Una orquídea para Diana

En el Jardín Botánico de Quito se acaba de entregar a la Fiscal General del Estado, Diana Salazar, una nueva variedad de orquídea que ha crecido  junto a las 18.000 especies de plantas naturales que constituyen los principales hábitats del Ecuador. La orquídea bautizada como “Diana Salazar” se ha convertido en símbolo de la  mujer humilde que por sus méritos  ha llegado a esa elevada función del Estado enfrentado la segregación, envidia, amenaza y corrupción.

Diana está en la mira de las mafias políticas y de los delincuentes que hacen mofa de la justicia, esos que le motejaron como la “Fiscal 10/20 al no hallar nada censurable  en su vida personal y profesional y acudieron al insulto y la desacreditación. La proclamación de Diana Salazar como “Mujer del año 2020”en reconocimiento  de sus servicios a la Justicia,   honestidad y coraje por parte del Departamento de Estado de los Estados Unidos también ha sido objeto de burlas y agresiones.

Diana ni se ha amilanado ni se ha envanecido. Ella  sabe que el mejor galardón es el reconocimiento de la gente honesta que todavía vive en el Ecuador. Y sabe, también,  que en un país lleno de prejuicios, segregacionismo y corrupción  la honestidad es un pecado.

La fiscal no es perfecta, en su ejercicio público hay errores y omisiones. Pero una cosa es equivocarse y otra cosa actuar con indecencia y cinismo. En una nación con tanto glotón de  dinero ajeno para saciar la voracidad  y el ansia de poder es muy difícil evitar que el lodo salpique. Si no encuentran errores los corruptos los inventan para denigrar al enemigo.

Corruptos, machistas e hipócritas se resisten a aceptar tus méritos y pretenden ladearte por negra y por mujer, señora fiscal. No estás sola, aun quedan hombres, mujeres, jóvenes y viejos que reconocen tu valentía y respaldan tu firmeza para enfrentar la inmoralidad. Recuerda que a Manuela la “libertadora del libertador”  le llamaron  prostituta e infiel, le desterraron, le abandonaron  e intentaron borrar  su pensamiento político, su lucha  revolucionaria y su valentía. Hasta que la historia le ha hecho justicia.

Si miras la orquídea que en el evento realizado este 24 de marzo te ha dedicado la Royal Horticultural Society  con la participación de varios colectivos de mujeres  e instituciones que luchan por un Ecuador transparente, equitativo y solidario, sabrás que la justicia brillará a plenitud si repartes los colores y olores de esa flor también entre los que intentan denigrarte, ofenderte y derrotarte.

Tu lucha solo ha empezado, te queda largo y duro camino. No desmayes Diana.

Rosario Utreras habla en representación de los colectivos de mujeres.

No mientas otra vez

Nadie ganó el debate presidencial del domingo 21 de marzo, pero dejó un gran perdedor: el pueblo ecuatoriano; y una frase que retrata con patético rigor a muchos de los políticos de este país y ahora mismo arranca risas, burlas, caricaturas, memes y comentarios esquineros: “Andrés no mientas otra vez”.

Desde hace largos años la política es una mala palabra en el Ecuador, y durante los últimos 14 años ha llegado casi a la turbidez total. La población piensa que para ser político hay que ser mentiroso y corrupto y, por eso,  un porcentaje muy alto desconfía de la palabra de estos personajes. Pero los acepta y termina votando por ellos. «Cada pueblo tiene el gobierno que se merece».

¿Acaso los ecuatorianos aceptan que los tomen por idiotas? Porque más allá del engaño está la mentira que subestima a los perjudicados y se repite con obstinación para convencerlos y utilizarlos. Los políticos saben que después de machacar con persistencia sobre el mismo tema el pueblo termina aceptando esas prácticas tramposas.  

El  debate del domingo 21, plagado de denuestos y mentiras disfrazadas de verdad, no permitió al auditorio diferenciar los enunciados auténticos de los engañosos.  Los candidatos no profundizaron sus planes de gobierno, más bien intercambiaron golpes de forma constante. El representante de la derecha insistió en los errores del gobierno de Rafael Correa del que formó parte el candidato de la izquierda. El izquierdista  atacó al oponente por su condición de banquero y le lanzó varios golpes bajos:  “banquero corrupto”, “responsable del feriado bancario”…; logró  sacudirlo e intentó tumbarlo. Hasta que una frase pronunciada con firmeza cayó de sorpresa sobre el escenario: “Andrés no mientas otra vez”. No hubo risas, las risas llegaron después y no han parado de sacudir el escenario nacional. “Ríe y el mundo reirá contigo…” (Winston Churchill).

Reacción rotunda a los ataques bajos o estrategia de los  asesores, “Andrés no mientas otra vez” se ha posicionado en el país como sinónimo de corrupción y mentira. Detractores y simpatizantes del candidato, todos saben ahora quién es Andrés el mentiroso; y una larga cadena de reacciones crece entre trinos y memes: los más serios tratan de mostrar de forma documentada las mentiras que Andrés lanzó en el debate, otros lo comparan con figuras siniestras de la ficción y la historia, hay quienes manifiestan que se sienten  avergonzados de llevar ese nombre, y en algún lugar del país un niño que ha sido bautizado con esa frase recordará a la posteridad al hombre y la agrupación política que lo inspiraron.

Más allá de rotular al evento que enfrentó a dos candidatos presidenciales, la fase ha marcado a uno de ellos y grafica una forma descalificada de hacer política en el Ecuador de hoy. “Andrés no mientas otra vez” ha quedado impregnada en la retinas de la tele audiencia que siguió el debate y continuará recitándose, tal vez, por largo tiempo.

El genio del tango que se avergonzó del tango

Cuando Piazzolla estudiaba en París con Nadia Boulanguer, la más prestigiosa pedagoga de música en Europa, escondió su bandoneón en un armario y ante la mítica maestra se avergonzó de ser tanguero. “Yo pensaba que era una basura porque tocaba tangos en un cabaré”. De ese encuentro surgió en 1954 el nuevo tango argentino ataviado de insólitas fusiones de jazz, rock y música clásica.

El joven estudiante de armonía se amilanó ante la severa y carismática preceptora francesa  pero se aferró al  sueño de convertirse en compositor clásico. Y Boulanguer fue la gran motivadora: “Quiero conocer al verdadero Piazzolla, Éste es el Piazzolla que me interesa”.

El día que Gardel le dijo al pequeño  Astor “Pibe, vos tocás el bandoneón como un gallego” no imaginó que aquel adolescente se convertiría en el revolucionario del tango; no pudo escuchar a Piazzolla calificando a «La cumparsita» como «el peor tango jamás compuesto», ni llegó a ver la desacralización del tango que emprendió el bandoneonista. Piazzolla pagó alto precio por esas audacias: los  taxistas se negaban a transportarlo llamándole traidor, otros le insultaban por la calle  y los tradicionalistas tardaron mucho tiempo en perdonar su atrevimiento.

Este es Astor Piazzolla, el que cambió la historia del tango, el cojo que tocaba el bandoneón de pie y sobre una sola pierna, a causa de una malformación que le había dejado la poliomielitis. El “asesino del tango” que se atrevió a enfrentar a los reaccionarios que hicieron  resistencia feroz a sus composiciones; el visionario que rescató al tango de la noche porteña poblada de burdeles y cafetines de mala muerte para vestirlo de frag y llevarlo a los grandes escenarios; el rupturista que incorporó elementos contrapuestos (sones clásicos, guitarras eléctricas, percusión roquera) sobre la melancolía del bandoneón. En la capital francesa Piazzolla pudo ver que apagaban las luces del teatro y abrían el espectáculo con un pene inflable gigante que sostenía la figura de Mick Jagger balanceándose sobre el escenario. Al regresar a su país el neo compositor comentaba a los periodistas: «Vengo de ver un show alucinante en el Olympia de París, los Rolling Stones. Yo quiero hacer algo así acá”.                        

J. S. Bach, Igor Stravinsky, Bela Bartok, George Gershwin están entre los grandes maestros clásicos que influyeron en Piazzolla; y entre los populares Carlos Gardel, Aníbal Troilo, los Beatles, los Roling Stones. De esa extraña amalgana brotaron “Las estaciones porteñas”, tangos académicos que reflejan la atmósfera de Buenos Aires en las cuatro estaciones del año; el entrañable “Adiós Nonino” que dedicó a su padre; la ópera-tango María de Buenos Aires; el grito de la libertad creativa que estalla en “Libertango”;  Balada para mi muerte, Balada para un loco, Chiquilín de Bachín, Sinfonía Buenos Aires.

El compositor marplatense pregonó a Nadia Boulanger, Alberto Ginastera y Buenos Aires como sus grandes maestros. La capital argentina fue su permanente inspiradora. En una tardecita de Buenos Aires, junto a Horacio Ferrer, echó a caminar por la ciudad mientras la luna rodaba por Callao, se subió a las cornizas de los edificios, y de ese viaje imaginario sacó la inolvidable “Balada para un loco”, su tango popular más difundido, que sería   interpretado centenares de miles de veces en los escenarios más famosos del mundo: “Viva. Viva” los locos que inventaron el amor”.                            

Hay júbilo en Argentina por los cien años del tímido, desfachatado, bravucón; pero obstinado, irreverente, perfeccionista, e inagotable Piazzolla que desconcertaba en las formas y en la esencia. Pero en Buenos Aires los turistas siguen acudiendo a tanguerías como El viejo almacén o La esquina de Homero Manzi para vivir las emociones de  Gardel, Julio Sosa, el polaco Goyeneche y otros otras leyendas; en muchas ciudades de Latinoamérica la nostalgia sigue atrapando a los enamorados del viejo tango. Y Piazzola resurge en el soplillo de los bandoneones y camina por un mundo de melómanos fascinados por la irremediable ternura y la genialidad del artista que se adelantó a su época.

Deplorable, pero el genial Astor Piazzola es todavía un extraño en su patria y fuera de ella.

El joven Piazzolla con Nadia Boulanguer.

Hace un año llegó la tormenta

Hace un año llegó la tormenta. Arrasó, aterrorizó, destruyó, mató de manera despiadada. Entonces la voz sosegada de Piero, emergiendo entre la tempestad, sonaba con tono tranquilizador: “Cuando la tormenta pase /y se amansen los caminos  / nos sentiremos dichosos / tan solo por estar vivos…”. Un año después la voz del cantante se esfuma, la borrasca no se ha ido, se ha instalado sin tiempo. Nadie sabe hasta cuándo.

El SARS-CoV-2 se ha llevado más de 2 millones y medio de vidas humanas y ha dejado 115 millones de infectados en el mundo: Estados Unidos más de medio millón de muertos, la India más de 150 mil, Brasil más de 250 mil. Ecuador 15.800, aunque se cree que ese número sería el doble.  

Hace un año un mundo surrealista se instalaba en ciudades del Ecuador, de manera especial en Guayaquil. El virus de la muerte se llevaba a padres, hijos, parejas, amigos; alimentaba la angustia lacerante de los deudos; y destrozaba a los que escarbaban en depósitos de cadáveres buscando a sus muertos: «Nosotros esperamos por días en el hospital sin saber si está vivo o muerto”. “Qué horror, ver cualquier cantidad de fallecidos, uno apilado encima de otro en las bolsas de cadáveres”.”La sangre y la pestilencia daban miedo, el  olor era insoportable” Y una extraña sorpresa se convirtió en algo habitual: “Durante más de un mes pensamos que estaba muerta y ahora tenemos las cenizas de otra persona».  Un años después quedan más de 60 cadáveres sin identificar.

Poetas como el cubano Alexis Valdés, que escribió la letra que entonan Piero y otros intérpretes gritan enfermos de optimismo, que no de coronavirus: “Le daremos un abrazo / al primer desconocido  / y alabaremos la suerte / de conservar un amigo”.  Si su sueño se tornaría real después que se haya ido la pandemia los sobrevivientes recordaríamos con nostalgia al virus que se llevó tantas vidas pero  alumbró las mentes y resucitó los espíritus.  ”Y entonces recordaremos / todo aquello que perdimos / de una vez aprenderemos /todo lo que no aprendimos”.

Los virus no hacen milagros, los poetas tampoco, pero los poetas nos alientan a vivir renaciendo de las lágrimas y el dolor de cada día. Los conformistas se resignan repitiendo “la muerte es el remedio para todos los males”; otros sueltan su indignación y reproches con Carlos Fuentes: “Que injusta, que maldita, que cabrona la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos.” Y algunos elegidos cantan el himno a la esperanza de Valdés: “Cuando la tormenta pase /y se amansen los caminos / nos sentiremos dichosos / tan solo por estar vivos.

Un año después el virus de la imbecilidad humana camina sonriente de la mano del covid mientras los inconscientes, por encima del dolor y la muerte que ha dejado el microbio, organizan fiestas y concentraciones masivas, deambulan sin mascarilla por las calles, plazas, supermercados  contagiando a los inocentes que se topan con ellos.

No todo está perdido. Son pocos pero son: los que han aprendido que el dolor une a las personas más que las alegrías, después de sufrir el estigma y la agonía han encontrado el coraje para soportar el infortunio, y   han descubierto  la luz en medio de la oscuridad.

Un héroe de papel con grillete

El hombre de los cien oficios (médico, roquero, locutor de radio, asambleísta, dueño de una pila de medios de comunicación, jugador de ecua boley, presidente de un equipo de fútbol) galardonado con un grillete es un héroe de papel que dignifica a la política corrupta y avergüenza a los habitantes de la capital del Ecuador.

Jorge Yunda, un ecuatoriano de origen humilde, se convirtió hace 2 años  en alcalde de la ciudad de Quito gracias a la magia del populismo y a la ceguera de electores que votaron por el mejor charlatán sin importar que sea el de menor capacidad para desempeñar esa elevada función.

Cuando fue electo alcalde la población lo minimizó y lo recibió con censurables chistes racistas. El ha respondido con cínica indiferencia y elevada irresponsabilidad. Los álgidos problemas de Quito y la terminación del metro con el que han soñado los quiteños duermen en un rincón de la ciudad.

Hoy enfrenta un proceso penal por los vergonzosos manejos de las pruebas para la detección del coronavirus que conlleva la obligación de portar grillete.  La abrazadera electrónica no ha escarmentado al alcalde, con censurable desparpajo alardeó: «La mejor presea que he recibido por salvar más de 50.000 vidas”. Y al salir del Servicio Nacional de Atención Integral  lució su estilo chabacano y bufonesco: “Me colocaron el grillete en la pierna derecha porque sino para el volley me molesta”.

Esas actuaciones le han traído a Yunda una cascada de críticas de los  medios y  las redes. Él se burla de todo.  Soslaya las críticas y pedidos de los  concejales para que renuncie. Nada le importa, y nada sorprende en él. Acostumbrado a responder con mentiras y chabacanerías, cuando no miente da rodeos y dilata todo.  Quizá esta fotografía que publicó una  reconocida  plataforma  informativa  describe mejor que ninguna al inefable personaje: “Yunda no solo es mentiroso, taimado, evasivo, incompetente, huidizo e indelicado. También es un irresponsable”.

Pero Yunda no es mentiroso, ni incompetente, ni corrupto, ni… Yunda, según Yunda, es el héroe del s. XXl que Quito necesita.

¿Porqué los quiteños contemplan resignados al peor alcalde de su historia y permiten que se burle de ellos?. Eso habría que preguntarles a los quiteños. El  inefable personaje duerme despreocupado sobre su  inoperancia porque cuenta con el soporte de una bancada numerosa de concejales cómplices  dispuestos a impedir su remoción. Para ellos el alcalde es un hombre dispuesto a dar su vida para salvar la vida de los habitantes de Quito. Y el abnegado Yunda complementa: Tengo la conciencia tranquila, nuestro siguiente paso, conseguir vacunas para Quito, si tengo que ir preso por salvar vidas, me iré con la frente en alto».

El alcalde guaneño ha sido alumno destacado de la escuela fundada por el prófugo que prostituyó a la política y sometió al Ecuador durante varios años. Allí aprendió a mentir, esquivar, victimizarse y dar vuelta sus errores imputando con ellos a sus adversarios. Y a manejar la política como el arte de engañar.

Más que héroe de papel Yunda es el antihéroe pasivo, lamentable, ordinario y supremamente audaz que con el 20 % de votos se ha convertido en el alcalde  que hace lo que le da la gana, se mofa de la ciudad y es extrañamente inamovible.

El populismo del s. XXl nos ha agasajado a los ecuatorianos con el presidente más nefasto de la historia y el peor alcalde de Quito.

Otro cumpleaños junto a mi perro Ogu

La voz de Roberto Carlos surge del viejo acetato y se descuelga en el jardín por la ventana abierta: “Mirando tus / cabellos/ tan bonitos abro el/ corazón y digo/ mi querido mi/ viejo mi amigo”.

A Ogu le conmueve la canción. Levanta las orejas, olfatea las hortensias, mira con tristeza las flores recién muertas de las buganvillas, apoya su hocico sobre la hierba y revuelca feliz. ¿Te gustó, Ogú?. Esta música, tuya y mía, nos recuerda que  el tiempo se ha marchitado dejándonos arrugas en la cara, manchas en las manos y destrozos en los cabellos. La primavera ha muerto, se han ido los veranos locos y los inviernos de tormentas y el viento nos arranca las últimas hojas. Se está acabando el día, necesitamos un lugar para vivir la noche, amigo.

Los dos llegamos a estos lares en el mes del amor y el agua, compartimos  alegrías y penas, y hoy el “cumple” nos advierte que estamos mayores, Ogu. El sueño nos sorprende  durante el día y se escapa en la madrugada, nos sentimos  extraños en nuestra casa, suspiramos con ¡qué tiempos aquellos! y volvemos a ser niños. No nos importa tanto perder o ganar,  aceptamos las derrotas con la cabeza alta y hasta  jugamos con la muerte sin que nos atrape  el miedo.  

Qué refrescante es sentirte a mi lado, perro amigo, poeta de las cosas buenas. Contigo aprendí a mirar con serenidad la realidad, a disfrutar con pausa la vida, repicar la campana de la alegría, gobernar el intelecto y escuchar al corazón.

Siéntate conmigo Ogu para decirle a Roberto Carlos que su ternura me derrite los sentidos: Mis cabellos blancos no son bonitos, Roberto. Son cortinas grises que guardan  lágrimas, batallas, triunfos y derrotas. Pero la  calidez de tu voz me penetra, me deja sentir  el querer de los que me aman, me  susurra y me grita “mi querido, mi viejo, mi amigo”. Tu canción, corazón  abierto, me alienta a vivir con pasión el tiempo que me queda.

Después de tantos pasteles no hay risas ni llantos en este cumpleaños. Levantemos las copas, Ogú, brindemos por la vida.

Pablo Neruda y su perro

Día de elecciones, día de vampiros

El domingo 7 de febrero la mayoría de los 13 millones de ecuatorianos que debemos ir a las urnas nos toparemos con un día azaroso. Es  penoso admitirlo, pero desde hace más de 40 años nos enfrentamos a lo mismo: votar en contra del más descalificado o a favor del menos malo.

La diosa mentira que  ha agitado el torbellino de engaños, insultos, agresiones, fanfarrias y conspiraciones durante las últimas semanas descansa en los tres días de silencio electoral. Y la población enciende velas para que la trampa y el fraude que nublan el cielo del Ecuador,  en el extraño verano de inicios de año, no se precipiten sobre el país.

Hastiada de los políticos corruptos la sociedad ha llegado a compararlos con esos seres míticos y de forma humana que en el pasado embrujaban a las personas con fantasías alucinantes hasta chuparles la sangre, arrebatarles su esencia y convertirles en otros vampiros. Los chupasangre de nuestro tiempo, maestros del engaño como los de las leyendas, seducen con ofertas desmedidas, arrebatan los bienes de sus víctimas y terminan transformándolos en otros vampiros.

Los vampiros políticos aparecieron en el Ecuador en los inicios de la república pero reaparecen en momentos de crisis y se fortalecen con el hambre, sufrimiento y el dolor de los demás. Mutan con las mismas prácticas y vicios  del pasado pero vienen con nuevas técnicas.

Nunca como en estas elecciones el fantasma de la corrupción política ha caminado amenazante  por la calles del país debido a que un gran porcentaje de  ecuatorianos contempla casi impasible los delitos en contra del Estado como algo normal y prefiere no denunciar los actos corruptos, aunque aquello implique algún nivel de complicidad. Esto explica porqué la mitad de los ciudadanos llegan indecisos a la hora de votar y un elevado número de electores decide votar blanco o nulo.

Probablemente la elección se decida entre un representante del castro chavismo y un integrante de las élites tradicionales. Mientras el Ecuador siga siendo uno de los países más desiguales del mundo y los gobernantes no tengan capacidad para solucionar el problema de la explotación de la tierra, la depredación de los recursos naturales, la definición de un modelo productivo adecuado y el respeto a la democracia y la justicia, no habrá paz ni equidad.  Tras ésta y otras elecciones tradicionalistas o castrochavistas continuarán sometiendo y destruyendo al país.

La palabra política se ha convertido en el vocablo más sucio del diccionario, pero la corrupción la  ha posisionado como la mejor profesión y la más rentable del país: exige tan poco y permite lo que la audacia del político abarque. A la clase política se la considera como la clase más desprestigiada de la nación.  

El  Ecuador enfrenta al tenebroso vampiro de este tiempo, el populismo que  destruye partidos políticos y borra ideologías para imponer los apetitos del líder. El mejor es el que más convence o el que mejor miente. Y el más maquiavélico: hay que suprimir tradiciones, valores humanos, principios morales; si conviene robar y matar hay que hacerlo, y si el pueblo es creyente hay que hacerlo a nombre de dios. Desvergüenza y  cinismo total.

El populismo está dentro de las 16 papeletas que buscan el poder.  ¿Forma parte de este grupo algún candidato con trayectoria moral y  capacidad para gobernar un país en crisis? Yo no lo encuentro. Unos aplauden, otros tienen miedo y la mayoría permanece impasible en este azaroso domingo 7. Yo decido con dificultad: votar por el menos malo.

Después del circo vienen las pesadillas

Durante algunas semanas el circo electoral ha contaminado el espacio de discursos insustanciales y ofertas demagógicas, dejando confusión y dudas. La primera feria de promesas termina en pocos días y luego llegarán las votaciones con sus sobresaltos y temores.  La democracia en el Ecuador no se ha derrumbado pero está muy cuarteada. Y el horizonte está nublado.  

El pequeño país sudamericano no ha terminado de curar las heridas que dejaron los años turbios cuando se asaltaban las arcas fiscales; se prostituía la justicia; se corrompían las instituciones; se instituía la mentira, el odio  y el ultraje  como instrumentos de gobierno; se perseguía a los que  piensan diferente y se expedían normas para el imperio de la impunidad. Un pueblo conformista miraba de lejos el sainete que  protagonizaba el autócrata y se acostumbraba a ser parte de los países más corruptos de la región sin recato ni vergüenza.

Hace pocos días, con el asalto al Capitolio, Estados Unidos llegó al borde del abismo pero la sensatez de sus dirigentes evitó la caída. Desde hace varios años el Ecuador vive bordeando el precipicio sin conciencia de  que el quemeimportismo y la ignorancia, que  embauca y manipula a los incautos, puede terminar  empujándolo en caída libre.  

El Ecuador llega a las elecciones del 2021 con un Consejo Nacional Electoral cuestionado y un proceso electoral nada transparente, desprestigiado por  la inclusión de procesados por la justicia,  candidatos a presidente sin preparación ni planes coherentes y políticos irresponsables que promueven el voto nulo.  

El combate a la inmoralidad, la injusticia social, el desempleo, la desnutrición infantil  y la restauración de la fe y los valores éticos no constan en los planes de los candidatos con propuestas congruentes. Un candidato ofrece  crear una renta básica universal financiada por quienes más tienen; otro se compromete aplicar la Ley de extinción de dominio para la recuperación de los recursos robados y el decomiso de los bienes adquiridos con recursos públicos; un tercero promete  ordenar la economía para promover la inversión  y generar empleo para dos millones de personas y hay quien propone  recuperar los proyectos “emblemáticos” del gobierno de Rafael Correa, como las “escuelas del Milenio” y el cambio de la “matriz energética”. Dicen qué pretenden hacer pero no precisan cómo.

El insólito número de aspirantes a la presidencia impidió a los organizadores concretar presentaciones adecuadas para que ellos expongan al público sus propuestas. La gran mayoría conformó un elenco hilarante que divirtió al auditorio con imprecisiones y errores idiomáticos y conceptuales: “Te invito a votar en homenaje a aquellos muertos que fallecieron en la pandemia»; “Lo que jamás pide este país es empleo, más empleo y trabajo”; «No permitiremos que los ecuatorianos coman tres veces al día»; «La delincuencia está en su casa»; «La corrupción debe ser detectada antes de que ocurra”. Y el impúdico ofrecimiento  de entregar  $ 1.000 a un millón de madres en la primera semana de gobierno para reactivar el consumo de las familias ecuatorianas.

El paisaje electoral se muestra nebuloso y confuso. La ruleta podría marcar el regreso del  condenado prófugo a comandar su banda de malhechores a través de la marioneta que maneja a control remoto, el retorno a las prácticas de la política tradicional, o a ensayar proyectos noveleros lanzados  al baratillo para pescar ingenuos.

“Mientras la ignorancia siga de fiesta el mundo seguirá de luto”. Mafalda asusta pero no está equivocada. Si dejamos  que la  ignorancia y el quemeimportismo sigan bailando descalzos en las calles y plazas  no habrá paracaídas que nos salve.

Queda un candil con una  pequeña luz. Necesitamos revestirnos de fe y optimismo para transformar la frágil llama en tea que alumbre la conciencia de  los electores hasta que termine el tortuoso proceso electoral.

El presidente Trump se desintegra

Estados Unidos celebra en este 2021 veinte años del ataque a las torres gemelas de Nueva York, el «mayor ataque terrorista» de su historia, con el “miércoles de la vergüenza”, otro día de terror en el que con violencia y caos se atacó al Capitolio, símbolo de la democracia de la nación, mientras el Congreso  estaba reunido para certificar la victoria del demócrata Joe Biden.

Hace una semana una horda  “comandada” por un hombre disfrazado de cuernos y piel de bisonte, irrumpió en el Capitolio dejando detrás muerte y destrucción. El “bisonte” se convirtió por un día en el hombre más famoso del mundo. Salió de la nada, hizo nada, dijo nada y nada lideró, porque el asalto estaba comandado  desde la Casa Blanca, pero sigue figurando como el  ícono de la embestida a la democracia más antigua del mundo  mientras el presidente Donald Trump se desintegra.

El miércoles 6 de enero conspiradores integrados por neonazis, extremistas y fanáticos defensores de Trump ingresaron rompiendo puertas y ventanas y  golpeando a la policía que nada hizo para detener el asalto. La turba  pretendía robarse las cajas que contenían las actas de las elecciones  y cazar a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y al vicepresidente Mike Pence, que presidía el escrutinio del Colegio Electoral.

Estados Unidos no podrá olvidar nombres como los de Josh Hawley, Ted Cruz, Ron Johnson y de otros senadores del Partido Republicano que encabezaron la conspiración que intentó dar el primer golpe de Estado legislativo a la nación. Y el nombre del presidente Donald Trump que “…en lugar de un discurso de despedida, como lo hubiera hecho cualquier demócrata, había escogido un motín con el fin de dar un golpe de Estado. Por eso no debería ser únicamente inhabilitado como presidente sino procesado criminalmente por todo lo ocurrido…”, (comentario del Washington Post).

Hace una semana, con un discurso conspirativo el presidente incitó a sus seguidores a lanzarse contra el Congreso. Nada fue casual. “Durante meses el presidente Trump, su familia y socios han fomentado salvajes teorías conspirativas que han llevado a estos actos de terror y sedición…” dijo la fiscal Letitia James en carta enviada al fiscal general, Jeffrey Rosen. Los fanáticos desbocados que llegaron al parlamento pretendieron demoler la democracia que se ha mantenido por 200 años. No lograron su objetivo pero la democracia ha quedado mal herida. La “normalidad” volverá con dificultad y  el Capitolio no volverá a ser el  mismo “faro de libertad” que alumbra al  mundo civilizado.

El presidente está cada día más solo y aislado. En una semana una cascada de renuncias de secretarios generales y altos funcionarios se ha precipitado sobre su gobierno, amigos y políticos republicanos avergonzados por su conducta desbocada  le han retirado su apoyo, hay senadores que ven con agrado el “impeachment” por conceptuar  que la acusación es fundada, y su esposa Melania ha emitido mensajes que se contradicen con los de él.                                                                         

Trump “puso en grave peligro la seguridad de los Estados Unidos y sus instituciones de Gobierno”; “amenazó la integridad del sistema democrático, interfirió en la transición pacífica de poder, y puso en peligro una rama de Gobierno”. Con estas acusaciones el Congreso lo procesará, terminará destituyéndolo o aprobará normas que le impidan  presentarse en las elecciones de 2024.

Donald Trump no va a escarmentar. No solo es el mandatario que con peroratas incendiarias dividió a sus compatriotas, les incitó a la anarquía y al odio durante 4 años  y terminó pisoteando el juramento constitucional. Trump es un ser que se precipita al abismo asfixiado por la estulticia, la prepotencia, la soberbia…y la soledad.

Beethoven asustó y cautivó al perro Ogu

Esta mañana, con el desatado frenesí de la Quinta sinfonía, el compositor alemán logró intimidar al perro Ogu y  horas más tarde lo sedujo con el Himno a la alegría de la Novena sinfonía. El can no se expresa con palabras pero, como muchos humanos, se conmueve con los sutiles  sonidos de la música. 

Como hace más de 50 años, cuando escuché  la “sinfonía del destino” por primera vez, vuelvo hoy a encontrarme  con el célebre maestro. El ”ta-ta-ta- ta”  me sacude, me desafía y me lanza por rutas desconocidas. Camino por senderos ásperos, con obstáculos que me entrampan y lanzan al suelo.  Prosigo la marcha hasta que surge un abismo que me sobresalta,  y no puedo detenerme. La sinfonía me lanza al vacío, soy nave de papel zarandeada por las olas. Me levanto, avanzo con firmeza, doy otro salto, me detengo y  respiro. Miro al cielo, siento que me crecen alas, navego en el aire y caigo en vuelo perpendicular.  El vaivén incontenible de la enigmática sinfonía  me ha llevado por sendas impensadas, me ha vapuleado, me ha enseñado a dominar el miedo y a buscar el camino de la victoria.

Ogu está parado frente a la ventana, me mira con ojos penetrantes que hacen preguntas extrañas. Su figura congelada me abrasa los sentidos y la mente. Me acerco con intención de acariciarle. Él perro me rehuye, se escapa; se detiene bruscamente, lanza un ladrido angustiado y busca un rincón oscuro de la casa para desparramarse sobre el piso y cubrirse la cabeza y las orejas con las patas. La música lo ha estremecido, huye de Beethoven y de mí.

Tras el torbellino de la Quinta sinfonía me refugio en las voces exultantes de la Oda a la alegría de la Novena. Por encima de los rígidos  vocablos del idioma alemán el canto beethoveniano hace florecer los versos del poeta  Schiller en una invitación para que los  hombres  se dejen guiar por la alegría que busca juntar  cuerpos y mentes en un abrazo de hermandad. “O Freunde, nicht diese Töne! / Sondern laßt uns angenehmere anstimmen, / und freudenvollere. / Freude! Freude…”  (¡Amigos! ¡Esos ruidos no! / entonemos sonidos agradables / y llenos de alegría. / ¡Alegría! Alegría! / Alegría, bella chispa divina, / Hija del Elíseo).                                                                     

La orquesta y las voces del coro producen en el perro el efecto contrario de la sinfonía anterior: derriten su sensibilidad y lo exaltan a una dimensión  desconocida. La fuerza  del coro ha logrado exorcizar el  demonio que lo poseyó a hace dos horas. La sonrisa de felicidad del animal se riega por la casa. –¿Qué dices Ogu, estás contento? El can Improvisa un paso de danza coral y con grave ladrido se suma al coro de la Oda. Pide caricias que retribuye con lamidas de los zapatos y sonidos perrunos de barítono bajo. 

Monstruo y genio, Beethoven vino hace 250 años para dejarnos el sutil  torbellino de su música. Hoy se viste de pop, rock  y otros ritmos intentando  frenar el desmoronamiento de la civilización  humana  con la fuerza de la rebeldía, el poder de la libertad y la justicia, el valor de la paz y el símbolo de la fraternidad universal.  ¿Lograrán sus gritos sosegados penetrar en el corazón y la mente de los humanos o sólo serán sinfonías al viento?