Sólo era un perro.

Vino y se quedó, cambió su libertad por el calor de esta casa. Era un animal feliz, tenía la cara de Ogú y le llamamos Ogú.                

Me amó con su amor de perro que era mayor que el mío. Amaba la comida, los paseos, las caricias, la vida. Era un perro niño, travieso y atolondrado, que se negó a crecer.

Se divertía sembrando de agujeros el césped: –Eres un perro de mierda, hoy te quedarás sin comida- Él se resignaba y se almorzaba el hambre. 

Cuando destrozó los cartuchos y las plantas del jardín con sus patas locas me venció el enfado, le grité y le zarandeé iracundo. Él inclinó la cabeza y acató.  

Indolente yo, dejé que las lluvias entumecieran su cola y sus patas en el crudo invierno. Con sol o con lluvia, en la alegría y la pena él siempre me sonreía.    

Terminamos como entrañables amigos, unidos por el amor que sentimos el uno por el otro y por la fragilidad  de los años otoñales. Él se adelantó en el viaje porque su tiempo se había agotado. 

La tarde de diciembre que se fue llovía mientras le acomodábamos en su nueva casa, debajo del  jardín. Yerto y mudo soportó en silencio el aguacero. 

Desde su tumba tibia observó mi pesadumbre y me lanzó el último ladrido para impedir que se me quebrara el corazón.   

Frente a la sepultura de Ogú su recuerdo me humedece el alma y me empaña los ojos en este aniversario de su muerte. Envidio su paz y su silencio debajo del jardín… 

Tanto lamento plañidero si sólo era un perro.

Sólo un perro, que me entregó su pequeña vida, me hizo feliz durante 14 años, me enseñó a perdonar y a amar; y me amó más que yo. 

 

El toreo ¿arte o asesinato?         

Hace 50 años (diciembre de 1973) vibré de emoción en la delirante corrida que hizo Armando Conde en la Plaza de Toros Quito en donde se convirtió en el primer torero ecuatoriano que ganó el trofeo “Jesús del Gran Poder”. En la célebre plaza el diestro quiteño toreó 14 temporadas, consiguió 20 orejas, 2 rabos, 20 vueltas al ruedo y se llevó 4 cornadas y muchas “cogidas”.   

Pocas veces disfruté de una corrida como aquella tarde, hasta que el delirio se apagó en una faena cruel: tras las puyas y los arpones de las banderillas el toro padeció la torpeza del matador que no pudo clavar el estoque en la nuca del animal causándole larga y sangrienta agonía y tuvo que descabellarlo para poner fin a la tortura. Ese día juré nunca volver a una plaza de toros.

La pasión taurina ha convertido a la fiesta brava  en un espectáculo para enardecer a los aficionados. Los vistosos trajes y el lucimiento de los toreros con el capote y la muleta; la destreza de los rejoneadores a caballo; el arsenal preparado para atormentar al toro son instrumentos destinados a exaltar el valor del torero y la crueldad con los animales.

La España taurina ha transformado en héroes a matadores como “Manolete” y “Paquirri” que dejaron su maestría y su vida en la plaza, congelando la sangre de los aficionados. Toreadores como “El Viti”, Antonio Ordóñez, Luis Miguel Dominguín, José María Manzanares (padre) y otros han sido ovacionados hasta el delirio en los cosos de España, México, Quito…

Las corridas de toros tienen honda raigambre en las tradiciones y la cultura de España. Por encima de ideologías, religiones y la tenacidad de los opositores la legislación española ha logrado consagrar a la fiesta de los toros como patrimonio cultural del país resaltando el valor, la estética, la solidaridad y otros valores humanos.

El arte y la literatura de España no han sido indiferentes al toreo, que ha  irritado a unos y ha cautivado a otros: “El toreo es la riqueza poética y vital mayor de España“  (F. García Lorca).  “El día que no haya toros, los españoles tendrán que inventarlos» (Benito Pérez Galdós). “Siempre me han aburrido y repugnado las corridas de toros” (Miguel de Unamuno).

La tauromaquia ha recorrido largo camino fabricando mitos, desde aquella estupidez de que “El toro no sufre”, hasta esa que pretende preservar las corridas de toros porque son arte y tradición. La especulación insensible no ha querido admitir que el toro es un ser sintiente y se ha tapado los oídos ante los mujidos de dolor y desesperación del animal.

¿Qué es el toreo? ¿Deporte, arte, o “el arte de las artes”? La fiesta taurina tiene  drama, plástica, danza, música; pero también sangre, tormento. Y espectáculo, un gran espectáculo donde se mata con saña para la gloria del torero y la diversión de los aficionados. El toreo es la danza del valor, el dolor y la muerte.

Patrimonio cultural del país o no la España de hoy se ha cansado del espectáculo donde se derrama sangre por diversión. Más del 70 % de los españoles encuestados por la consultora Gallup han respondido que no les interesa las corridas de toros.

En el mapa cultural de la España y la América torera quedan los versos del poeta Miguel Hernández retratando el drama de la fiesta brava y la vida: “Como el toro he nacido para el luto / y el dolor, como el toro estoy marcado / por un hierro infernal en el costado”.

 

 

La Vicepresidenta Abad se ha vuelto incómoda y prescindible.     

Lidiar con la vicepresidenta Verónica Abad le aturde al presidente Noboa y le resta tiempo para atender los complicados problemas que enfrenta para sacar adelante al país. Está claro, Abad le incomoda al presidente y ella se siente incómoda con él.   

Sin mencionar su nombre el presidente aludió a Abad al advertir que «El camino a la presidencia de la República también tiene traiciones; muchas veces de gente que uno ni siquiera espera…”. La vicepresidenta lo ha negado y ha pedido que  se aclare “por qué Noboa habla de traición”.  

Las distancias crecieron durante la campaña y se acentuaron cuando el presidente electo hizo una gira internacional por Colombia, España, Italia y Estados Unidos para buscar inversiones y capitales; y Abad se reunió por su cuenta en El Salvador con el presidente Nayib Bukele y en España con el dirigente ultraderechista Santiago Abascal.    

Abad  ha explicado que no acudió al almuerzo de Noboa en Carondelet, después de asumir el mando, porque no fue invitada. Ella visitó un mercado de Quito para realizar su propia celebración, pero su ausencia se vió como un desatino; y evidenció que los 2 mandatarios transitan caminos distintos y mantienen posiciones diversas sobre el manejo del gobierno.   

Enmarcado en la Constitución y para prevenir conflictos Noboa dispuso que la “única función” que tendrá Abad dentro del Gobierno es “Ser colaboradora para la paz y precautelar el escalamiento de la conflictividad entre Israel y Palestina”, precisando que debe trasladarse a la oficina de la embajada de Ecuador en Tel Aviv-Israel.

Reactiva e irritada la vicepresidenta acusó indirectamente a Noboa de autoritario y violento: ‘Hay violencia cuando, abusando del poder, te envían a morir a la guerra’. Los especuladores, algunas feministas y políticos adversos al mandatario treparon a las redes sociales para censurarlo expresando que Noboa ha ejercido violencia política.  

La tarea del vicepresidente es sustituir al presidente en caso de ausencia temporal o definitiva y cumplir las responsabilidades que le asigne el jefe de Estado. Abad debe limitarse a cumplir la misión que se le ha encomendado. No está obligada a hacerlo pero su negativa podría provocar que termine perdiendo el cargo. 

La vicepresidenta ha resuelto aceptar la misión del presidente para garantizar la estabilidad constitucional y “para que no se me interponga un abandono de cargo al no cumplir con esta delegación”: “La tarea encomendada es un gran reto para el país,… esto es una plataforma para dejar el nombre de nuestro país en alto”. 

También ha dicho que está dispuesta a dialogar con Noboa: “Conversemos como dos políticos responsables, puede que jamás estemos de acuerdo en varios temas como acordar con quienes han llevado al  país a la oscuridad…pero siempre estará conmigo la coherencia de seguir luchando por servir a los que más lo necesitan”.   

La historia muestra repetidos enfrentamientos entre los 2 primeros  mandatarios del país y la función de vicepresidente se ha vuelto inadecuada y, tal vez, innecesaria, como en el presente caso. El Ecuador podría reformar la Constitución para suprimir la vicepresidencia, como lo ha hecho México, pero en este momento el país necesita paz y trabajo. No hay tiempo que perder.

¿A dónde nos lleva Daniel Noboa?.

Ha cumplido su sueño de sentarse en Carondelet, presidente Noboa. Un gran logro para un novel político de 35 años. Y mientras  el país novelero celebra aquello de que usted es el presidente más joven de América Latina, el  otro país se pregunta qué hará con los complicados problemas que le esperan; y el país del pesimismo especula con un presunto fracaso.

Usted ha procedido como el estratega militar chino Sun Tzu: “Si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Se ha unido al enemigo y ha pactado con él. Claro que se puede pactar abriendo el diálogo para  exponer y escuchar. Pero el adversario debe ser medianamente decente. Pactar con expertos en trampas y zancadillas significa vivir en continua zozobra junto el enemigo.  

¿Cuánto tiempo durará el pacto que su movimiento ADN ha realizado con PSC y RC5, para monopolizar el poder de la Asamblea? Usted lo sabe, presidente, cuando los aliados de hoy consideren que ya no les sirve a sus intereses no dudarán en utilizar la Asamblea para conmocionar y desestabilizar su gobierno, tal como sucedió con su antecesor.

Al bloque de gobierno le han cedido las comisiones de Régimen Económico y Desarrollo Económico persuadiéndole de que desde allí se podrán manejar con facilidad los proyectos de tipo económico urgente que se apresta a enviar el presiente, sin dejar notar que en ninguna de ellas el oficialismo tiene mayoría para aprobar sus proyectos.

RC5 se ha tomado lo que más conviene a sus intereses: las comisiones de Fiscalización y Control Político; Justicia y Estructura del Estado; Garantías Constitucionales y Derechos Humanos, entre otras. Desde ahí podrá ejercer venganza contra sus enemigos, buscar amnistías para los sentenciados y los prófugos y abrir el camino a la impunidad.

Si su gobierno se presta para enjuiciar y censurar a la Fiscal General de la Nación, obstruir la posesión del nuevo Contralor, que ha sido seleccionado después de un largo proceso; y a los dignatarios que podrían estorbar los propósitos del correismo, el pueblo que le llevó a la presidencia nunca le perdonará el engaño. Será su debut y despedida.  

Algunos  politólogos consideran que el ex presidente prófugo y su movimiento están en declive y por eso han pactado para  subsistir, mientras usted se estrena en la presidencia con el brío de su juventud y su estilo mesurado que contrasta con la verborragia de ese líder. No se deje sorprender. Es muy difícil competir con el poder de las mañas.

Presidente Noboa, usted enfrenta el reto de su vida: reflotar a un país desesperanzado que ha confiado en su decencia y su honradez política. Si se fía de sus aliados y no actúa con celeridad para controlar la violencia sanguinaria, el gasto público y la difícil situación económica y financiera el corcel que cabalga le lanzará contra el piso y, quizá, no pueda levantarse.

Suena bien su enunciado “Hoy inicia el Nuevo Ecuador. Estamos listos para este nuevo reto”, y el tono sobrio y discreto de su breve discurso de posesión: ”Siempre he sido un joven de acción y de pocas palabras”;  «Soy un hombre libre y pragmático, que busca mejorar la vida de los ecuatorianos»; “Invito a todos a trabajar contra la violencia y la miseria”;  ”No podemos seguir repitiendo las mismas políticas del pasado”.  

Quizá su mensaje logre calar en la conciencia nacional. Pero eso no basta. Las palabras son volátiles. Y el Ecuador necesita obras que empujen adelante un país secuestrado por la vieja política y vapuleado por la corrupción, el saqueo y la mentira.

 

La última tentación de Cristo.         

Antes de que el Jesucristo coronado de espinas, clavado de pies y manos en la cruz entre en agonía aparece un “ángel” que le asedia con la última tentación: -Dios no te ha abandonado y quiere que seas feliz-. El ángel le baja de la cruz y le lleva junto a María Magdalena para que viva con ella y después con Marta y María, las hermana de Lázaro.

“La última tentación de Cristo” es la controvertida película de Martin Scorsese, el ex seminarista convertido en uno de los grandes directores de cine del s. XX, que condensó la novela homónima de Nikos Kazantzakis para llevar a la pantalla, en 1988, la figura de un Jesús atribulado y frustrado que no quiere ser dios y prefiere aferrarse a su condición humana.  

El Jesús de Scorsese es un ser débil temeroso y cobarde, torturado por las tentaciones, asustado por la posibilidad de ser el Mesías que sucumbe a la última emboscada del demonio, se convierte en un individuo ordinario que cae en la bigamia, continúa trabajando de carpintero para mantener la familia larga que procrea junto a sus 2 esposas y envejece en paz.

El film del director estadounidense desecha las imágenes de las estampitas y los grabados y la figura del hijo de dios transfigurado que había acumulado la tradición cristiana para pintar un hombre más terrenal, proclive a la equivocación y las caídas, lleno de dudas y temores que le llevan al borde del remordimiento y la desesperación.

La última tentación de Cristo deja atrás las historias bíblicas espectaculares llenas de sensacionalismo religioso que inundan las salas de cine y la televisión para retratar a un Cristo limitado, tremendamente humano. Sin llegar al marxismo de Pasolini, Scorsese se aproxima al célebre film “El evangelio según San Mateo” que se había estrenado 20 años atrás.

Mientras la versión de Pasolini fue acogida con entusiasmo por la iglesia, el film de Scorsese fue censurado y prohibido. La iglesia y ciertos fieles mojigatos se escandalizaron por la escena de sexo donde Jesús tiene intimidad con María Magdalena que queda embarazada. Esa y otras escenas bastaron para condenar a La última tentación de Cristo como una película flasfema.

De nada sirvió que Scorsese explicara que se trata de una ficción no basada en el evangelio. El director fue amenazado de muerte, un grupo de católicos fanáticos incendió en París un cine que exhibía la cinta, en varios países de Asia y Latinomérica se prohibió su presentación y en algunas salas de Estados Unidos se llegó a escupir a la gente que ingresaba para verla.

Cuando se acerca el fin Cristo se arma de valor, renuncia a morir de viejo, enfrenta la duda y el dolor, patea a los demonios que le han atormentado y vuelve a la cruz para morir solo y abandonado. Scorsese deja que el personaje expire como cualquier humano. La historia culmina con su muerte sin considerar el milagro evangélico de la resurrección.

Por encima de la censura de los cristianos y los cristólogos que, quizá, sigan considerando a la película de Scorsese como la obra de un hereje y un flasfemo La última tentación de Cristo ha generado una reflexión analítica sobre uno de los grandes personajes de la historia de la humanidad envuelto en controversias, dogmas y misterios.  

35 años después el film de Scorsese podría llevar, quizá, a profundizar los conflictos interiores del ser humano que plantea el cineasta y los mensajes que dejó Jesucristo, más allá de los mitos y los dogmas, para sacudir a un mundo vacío de vida interior que busca vivir sin dios, sin ley, sin valores y sin conciencia.

Viviré.               

Hay voces ladrando / palabras gritando / verbos hirviendo.

Me asfixia la angustia / el silencio me ahorca / me corroe el hastío.

Los enfrentaré / no resignaré / no temeré.

Lloraré padeceré  / resistiré.

Mataré sombras / prenderé lámparas y soles.

Expulsaré demonios / romperé cadenas.

Aterrizaré / sanaré mente y corazón.

Cantaré reiré / no pararé.

Me encontraré / renaceré viviré.     

Grieg, Peer Gynt, Suite 1, La mañana, Orq. Filarmónica de Berlín, Karajan.

 Día de los difuntos: pan y colada con sabor de muerto.

En las celebraciones tradicionales del 2 de noviembre no puede faltar en la mesa la bebida ancestral de color morado y el pan con figuras de muertos amortajados. Estos alimentos evocan la tradición milenaria de desenterrar a los muertos para compartir con ellos la comida.   

Colada morada y «guaguas de pan» son los manjares que devoramos los ecuatorianos el día 2 de noviembre, destinado a la recordación de los seres queridos que ya no están junto a nosotros. Su degustación se extiende por varias semanas antes y después de esta fecha. 

La colada morada es una herencia del incario fusionada con costumbres transmitidas por los conquistadores y prácticas religiosas del cristianismo por el día de los finados. Esta expresión gastronómica es una rica muestra del mestizaje de los pueblos andinos.   

Originariamente esta bebida se preparaba con sangre de llama luego de que este animal fuera sacrificado para celebrar el mes destinado a “cargar los muertos”. La colada se preparaba con maíz negro, naranjilla y mortiño; a esos ingredientes precolombinos se añadieron después especies como la flor de canela (ishpingo), clavo de olor y pimienta dulce traídos por los conquistadores.     

En los tiempos aborígenes las guaguas de pan eran tortillas de zapallo o calabaza que tomaron la forma de pan tras la llegada de la colonización. La panificación permitió a nuestros abuelos jugar con la masa dándole formas de animales como vacas, cerdos, perros y pájaros que luego tomarían apariencia de ángeles hasta transformarse en guaguas amortajadas.

Entre los indígenas de la Sierra ecuatoriana está extendida la costumbre de visitar los cementerios llevando flores, velas y alimentos para los muertos en el día dedicado a ellos. Los familiares se reúnen junto a las tumbas para compartir la comida y finalizan su ritual regando la colada morada en el piso para fundirla con la “pacha mama”. 

Ahora los muertos no se sientan en la mesa junto a sus familiares para compartir la comida pero la colada morada, junto a las guaguas de pan, siguen representando a la bebida sagrada que simbolizaban la sangre y el cuerpo de los difuntos dentro del sincretismo que ha juntado rituales precolombinos con creencias del cristianismo importado de Europa. 

La gente no se aflige pensando en la muerte y los seres que han partido del mundo terrenal, recuerda a sus muertos con alegría porque la creencia sincretista les lleva a presuponer que después de fallecer se reunirán con ellos en “la otra vida”.

La tradición del “Día de los finados” no se resigna a morir; con colada morada, guaguas de pan, rituales, cementerios, música y coplas el culto a la muerte y los difuntos renace el 2 de noviembre de cada año en ciudades y pueblos del Ecuador:

Por la loma grande / viene taita cura; / cargando a los muertos / a la sepultura / Cantaremos, bailaremos / que la muerte no anda lejos; / comenzará por los niños / y acabará con los viejos.     

El día en que yo me muera / me he de enterrar con guitarras; / por si acaso se me ofrezca / con taita Dios una farra.                                                                                                                                                                  

Indígenas en cementerio de Calderón, Quito.

 

«Totentanz», la danza macabra de Franz Liszt.                                    

Los dedos de la pianista Marta Argerich golpean con fuerza brutal las teclas del piano sembrando de terror fantasmal la sala. Un piano hosco y vehemente, acompañado por los trombones, fragua sones de ultratumba en la escalofriante introducción del Totentanz de Franz Liszt.       

El auditorio está sobrecogido por la danza macabra que el compositor austro-húngaro había extraído de las pinturas del cementerio de Pisa para dar rienda suelta a la atracción que sentía por lo fúnebre y lo tétrico que lo llevó a escribir una de las piezas sinfónicas más estremecedoras de la música clásica.

La obra muestra la intensa influencia del oscurantismo sobre el arte musical en el s. XIX y, sobre todo, el  gran virtuosismo del panista y compositor que ha sido considerado por algunos críticos como “el mejor pianista en la historia de la humanidad”.  

El Totentanz es un conjunto de variaciones sobre el Dies Irae, un canto gregoriano sobre la muerte, la condenación y el infierno que usaba la iglesia medieval para atemorizar a los creyentes. Como a Mozart y Berlioz la simplicidad musical del Dies Irae también había logrado cautivar a Liszt.

Los sones sobrecogedores de esta obra sinfónica tienen expresiones contrastantes que descubren a un Liszt sombrío pintando figuras de esqueletos danzantes. En la cuarta variación el compositor hace del Dies Irae una dulce cantinela de líricos arpegios y en la sexta y última variación desata trinos abruptos y audaces armonías capaces de desconcertar al auditorio.

«Totentanz para piano y orquesta» forma parte de las obras maestras de Liszt, junto a la Sinfonía coral Fausto, los conciertos Nº 1 y 2 para Piano y otras obras que el compositor empezó a escribir desde finales de la década de 1840. El toque frío  y virtuosístico que el músico húngaro le da a su danza de la muerte ha cautivado a melómanos del mundo durante 200 años y ha inspirado a otros grandes compositores.

Biógrafos  y estudiosos dan cuentan de hechos y anécdotas fantásticos de la vida de Liszt, desde el beso en la frente que le dio Beethoven cuando conoció al pequeño genio, los arrebatos místicos que le condujeron a buscar el sacerdocio en la senectud hasta el fanatismo de una admiradora madrileña que rescató de un cenicero el resto de un puro que había fumado el compositor y lo metió en el corpiño para cargarlo por el resto de su vida.

El delirio de las fans y la admiración de los melómanos que se extasiaban con sus conciertos están en otro capítulo. A Liszt se lo ha considerado el precursor de los concertistas contemporáneos. Su arte y personalidad carismática atraía a las mujeres que se sentaban alrededor de su piano y llegaban a organizar grupos de maniáticas hechizadas por Franz, tal como ocurriría en nuestra época con super estrellas como los Beatles o los Rolling Stones.

A 212 años de su nacimiento  (octubre de 1811) el infante frágil y nervioso, transformado en niño prodigio y después en diabólico pianista sigue asombrando al mundo de la música clásica e instrumental. Ser dotado de inteligencia superior que transpiraba afabilidad y modestia, varón enamoradizo y seductor incorregible, compositor y pianista excepcional Franz Liszt era un hombre extraño elegido de las musas.

(Para escuchar el video hacer click en el link de youtube)

F. Liszt, Totentanz, Martha Argerich piano.

 

¿Podrá cargar Noboa el enorme peso que está heredando?         

El cauteloso, imperturbable y casi inexperto político de 35 años, elegido presidente del Ecuador en las elecciones del 15 de octubre, tendrá menos de 18 meses para gobernar un país flagelado por la inseguridad, sacudido por la crisis económica y perturbado por la irracionalidad política.

El país cansado de correísmo y anticorreismo, de latrocinios y corruptelas, de verborragias huecas, de promesas mentirosas se ha decidido por un modelo político atípico, el autsider que enfundado en su chaleco antibalas sorprendió a todos en el primer debate y trepó al segundo lugar en las elecciones de primera vuelta. 

Mientras los marqueteros entretenían a los electores con avena Quaquer y muñecos de cartón, contrastando con el  lenguaje gestual casi inexpresivo y el verbo sencillo del candidato, el estilo  afable de Noboa penetraba en los indecisos y los jóvenes induciéndoles a seguir su mensaje  y aceptar sus proposiciones.     

Las propuestas de garantizar la seguridad de la población dotando a las fuerzas del orden con  equipos de alta tecnología; reforzar la dolarización manteniendo la disciplina fiscal e incrementando las reservas internacionales; crear oportunidades laborales y educativas para los jóvenes excluídos persuadieron a los electores a votar por él.

Noboa tiene un inmenso reto para el breve tiempo que estará en el poder. No solo tendrá que enfrentar la inseguridad, el desempleo, buscar dinero para pagar deudas y enfrentar el abultado gasto público. No puede permitir que el IESS se quede sin dinero para pagar las pensiones de los jubilados, o que el Fenómeno del Niño termine zarandeando a los sectores vulnerables.

El presidente electo deberá lidiar con enemigos complicados como los narco criminales, los políticos rastreros atrincherados para enfrentarle y hacerle caer, los funcionarios corruptos que le han dejado sus antecesores en el sector público, los jueces deshonestos y el líder prófugo lastimado por la derrota que está listo para provocar y atacar.

El nobel político sabe que va a gobernar uno de los países más inseguros y violentos de la región secuestrado por la delincuencia organizada transnacional que se ha tomado las cárceles desplazando al Estado, ha sembrado el terror en la población que camina atemorizada por las calles y ha instaurado la extorsión y el crimen.  

En 2 meses cortos debe armar su equipo de gobierno y apurar las prioridades para su exigente mandato. Los ministros, más que amigos, deberían ser personas capaces y solventes para acometer con acierto sus altas responsabilidades. Si atina en la selección de Gobierno, Interior y Finanzas  habrá cubierto, quizá, los frentes más complicados de su gobierno.

El Ecuador no quiere seguir saltando de la novelería del triunfo al desencanto de siempre. Ahora espera que el hombre sencillo y sin ánimo triunfalista, que en su primer mensaje de presidente electo anunciaba “Mañana empezaremos a trabajar por el nuevo Ecuador”, haga el milagro de devolver la seguridad y la paz y unir a un país fracturado por el odio y el enfrentamiento estéril.

 

Caravaggio, el genio maldito que hechizaba y atemorizaba.                

La figura novelesca y oscura de Michelangelo Merisi da Caravaggio, envuelta por el aire viciado de la Roma turbulenta de su tiempo, llena de rufianes y matones, donde dejó su vida atormentada, ha fascinado a literatos, fotógrafos, productores de cine y televisión.  

Los desenfrenos del violento pintor milanés han sido la carrera de un loco que ha superado la ficción creando el mito del artista maldito. Y la audacia de su obra expresa la producción de un elegido que ha revolucionado la pintura de su época y ha influido en el arte pictórico de todos los tiempos.     

El pintor que lideraba una pandilla de delincuentes fue llevado a juicio en más de 10 ocasiones hasta que le castigaron con la pena de muerte por haber matado a un hombre durante una riña. Caravaggio era un hombre iracundo y virulento., bebedor empedernido, amigo de las prostitutas y las tabernas siempre dispuesto a la pelea.     

Detrás del hombre de carácter insolente se escondía un ser atormentado que no pudo mitigar su sed de amor y comprensión, acosado por la equizofrenia y rechazado por la sociedad. “…No soy un criminal. Soy un hombre que busca ayuda, un artista que busca misericordia». 

A la esquizofrenia y los trastornos de personalidad se sumaban la pederastía y la bisexualidad que practicaba con los niños y jóvenes que acudían a su taller a los que iniciaba en el mundo del arte y las relaciones homosexuales.

Michelangelo Merisi Caravaggio agitó y transformó los parámetros formales de la pintura italiana y europea del s. XVI. Con su estilo tenebrista creó un realismo crudo y brutal que le llevó a pintar las figuras humanas con dramáticos claroscuros a través de un atrevido tratamiento de la luz y un cromatismo agresivo.   

El gran pintor renacentista impuso su estilo rompiendo moldes y estereotipos. Cuando empezó a pintar lo sobrenatural con realismo dramático, rasgos sencillos y humanos los tradicionalistas se escandalizaron, sus enemigos le increparon y los puristas le calificaron de flasfemo. 

Él no se amilanó y quebró la austeridad religiosa de lo sagrado ilustrando las escenas bíblicas con marcada sensualidad. Para pintar su cuadro La Muerte de la Virgen borró las figuras de los ángeles y sustituyó el rostro transfigurado de la virgen por la imagen de una mujer de extracción humilde que lleva el vientre hinchado y las marcas de la muerte en su cara.    

En La decapitación de Holofernes, quizá su obra más sobrecogedora, los personajes trazados sobre  las sombras destilan violencia y horror: Junto a la  cabeza moribunda de Holofernes, de patetismo frío y brutal, el rígido rostro de Judith, más que furia homicida muestra repulsión del acto que acaba de cometer; y detrás de ella la cara congelada de una criada asustada acentúa el dramatismo de la escena.  

La obra de Caravaggio es una extraña mezcla de violencia rabiosa, humanismo descarnado y espiritualidad casi mística. No se enredaba en las figuras transfiguradas de vírgenes, apóstoles y santos, prefería hundirse en el sufrimiento y hurgar en las miserias humanas para expresar lo terrenal y lo divino.

Los cuadros del pintor milanés muestran la obsesión por la luz que le llevaba a perseguir las tinieblas para rescatar la claridad de las sombras. Caravaggio fue el genio maldito que deslumbró con sus pinturas y aterró con su vida insolente. 400 años después su prodigioso arte continúa influyendo en las nuevas generaciones de artistas que aspiran a crear con libertad.

Caravaggio, «Judith y Holofernes», Galería Nacional de Arte Antiguo de Roma.

«Judith y Holofernes», detalle.