
Un mundo alborotado se pegó a los medios electrónicos el último fin de semana cuando a un hombre mayor le calzaban sobre la cabeza, casi calva, un tocado de oro y piedras preciosas, de esos que en las culturas antiguas garantizaban el poder absoluto.
El abuelo de 74 años es el rey Carlos lll que logró poner a sus pies al pueblo británico cuando el obispo de Canterbury le coronaba como soberano del Reino Unido y le vitoreaba al grito de “Dios salve al Rey» mientras el coro de asistentes a la ceremonia replicaba la aclamación.
El flamante rey no podía ocultar la satisfacción tras la espera interminable de 70 años para suceder en el trono a su madre, la reina Isabel II, que alargó el nombramiento de sucesor mientras el hijo esperaba que abdicara.
El carácter inseguro y la timidez del joven príncipe llenaban de dudas a la monarca. No confiaba en su hijo porque no encontraba en él la firmeza y las condiciones indispensables para entregarle el trono.
Carlos reflejaba en su personalidad la falta de atención de la madre que se había entregado a los asuntos de Estado descuidando a la familia y el comportamiento frío y represivo del padre que le intimidaba en público y le trataba como a un extraño.
El quemeimportismo de los padres y el trato hostil que recibió de los compañeros que le acosaban con burlas crueles, en uno de los colegios en donde le habían internado, hicieron de Carlos un adolescente cohibido que escondía sus emociones y se auto reprimía.
El futuro rey también enfrentó episodios azarosos en el amor: En Camila encontró a la mujer que mitigaba sus conflictos emocionales, le daba comprensión y amor pero se unió a Diana en un matrimonio de conveniencia. Nunca amó a Diana, la madre de sus hijos, y debió contentarse con frecuentar de lejos a Camila que se convirtió en “la otra” hasta que se separó de su esposa.
Carlos y Camila se han sentado por fin en los tronos soñados después de ceñir en sus sienes las coronas de oro y piedras preciosas envueltos en los oropeles propios de su condición de monarcas del Reino Unido.
Dibujantes y caricaturistas se han sumado a los festejos de la coronación de los reyes con sus lápices afilados: La revista francesa Charlie Hebdo puso en la portada de su último número un dibujo que muestra a un Carlos con cara de bobo sosteniendo sobre su cabeza la calavera de Diana, su esposa muerta, con la corona de reina, mientras sus hijos Guillermo y Enrique exclaman «¡Hasta mamá ha venido!».
Crítico y mordaz el periodismo gráfico ha recogido opiniones del pueblo británico que tiene dudas sobre la capacidad del anciano rey para manejar las responsabilidades de jefe de Estado, no admite que la antigua amante de Carlos se haya convertido en la reina Camila y no ha logrado olvidar a Diana, la eterna “reina sin corona”.
¿Se podrá seguir manteniendo una dinastía anacrónica que oculta sus privilegios detrás de símbolos y poderes de fantasía, mientras en el mundo hay millones de personas que viven en la pobreza extrema y al margen de los servicios básicos, millones de niños sufren desnutrición aguda y muchos infantes mueren antes de los 5 años por esa causa; y el propio Reino Unido enfrenta una dura crisis económica?










