
El hombre extraño de la celda 3, piso 3 del edificio C de la cárcel de Reading Gaol, que pasaba las 24 horas del día metido en su celda sin contacto con otros presos, no hablaba y solo escribía no era un criminal peligroso. Era el recluso más famoso del viejo presidio del sur de Inglaterra.
Oscar Wilde, el célebre poeta y dramaturgo irlandés, guardaba prisión en Reading desde El 25 de mayo de 1895, después de haber sido condenado a dos años de prisión al ser declarado culpable de «actos de indecencia grave con otra persona masculina».
Era el mismo personaje excéntrico de lengua mordaz que vestía pantalones de terciopelo, sombrero de ala ancha, medias de seda, pelo largo, llevaba un bastón con empuñadura de piedras preciosas y una flor en la solapa y no paraba de escandalizar con sus parrandas desenfrenadas.
A los 16 años el enfant terrible desconcertaba con sus desenfrenos al involucrarse sentimentalmente con otros estudiantes y con bellas actrices de la época. Y nadie reparaba en su homosexualidad, preferían llamarle el joven dandi.
Wilde contrajo matrimonio a los 29 años con una mujer a la que nunca amó y le dio 2 hijos. Paseaba con sus extravagancias por bares y burdeles y no tuvo recato de llevar las parejas sexuales a su casa. La sociedad inglesa se había habituado a sus escándalos y lo llamaba el “caballero del clavel verde”.
Su caída empezó el día que conoció a un adolescente, 16 años menor, que se convirtió en compañero de sus desenfrenos y suscitó una pasión obsesiva, delirante y turbulenta. La rubicunda belleza de Bosie llevó al escritor a la cárcel de la que emergió una sombra pálida llamada “Sebastián Melbmoth” que se extinguió en París a los 46 años.
Al descubrir la aventura sexual que Wilde mantenía con su hijo el padre de Brosie, lord Rosebery, lo había acusado públicamente de sodomita desatando la ira del poeta que lo demandó por calumnia. El aristócrata contra atacó y con el poder de sus influencias y su dinero consiguió que el amante de Bosie fuera condenado a 2 años de cárcel y trabajos forzados por sodomía e indecencia.
La sociedad inglesa nunca perdonó a Oscar Wilde su agudo ingenio y su actitud desenfadada ante la vida y el amor. Más que al “gay descarado” la justicia estaba castigando al hombre que se había revelado contra los falsos valores de la sociedad de su tiempo y había tenido la audacia de desenmascarar en sus libros la hipocresía y la moral dudosa de esa sociedad.
Desdeñaron al autor de La importancia de llamarse Ernesto y no se cansaron de censurar El retrato de Dorian Gray, la obra más renombrada de Wilde, en donde se burlaba de la sociedad británica y expresaba que el arte no tenía por qué ser moral. El día que apareció la novela lo tacharon de turbia e inmoral.
Y prefirieron ignorar La Balada de la cárcel de Reading el poemario desgarrador que narra las aflicciones que soportaban los prisioneros en las sombras de la cárcel y el dolor congelado de un hombre que fue ejecutado por haber matado a su esposa.: “…Todos los hombres matan a lo que aman. Algunos lo hacen con una mirada amarga, otros con una palabra encantadora, el cobarde con un beso y el hombre valiente con una espada”.
Después de despreciarlo y vilipendiarlo los enemigos del dramaturgo le hundieron en prisión para herir su ego, aplastar su rebeldía y liquidarlo moralmente. Repudiado y olvidado, uno de los escritores más célebres en lengua inglesa de todos los tiempos, abandonó Inglaterra para siempre luego de enterrar a Oscar Wilde en la Cárcel de Reading.
(Al pie, O. Wilde con su amante «Bosie»).















