¿Agoniza la democracia en el Ecuador?                                        

El sujeto que hace cerca de 4 años se tomó la ciudad de Quito, además de otras ciudades y pueblos del Ecuador, junto a otro vándalo, para turbar la paz y la tranquilidad del país, ha desvelado con desvergüenza su decisión de volver a aterrorizar a la gente y liquidar la democracia.  

Hace 8 meses volvió a sembrar el caos y la violencia en la nación y luego de arrasar el país intimidando a la población, envenenando el agua potable, incendiando patrulleros, asesinando militares, sembrando el caos a su paso embaucó al gobierno y lo sentó frente de él para un diálogo fingido. Prepotente, cínico y audaz, rompió la negociación y hoy se alista a una nueva aventura golpista.          

El líder indígena llegará blandiendo los derechos del pueblo al que representa con indecencia y deslealtad, convirtiéndole de nuevo en la víctima de su ambición y sus engaños, exponiéndole al hambre y el maltrato.   

El dirigente ha enterrado los vejámenes que años atrás desató contra su pueblo un gobernante más violento y más prepotente que él y se ha complotado con el antiguo enemigo para reforzar los ataques programados para tumbar al gobierno. Para estos comandantes de la violencia los presidentes de turno solo son piezas de su juego macabro contra la democracia. Maestros de la amenaza y el engaño proceden con increíble persistencia hasta lograr sus abyectos objetivos.         

Prevalidos en los resultados favorables que han obtenido sus agrupaciones políticas en las últimas elecciones, el líder terrorista y el ex gobernante prófugo preparan la arremetida final contra el poder constituido y saltarán a las calles decididos a romper la paz y pisotear la ley cuando menos lo espere la población.    

Un desacreditado político sentenciado por crímenes contra el Estado y un vituperado dirigente indígena que, apenas representa al 6% de la población ecuatoriana, no tienen calidad legal ni moral para destituir a un presidente que con todos los errores cometidos no ha caído en causal alguna de destitución y debe terminar el período para el que lo eligió democráticamente la mayoría de ecuatorianos.     

Dos sujetos despreciables no pueden mantener en vilo a la nación amenazando y  quebrando la tranquilidad y la seguridad. No pueden amedrentar a mujeres y hombres pacíficos que quieren vivir y trabajar en paz.  

El presidente de la república debe defender la democracia, garantizar la seguridad y el orden y  actuar con mano firme para impedir que el vandalismo se tome el país. Y está obligado a enmendar sus múltiples errores y hacer los cambios que el país necesita sin enredarse en discursos insustanciales.  

La democracia recibe reiteradas amenazas de muerte. Pero antes de que entre en coma los organismos del Estado ecuatoriano no alineados con el  autodenominado socialismo del s.XXI deben intervenir para frenar el golpe de Estado que camina de manera descarada.    

Si los ecuatorianos no logran dejar de lado la apatía y el conformismo que subyuga a muchos en cualquier momento despertarán con un títere instalado en el poder bajo el control de los golpistas que lo mantienen listo para acomodarle en Carondelet.    

 

Elogio del burro.                                    

Diez años atrás la sociedad ecuatoriana se sorprendía con el sarcasmo de 2 jóvenes guayaquileños que intentaban inscribir a un burro como candidato a la Asamblea Nacional para burlarse de la clase política del país.            

La mofa estaba dirigida a presentadores de televisión, deportistas, cantantes, ex reinas de belleza, actores y otros personajes que se lanzaban a probar suerte en la política, a los que se pretendía agraviar de ignorantes e incapaces comparándoles con el burro.  

El asno ha sido tradicionalmente ridiculizado como bobo, torpe y bruto; y se le ha dado también fama de lerdo y tozudo debido a su terquedad para aceptar la agresividad de los humanos que quieren maltratarlo.

La civilización occidental ha tratado de manera injusta a los  animales, especialmente  al burro, sin considerar la mansedumbre, la fuerza para el trabajo duro, el aspecto bonachón y la inteligencia de este animal; aunque las costumbres de las antiguas civilizaciones contrarían a Occidente al valorar las cualidades y  fortaleza física del animal que le permiten adaptarse a la vida del desierto, detectar olores a  varios kilómetros de distancia y arrastrar cargamentos de hasta 4 veces su propio peso. Para los griegos y los romanos este animal se consideraba como símbolo de nobleza, austeridad, fuerza y trabajo.                                        

Durante siglos el burro ha compartido con los humanos las faenas agrícolas, ha servido como animal de carga y ha sustentado a la economía familiar. Las innovaciones que genera el desarrollo, a través de la mecanización de la agricultura, la modernización de la maquinaria y los medios de transporte de carga han desplazado al antiguo compañero de trabajo del hombre del campo.      

El aporte de arqueólogos, científicos e investigadores ha contribuido a desterrar los prejuicios fabricados sobre el burro. Y la literatura se ha encargado de derrumbar el mito que este animal es tonto o estúpido:    

En una fábula de Félix M. Samaniego se cuenta que al descubrir a un lobo dispuesto a atacarle, el burro finge que se ha clavado una espina en una de sus patas traseras, empieza a cojear quejándose del dolor y pide ayuda al lobo diciéndole que sólo alguien tan inteligente como él podría ayudarle. Mientras el lobo busca la espina en la pata del asno, éste le da una fuerte coz en el hocico y sale corriendo a refugiarse en la casa de su dueño. Y el lobo se queda adolorido, con los dientes rotos.                       

El poeta español Juan Ramón Jiménez, a través de su libro de prosa poética Platero y yo, presentaba hace más de cien años una imagen humanizada y sensible del borriquillo que soporta resignado las locuras de los niños; y cuando los hombres pretenden maltratarlo se aparta de ellos y se refugia en los brazos de su amigo. El autor idealiza al animal mostrándolo como un ser bueno por naturaleza frente a la menospreciada figura del ser humano: “…al asno que es malo debieran decirle hombre…”.    

¿Conseguirá el borrico liquidar el mito de bobo y bruto que le ha endilgado la cultura occidental y logrará sostener la figura de nobleza, sensibilidad, fuerza y trabajo que se ha ganado con tezón y esfuerzo?         

En Europa y los países desarrollados el burro es una especie extinguida y en muchos otros está en peligro de extinción. En pocos años más sólo será parte del recuerdo la leyenda.

 

Amigos hasta la muerte.                                   

Un perro sentado en la vereda, junto a una manta raída y sucia, mira a los transeúntes que pasan por la calle cuando empieza a despuntar el día. La gente camina sin detenerse ante el animal hambriento que tirita por el frío de la mañana quiteña. Hasta que un adolescente detiene su marcha, trata de compartir con el animal el refrigerio que lleva en su mochila pero el perro no le acepta.        

El can mira al joven y señala con una de sus patas el bulto que cubre la manta. Debajo de la cobija, sobre un montón de cartones viejos, yace el cuerpo frío y rígido de un hombre de barba y cabellos mugrientos con facha de indigente. Confundido y aturdido el joven solo atina a acariciar al animal para mitigar la tristeza que lo destroza por dentro. 

-¿Porqué no quieres comer perrito?          

El perro añora al amigo que le acogió hambriento y lleno de golpes para compartir con él su miseria y su libertad. Recuerda las siestas tibias bajo los árboles de los parques, las madrugadas que se acurrucaban el uno junto al otro cuando el frío les invadía, las noches que conversaban esperando la llegada del sueño.       

No ha olvidado las mañanas cuando se miraban a los ojos y se abrazaban enlazados por la hormona del amor, los cuidados que se prodigaban cuando algún sufrimiento les acosaba, los días malos que en vez de separarles les juntaban más.                               

El mendigo no ha sido su amo, ni su dueño ni su padre. Ha sido su amigo. Él le ha enseñado que la amistad puede unir los cuerpos y las almas de los humanos y los perros; que se puede ser feliz con poco y que la vida puede ser bella. Le ha acostumbrado a vagabundear por las calles y los caminos compartiendo soles y  lluvias. Pero no le ha explicado que en algún momento los hombres y los animales se van para no volver.            

Cuando los socorristas llegan para llevarse el cuerpo del indigente el perro les recibe con gruñidos y se lanza a morderles para impedir que se acercaran al cuerpo inerte de su amigo. El muchacho de la mochila trata de abrazar y sostener con caricias al can para permitir que el personal de socorro haga su trabajo.     

Mientras el carro de los socorristas se aleja calle abajo con el cadáver del vagabundo el perro se derrumba sobre los cartones donde solía dormir junto a su amigo. No ladra, no gruñe. Está llorando.

¿Servirán las elecciones para fortalecer la democracia?       

La corrupción y la ineficiencia de los gobernantes han impedido que los ecuatorianos confíen en ellos. La población se aferra a la débil democracia que le queda al país pero ha perdido la fe en la política. Las elecciones del domingo 5 de febrero probablemente mostrarán de nuevo esa realidad.

En un marco de inseguridad, con narco mafias que han agredido y amenazado a algunos candidatos, más de 13 millones de ecuatorianos irán a las urnas para elegir dignatarios de municipios, prefecturas, juntas parroquiales e integrantes del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (Cpccs). Algunos acudirán a votar para evitar sanciones, otros por la fuerza de la costumbre, otros para cumplir compromisos políticos con quienes les han ofrecido recompensas cuando lleguen al poder y unos pocos para frenar el avance de la delincuencia y la corrupción.       

Las campañas electorales han invadido las redes sociales con payasos y saltimbanquis que bailan, cantan, gritan. Y compiten para hacer los mejores ofrecimientos y las mentiras más descaradas con el fin de convencer a los electores. Esa vieja costumbre se ha agravado, sin remedio.         

Hay poca esperanza de que estos comicios cambien la difícil situación del país. El resultado de las elecciones seccionales tendrá bajo impacto en la realidad política de la nación. Y si la consulta favorece al presidente de la república tampoco generará los cambios que el país espera.   

Los opositores han criticado al presidente señalando que la consulta popular solo busca levantar la deteriorada imagen del gobierno, pero el gobernante ha insistido que “la consulta es una oportunidad para enfrentar problemas que Ecuador no ha podido resolver en el pasado”.            

El ejercicio democrático que permite a los pobladores elegir a sus gobernantes resulta casi inocuo en un Estado regido por una constitución y unas leyes que atentan contra la institucionalidad y favorecen la impunidad; una legislatura manejada en su mayoría por políticos ignorantes y corruptos y una justicia administrada por jueces venales.         

Los resultados de las elecciones dirán si los ecuatorianos tienen interés, o no,  de apoyar la lucha contra la corrupción política y el narcotráfico. Pero ¿a dónde va el país? El ejecutivo y el legislativo muestran la imagen de una democracia enferma y deteriorada.                    

Lo de la Asamblea Nacional es muy preocupante. Un estudio de opinión realizado en agosto de 2022 por la encuestadora internacional Click Report, señala que “nueve de cada diez ecuatorianos califican como mala la gestión del Congreso”. Eso confirma el reiterado rechazo de la población a este poder del Estado por sus vergonzosas actuaciones.             

En cuanto al ejecutivo el país ha visto los insistentes y fallidos intentos de la Asamblea para destituir al jefe de Estado. Pero ha sido testigo, asimismo, de sus desaciertos: la  ceguera para ver el peligro que le acecha, la tozudez para persistir en los desatinos y la falta de voluntad para rectificarlos, y la presencia de funcionarios corruptos que salpican al presidente y al gobierno. El país espera que el gobernante termine su período por el bien de la democracia. Pero también espera que rectifique sus errores y enderece sus pasos para impedir que la nación caiga en el caos que buscan los malos ciudadanos.

 

Raperos que pervierten a la sociedad.                               

Jóvenes de Latinoamérica y el mundo empezaron de manera deplorable el año 2023 celebrando la elección como “Mejor Artista del Año” 2022, que realizó un canal de televisión por suscripción estadounidense, a un reguetonero proveniente de una isla del Caribe, que se ha convertido en abanderado de la procacidad, el sexo, las drogas, la promiscuidad y la degeneración social.     

El intérprete es catalogado artísticamente como rapero, cantante, compositor y productor. No encaja en eso que la cultura gringa ha llamado “Self-made man” para definir a las figuras exitosas. Es el producto de una sociedad en estado de descomposición que se dirige al barranco.   

Este reguetonero representa a una generación fracasada integrada por jóvenes -mujeres y hombres- que van a la deriva sin saber para qué sirve su vida, se mueven al margen de la realidad, han renunciado al derecho de ser ellos mismo, no quieren diferenciar el bien del mal, se entregan a las sustancias prohibidas y viven atrapados por las redes sociales.

Nombrado “Compositor del Año” por la Sociedad Americana de Compositores, Autores y Editores (ASCAP), el rapero caribeño cuenta con millones de seguidores para quienes su ídolo se consolidó en el 2022 como el artista más popular del mundo.           

El cantante se ha promocionado en videos, medios escritos y redes sociales vestido con ropa de mujer, provocando severos comentarios en su contra: “Ya que salga del closet y deje el show”. Y él ha respondido: “Al final del día, no sé si en 20 años me gustará un hombre”.                  

Este rapero que no le importa hacer el ridículo para vender su imagen no es irreverente. Es grotesco. Sus canciones denigran a las mujeres y las tratan como a vulgares prostitutas. Da repulsión y vergüenza mencionar las letras sucias de ciertas canciones suyas que han desencadenado aluviones de críticas: “Ella es mi Lady Gaga y yo su Bradley Cooper, ella se lo traga y luego me lo escupe». Lo sorprendente es que muchachas alienadas que acuden a los conciertos entonan coros de aullidos incontenibles con las canciones que han logrado memorizar.       

El ganador de varios Grammy latinos, que rapea sus canciones con estilo coloquial y un supuesto interés de defender la libertad y la igualdad, es el agente de élites voraces que explotan la ignorancia de los jóvenes para imponer el conformismo, la mediocridad, la promiscuidad  y borrar los valores a través de ritmos y danzas que envuelven contenidos grotescos sobredimensionados por la tecnología.  

El exitoso reguetonero del s. XXI no es único. Raperos como él y cantantes de otros géneros compiten en procacidad con letras como ésta de un grupo de rock español: «Tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte. Hasta que digas sí”. O esta otra roquera: «Solía amarla, pero tuve que matarla, tuve que enterrarla seis pies bajo tierra y aún puedo oír cómo se queja». O esta “romántica” balada del s. XX: “Si quieres disfrutar de sus placeres / Consíguete una pistola si es que quieres / O cómprate una daga si prefieres / Y vuélvete asesino de mujeres».

Probablemente la música no podrá cambiar valores, pero tampoco puede ser usada como  instrumento para promover la violencia contra la mujer. Y para vulgarizar el lenguaje con mensajes que perviertan a jóvenes y adolescentes. 

La sociedad no puede permitir que se prostituya a la música con mensajes degradantes que promueven prácticas sexuales retorcidas, fomentan el consumo de alcaloides y atentan contra la libertad. La libertad no puede alcahuetear las barbaridades que se cometen en su nombre.

 

2023, volver a nacer.                      

No fue el feroz Covid 19 que aterrorizó al Ecuador y al mundo en 2019 y 2020. Solo fue una sombra de ese monstruo que asesinó sin piedad, dejó cadáveres en las calles, causó huérfanos y hambrientos, sembró lágrimas y dolor en todas las latitudes. Esa sombra alargada me tomó desprevenido y llegó a romper la paz y arrinconarme durante las fiestas de Navidad y fin de año.               

Más que aislarme en una esquina de la casa el virus trató de convertirme en un amargado que insiste en culpar de su mal a quienes lo contagiaron y, probablemente, nada les habrá importado las angustias mías.   

Enojado conmigo mismo me sentía como un cobarde dando vueltas en la misma baldosa. La frustración y la rabia solo perjudican al que lo padece. Es un derroche de energía que te pone insoportable, te roba tiempo y no resuelve nada.

Un simple virus, que te somete por unos días, no puede dañar tu vida. Y, quizá, pueda llevarte a un encuentro contigo mismo. Por eso lo acepté  y empecé a desenredar lo que dejé de hacer, lo que hice mal o a medias durante el año que se ha ido; a limpiar las manchas grises de las cosas que convertí en hechos oscuros que me abochornaban.

¡Cuánto cuesta aceptar la realidad, controlar las emociones, dar la cara a las adversidades, creer en tus capacidades…!     

Y resulta más difícil todavía patear los episodios estresantes que te amargan la vida, enterrar los lamentos, quemar disgustos y resentimientos, enfrentar los retos, confiar en ti mismo y en los otros, estrechar la fe y el optimismo. ¿Ser ave fénix, planta nueva?    

Acogeré las admonisiones de Mario Benedetti, aceptaré mis penumbras y abrazaré la vida, sin rendirme: “…No cedas. Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se acalle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tu seno.”                                                                                

Gracias Covid, antes de putearte he decidido renacer.

Fútbol ¿pasión, negocio o histeria colectiva?                          

Se han apagado los gritos que alborotaron al planeta durante 4 semanas. Los ecos de la Copa del Mundo que paralizó a las multitudes se desvanecen. Se acalla el  frenesí que desbordó los estadios y se tomó las pantallas de Tv. Catar queda atrás, el mundo vuelve al ritmo habitual.  

¿Por qué la carrera de 22 locos persiguiendo una pelota dentro de un cuadrilátero enciende tantas pasiones? Quizá no hay otra actividad humana como el fútbol capaz de llevar a la gente de manera tan abrupta de la alegría y la euforia a la desesperación.     

El balompié tiene insólitas formas de paralizar a las multitudes hechizándoles y apartándoles de los problemas reales antes y después de cada partido. Las masas son arrastradas por los sentimientos y la fantasía; los goles arrancan, por igual,  lágrimas y maldiciones; los jugadores se convierten en dioses idolatrados de manera irrazonable: hoy son héroes, mañana villanos.                                    

Contradictorio, manipulador, tiránico, corruptor, beatificador el fútbol nunca dejará de sorprender. En países como Argentina y Brasil el fútbol es una religión y los futbolistas son personajes elevados a la categoría de héroes épicos. La  frase que soltó alguna vez el “rey” Pelé es un axioma que retrata plenamente a la mayor potencia futbolera del mundo, y al nuevo campeón de la Copa también: “Brasil come, duerme y bebe fútbol. ¡Vive el fútbol!”.  

Ricos, pobres, ignorantes, intelectuales se han rendido ante el monarca de los deportes. El nobel de literatura Gabriel García Márquez, en su niñez jugaba con pelotas de trapo, soñaba con el balompié y llegó a ideologizar el fútbol: “Creo que uno puede escribir Cien años de soledad, un cuento de marineros, o describir un partido de fútbol y siempre habrá un contenido ideológico”. Para el reconocido humorista argentino Roberto Fontanarrosa el fútbol ha sido una las prioridades de su vida: “No me vengan con el cumpleaños de mamá. Yo me voy a la cancha. Eso es innegociable”.  El controvertido político y magnate italiano Silvio Berlusconi profirió una frase para los cínicos: “El fútbol es un poco como las mujeres: son irracionales, por eso nos gustan tanto».

Pero hay excepciones. La historia del fútbol registra los nombres de destacadas figuras que jugaban por necesidad o fines de lucro y no disfrutaban de su oficio. Gabriel Batistuta, el goleador histórico de la selección de Argentina, afirmaba a un periodista europeo: “A mí el fútbol no me gusta, solo es mi trabajo”. El ex delantero de la selección de Italia y astro de grandes equipos de ese país, de Inglaterra, España Suiza y Francia, Mario Balotelli, escandalizó al mundo futbolero cuando confesó que no le gusta celebrar sus goles porque “son parte de un trabajo cualquiera solo que muy bien remunerado”.                                              

La Copa del Mundo ha dejado en las vitrinas la danza de los miles de millones de dólares (más de 200.000 millones) que invirtieron los organizadores del país anfitrión, los cientos de millones que ganan algunas de las grandes estrellas del fútbol. Y las grandes limitaciones económicas de las mayorías que sobreviven con 300 dólares por mes y por encima de sus penurias han inflamado durante 28 días la fiesta del Mundial, desde sus pantallas, festejando los triunfos o llorando las derrotas de sus equipos.                       

Engarzados en los petro dólares del pequeño y controvertido país del Golfo Pérsico han quedado los gritos, las lágrimas, la euforia y los sueños. Algunos fanáticos adictos al fútbol ya cuentan los días para la próxima cita mundial. El fútbol, el más popular y controvertido deporte del mundo, es eso: pasión, fanatismo, negocio e histeria colectiva.   

Ogu en la nostalgia.                      

Te fuiste hace un año, en diciembre, el día 17.     

No te visitaré en la tumba del jardín. No revisaré tus fotos para recordarte. No iré a buscarte en el cielo cuando yo muera.                                                                     

¿Para qué? Si te asomas todos los días en las plantas que brotan de tu descompuesto corazón; si tu sonrisa está pegada en mi retina; si me saludas cada mañana en la tasa del café.         

No extraño tu presencia porque tus travesuras caminan por la casa y tus lengüetazos siguen limpiándome la piel del alma cuando la ansiedad vuelve.

No te extraño porque renaces cada día en los perros vagabundos, en los perros maltratados, en los perros hambrientos. Y en el cachorro que se quedó sin su protector el día que te fuiste, y que ahora replica tus locuras, aunque no tu ternura.        

No te extraño.Pero te extraño cuando los niños y los pájaros del parque me preguntan por ti, y las viejas del barrio que van a la misa del domingo me dicen que no han podido olvidarte

No te extraño. Pero te extraño cuando el espacio que llenabas, ese que se quedó en las manos y en el alma, me lastima.               

No te extraño. Me gusta la dulce tristeza de pesar en ti; me gusta la melancolía que me traen tus ladridos mansos cuando invaden mis insomnios.                 

No te extraño eterno amigo. No te extraño porque tu muerte ha sido la manera de quedarte en mi vida para siempre.     

Hay amores que nunca se extinguen, que no ocupan espacio y viven fuera del tiempo.

Ecuador entre el deporte y el crimen.                                              

Catar quedó atrás y la Fiestas de Quito, también. Hace una semana se quebró el sueño de los jóvenes combatientes que viajaron al otro lado del mundo para buscar la gloria, pero ellos han prometido que no se detendrán. Las fiestas han frenado por unas horas la violencia pero la conspiración de los delincuentes políticos no se detiene.

De la experiencia mundialista los jugadores han extraído la fortaleza para enfrentar los vientos huracanados y la esperanza de cambiar lo destructivo por lo positivo. La capacidad de soñar y de combatir para cambiar está intacta. Los deportistas saben que las enseñanzas quedan, los errores ayudan a cambiar y quieren beneficiarse del magisterio de Catar.   

No es la suerte lo que le llevó a la selección a esta Copa del Mundo. El haber clasificado en tercer lugar junto a 2 grandes campeones del mundo, el haber sorprendido a Catar ganando el encuentro inaugural y el haber logrado empatar a uno de los equipos emblemáticos del fútbol de Europa no puede ser casualidad.   

El esfuerzo de la Ti no se debe extinguir. Los 18 millones de ecuatorianos no pueden seguir indolentes ante las convulsiones que perturban a la nación: Basta de jueces corruptos que permiten a los delincuentes políticos burlarse de la ley y salir orondos de la cárcel, sin devolver lo que han robado; y disponen que los narco criminales dejen la prisión para seguir asesinando.         

Basta de contemplar que gavillas de improvisados y corruptos enturbien la política y avergüencen al primer poder del Estado. Basta de tolerar que el crimen organizado siga asaltando cárceles y hospitales para destruir y matar. Basta de soportar que el terrorismo y el chantaje mantengan de rodillas a la nación.

No todo está perdido. El 2021 nos regaló 2 medallas olímpicas de oro y 1 de plata; el 2022 no nos deja medallas, nos lega el ejemplo de los deportistas que nos representaron con dignidad en la Copa del Mundo. Es el tiempo para renovar la esperanza y la fe en los jóvenes que no se han contaminado por la corrupción.     

El país del absurdo debe morir el 31 de diciembre y renacer en la consulta de febrero. Esto no debe repetirse nunca más: los héroes caídos pidiendo perdón mientras los malhechores prostituyen a la justicia,  arremeten contra la democracia y avasallan a la paz.

 

 

Quito: sol grande y noches estrelladas.                                        

La capital del Ecuador no se fundó el 6 de diciembre sino cien días antes. La ciudad se instituyó 40 leguas (200  kilómetros) al sur del lugar donde está asentada ahora; y no lo fundó Sebastián de Benalcázar, el fundador fue Diego de Almagro.   

La ciudad de San Francisco de Quito, reconocida como la capital más antigua de Sudamérica, es una ciudad milenaria que se habría establecido en el año 1030 a. C. Escondida en la leyenda aparece la figura de su fundador, el héroe aborigen Quitumbe,  que después de establecer la ciudad de Túmbez,  en el Perú, crea otra ciudad al norte que sería llamada Quitumbe, en su honor. Sus primeros habitantes eran los Quitus, que más tarde se fusionaron con los Caras.

Según el historiador Ricardo Descalzi la ciudad española fue fundada por Diego de Almagro en la llanura de Riobamba, cerca de la laguna de Colta, con el nombre de San Francisco de Quito, el 28 de agosto de 1534. Cumpliendo órdenes de Almagro Sebastián de Benalcázar se desplazó hacia el norte en busca de la ciudad de los Quitus para tomar posesión física de la villa que se acababa de fundar.

La travesía fue larga y complicada, tuvo que enfrentar a las tropas de Rumiñahui que estuvieron a punto de derrotarlo. Benalcázar y sus soldados llegaron a Turubamba el 4 de diciembre y después de descansar un día, arribaron a Quito el día 6 de diciembre. Ellos encontraron una ciudad incendiada, con restos humeantes. Rumiñahui había ordenado incendiar a Quito, esconder los tesoros de Atahualpa y sacrificar a las vírgenes del sol para responder a la codicia de los conquistadores.                               

El mismo día 6 el escribano público Gonzalo Díaz de Pineda invitó a inscribirse a todos los españoles que quisiesen asentarse por vecinos en la villa. Con 204 personas que se habían empadronado, entre los que se encontraban dos negros, procedió a instalar el primer Cabildo de la ciudad. La primera tarea que debieron acometer los nuevos vecinos, para levantar sus viviendas, fue la reconstrucción de la destruida capital de los Shirys.  

“Carita de Dios”, “Luz de América”, “Balcón de los Andes”. La ciudad legendaria  de los quitus, la  que soñaron los incas, la villa española que fundó Almagro y Benalcázar entregó a los primeros habitantes para que empezaran a construir el mestizaje es hoy una de las urbes más bellas de América.  

Desde hace 60 años el 6 de diciembre los vecinos de la urbe celebran las Fiestas de Quito para festejar su fundación española. La transgresión, no importa. Quiteños, chagras (gente proveniente de otras ciudades) y extranjeros, todos se unen para homenajear con versos, cánticos, bailes y entusiasmo que desborda a la linda ciudad que aman: 

Mi Quito tiene un sol grande / y las noches estrelladas; / la luna por el Oriente  / alumbra en las madrugadas.                                            

Serenata quiteña, dúo Benítez-Valencia, años 60s.

«La Tuna quiteña», canción tradicional para festejar a Quito.