con drogas y alcohol; se los ve sucios, infestados de parásitos y algunos están enfermos; no van la escuela, sufren discriminación y son vistos como marginales.

En el Ecuador  más de 30 mil niños y niñas mendigan en las calles del país expuestos a que redes ilegales los sometan y extorsionen. Algunos  permanecen largas horas en los semáforos soportando el sol y el hambre para implorar monedas que irán a las manos de sus verdugos. “Le limpio el parabrisas… ayúdeme con cualquier monedita…  regáleme alguna cosita para comprar un pancito” son los versos que recitan en las calles los menores mendigos, dulceros,  malabaristas. Esa es la violencia de la desnutrición y el hambre, pero la otra sigue escondida en los hogares y en las aulas.

Más del 47% de los niños y adolescentes ecuatorianos han recibido algún tipo de maltrato por parte de sus padres; y cuatro de cada 10 niños y adolescentes soportan insultos, burlas, gritos, insultos, humillaciones, golpes y abuso sexual por parte  de familiares cercanos, docentes, conserjes, tutores, sacerdotes, conductores de transporte escolar.

El 20 % de niños son víctimas de abuso sexual. Los agresores provocan en las victimas miedo y angustia y les obligan  a mantenerse en secreto: «si dices algo nadie te lo va a creer»; las familias tampoco les dan crédito y ayudan  a generar en ellos sentimientos de vergüenza y rechazo social.

La pandemia se ha convertido en cómplice del maltrato y el aislamiento social: el  cierre de escuelas y clases online han arrinconado a niños y adultos en los domicilio; muchos  menores han dejado la escuela y otros no tienen recursos para participar en las clases virtuales; en el sector rural solo un cuarto de los niños tiene un computador en casa; las plataformas han  trocado a los pequeños  en víctimas de acoso y delitos sexuales en Internet.

El mundo se ha acostumbrado a mirar impasible a los niños  miserables que vagan por pueblos y ciudades y a los chiquillos violentados por aquellos que deberían  protegerlos y otros abusadores. Mientras haya niños que sufren esta sociedad hipócrita y egoísta no puede ni debe presumir de los avances científicos y tecnológicos y debe reflexionar en aquello de que “Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad”.

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